Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La raíz de nuestra dificultad para perdonar está en que llevamos "cuentas" y el único modo de superar ese mal hábito sucede cuando somos inundados por el amor y el poder de Dios.

Homilía k032011a, predicada en 20190326, con 4 min. y 47 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número dieciocho de San Mateo. El tema lo captamos inmediatamente. Se trata del perdón. Si vamos a ser más precisos, se trata de la relación entre el perdón que Dios nos ofrece y el perdón que nosotros hemos de dar a nuestros hermanos. Pero el tema es el perdón y también está muy claro en el Evangelio que así como Dios nos ha perdonado y nos ha perdonado con tanta abundancia, así también nosotros estamos llamados a perdonar a nuestros hermanos.

Pero ¿dónde empezó toda esta historia? eso es lo que yo quisiera destacar hoy. Toda esta historia empezó en una pregunta que hace el apóstol Pedro ¿cuántas veces tengo que perdonar? hasta siete veces. A veces juego yo con la idea de que ya Pedro le había perdonado varias a algunos de sus compañeros y ya llevaba cuentas, ya le he perdonado cuatro, ya le he perdonado cinco, ya le he perdonado seis, le queda solo otra más, ya no le perdono más. Esa es la palabra que quiero destacar. Pedro estaba llevando cuentas y es ahí donde empieza el problema. El problema empieza en que cuando nosotros llevamos cuentas, siempre hay un momento en el que se alcanza el tope. Siempre hay un momento en el que nos consideramos con el derecho de hundir, proscribir, condenar a la otra persona, ¿dónde está el tema? llevar cuentas.

Recordemos lo que dice la primera carta a los Corintios en el capítulo trece, refiriéndose al don del amor que Dios nos da. Dice el apóstol San Pablo en ese texto, el amor no lleva cuentas. Es decir, que si nosotros hemos recibido la gracia del Espíritu Santo, si nosotros hemos conocido el amor de Dios, entonces las cuentas desaparecen. Y si desaparecen las cuentas, nuestra capacidad de perdón, nuestra capacidad de entender la miseria humana, nuestra capacidad de ponernos en el lugar del que cae y vuelve a caer y sigue cayendo. Nuestra capacidad también aumenta. Ese es el gran sentido. Así que, ¿cómo es esto de las cuentas, cómo podemos hacer para dejar de llevar esas cuentas?.

Creo que la expresión que más me resulta comprensible a mí por lo menos es la de una inundación. Sabes lo que sucede cuando hay uno de estos aparatos que utilizan los meteorólogos. Ellos están midiendo, por ejemplo, la cantidad de agua que cae. Imagínate que en la casa de uno de estos científicos tiene un aparato para medir cuánta agua cae. Ellos miden el agua en centímetros por día, o por mes o por año. Vamos a suponer que son centímetros. Podría ser alguna otra unidad de medida. Y él está llevando cuentas de que, por ejemplo, esta semana han caído cinco centímetros. La otra semana cayeron siete centímetros. Él ahí está llevando cuentas. Pero qué pasaría si en una temporada terrible de lluvias se desborda el río, inunda completamente las calles, el agua entra a la casa de este científico, el agua sube y a duras penas, subiéndose al techo de su propia casa, logra conservar la vida. Las medidas que él estaba llevando ya no le sirven. Que si fueron tres punto cinco o cuatro punto ocho centímetros ya no tiene sentido porque el agua subió demasiado, es una inundación y este parece que es el secreto del verdadero perdón.

El corazón que se siente inundado, el corazón que se siente rebasado de amor. El corazón que se siente poseído por esa fuerza de amor, ese corazón, ese corazón es el que puede dejar de llevar cuentas. Y cuando dejamos de llevar cuentas, ya sabemos lo que sucede. Somos capaces de perdonar incluso lo que parecía imposible.

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