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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El perdón es restauración de la verdadera comunión con Dios y para estar en este estado de gracia he de disponerme a romper toda cadena que me ata al resentimiento y al odio.
Homilía k032014a, predicada en 20210309, con 6 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Perdonar es quitar un estorbo, una carga, una cadena de tu vida. Perdonar libera. Es el mensaje maravilloso que nos trae el Evangelio de hoy. Para entender lo que es el perdón, hay que entender primero lo que se destruye en el corazón cuando no hay perdón. Y aquí hay dos realidades que tenemos que examinar brevemente.
Primero, darnos cuenta de lo que es estar bien con una persona, con un amigo, con tu esposa, con tus hijos. Ese estar bien es estar en una relación de confianza, de transparencia, de alegría por la existencia del otro, de compartir a ese, estar bien, la Biblia le tiene un nombre, eso se llama koinonía. Se llama comunión. Estar en comunión es sentir que no tengo que defenderme de la otra persona, que no tengo que protegerme de la otra persona. Es sentir que esa otra persona no es mi adversario, no es mi enemigo, no supone un peligro para mí, le puedo compartir eso que llevo en el corazón. Es posible que muchos de ustedes, y también yo. Es posible que hayamos experimentado esa clase de relación con una persona. Eso se llama estar en comunión con esa persona. Cuando nosotros estamos así, en esa amistad, alegría, confianza, transparencia, comunicación fluida con Dios. Eso es lo que se llama estar en gracia de Dios. Por supuesto, yo no podré estar en gracia de Dios si estoy contradiciendo aquello que Dios por mi propio bien, me ha dicho que debo hacer o me ha prohibido que yo haga. Si yo estoy haciendo lo que Él por mi propio bien me ha prohibido, o si yo estoy dejando de hacer lo que Él por mi bien me ha mandado, yo estoy poniendo una barrera.
Ahí entra el concepto de la barrera que le ponemos a Dios, esa barrera, esa distancia. Ese es el pecado. Yo he preferido mi manera de pensar, he preferido mi estilo, mis opciones, mis prioridades. He puesto eso en primer lugar y a Dios lo quité del primer lugar. Quité del primer lugar al que más me ama. Quité del primer lugar al que más me conoce, Quité del primer lugar al que me había dado la recomendación más sabia, más prudente, más amorosa. Porque yo quise seguir lo que a mí se me dio la gana. Ese es el pecado. Eso es romper la comunión con Dios. Entonces, el perdón ¿qué es? el perdón es el camino por el que se recupera esa comunión con Dios que se había perdido, esa dulce sensación de paz, de amor, de unidad, de alegría, de comunicación fluida. Eso es lo que he perdido.
Por supuesto, perder esa comunión y comunicación con Dios es la desgracia mayor, que puede ser más seria o menos seria, pero es una desgracia siempre comparado con eso, es triste. Por supuesto que algo parecido nos acontezca con otras personas humanas. Es triste. Es triste que eso suceda con otros seres humanos, porque cuando eso pasa con otros seres humanos, entonces se daña la comunicación, la comunión con ese ser humano. Era mi amigo, pero descubrí que trató de estafarme. Era mi amiga, pero se puso a revelar una cantidad de cosas que no tenía que decir y dañó mi nombre. Entonces ahí quedan heridas, ahí quedan rupturas, ahí quedan fracturas. Pero tú te das cuenta que hay una profunda relación entre la comunión que tenemos con el prójimo y la comunión que tenemos con Dios.
Y por eso las palabras de Cristo si de verdad quieres recuperar esa unidad, esa gracia divina, esa relación de paz y de amor con Él. Tú no puedes tener una barrera con el prójimo. Lo mínimo que se espera de ti es que tú sueltes, que tú sueltes a esa persona porque la tienes encadenada a un odio. Suéltala. Eso no significa que nos volvamos tontos. Significa simplemente que no queremos tener ningún obstáculo para reconstruir la relación con esa persona. Así como no queremos tener ningún obstáculo para reconstruir nuestra relación con Dios.
El perdón es restauración de la verdadera comunión. Y si quiero tener esa verdadera comunión, ese estado de gracia con Dios, he de estar dispuesto a arrojar toda cadena, toda carga que me ata al resentimiento, que me ata al odio. Porque perdonar es liberar y es liberarse.

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