Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Despojado de sus certezas, el pueblo aprende en dónde está su verdad, y así descubre el propio corazón.

Homilía k032005a, predicada en 20130305, con 4 min. y 32 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El libro del profeta Daniel tiene una riqueza narrativa y descriptiva que se le puede calificar con admiración como una caja de sorpresas. Si ese libro te resulta poco conocido, aprovecha este tiempo de Cuaresma que es tiempo para renovar nuestro amor a la Escritura y acércate al libro de Daniel. Hoy, por ejemplo, tenemos en el Capítulo Tercero una hermosísima oración de arrepentimiento. Pero lo que más me atrae de esta oración es cómo las circunstancias exteriores llevan a una profundidad interior.

Esta oración en el libro de Daniel se sitúa durante el tiempo más duro. El tiempo más espantoso que conoció el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Estamos hablando del destierro a Babilonia, aquel fue el tiempo del exilio, el tiempo de la gran humillación, de la espantosa crueldad. Podemos decir que los israelitas se sentían arrojados de la presencia de Dios, abandonados de su Señor y en manos de sus enemigos. Pero todas esas circunstancias exteriores tienen como una compensación, porque a medida que Dios permite que el pueblo sea despojado de sus bienes, de sus certezas, de sus alegrías, a medida que el pueblo está siendo como desnudado y humillado, se ve obligado a buscar adentro, se ve obligado a buscar en su corazón qué es lo que todavía permanece.

Podemos decir que cuando las circunstancias exteriores fallan, es más natural y en cierto sentido, más fácil buscar dónde está la riqueza interior. Yo me atrevo a decir que el pueblo de Dios descubrió su corazón, su propio corazón, como nunca en el tiempo del destierro, ahí cuando todo parecía completamente adverso. En ese despojo, en esa desnudez, en ese desposeimiento total, el pueblo descubre en dónde está el verdadero culto, en qué consiste la verdadera fe y cuáles son los verdaderos sacrificios.

Porque es que durante muchos siglos ellos habían estado ofreciendo sacrificios. Sacrificios en el templo fundamentalmente. Pero para ofrecer un sacrificio en el templo las cosas son muy sencillas. Se necesita escoger un animalito, un cordero o cabrito, y ese cordero o cabrito supone una pérdida económica mínima. Se lleva al templo y quedó pagado lo de Dios, como quien paga un impuesto, como quien hace un contrato. Ya le di a Dios lo que Dios quiere y ya Dios tiene que darme lo que yo quiero como una especie de contrato. Ese contrato se acaba cuando el pueblo se encuentra en tal circunstancia que no tiene manera de ofrecer esos sacrificios, ni siquiera tiene templo. Entonces cuando no tienen templo, descubren que Dios habita en la asamblea, que se reúne en oración y cuando no tienen sacrificio, descubren que su corazón contrito y humillado es el verdadero sacrificio.

Es ahí donde la religión se vuelve verdadera. Es ahí donde el corazón se purifica. Es ahí donde Dios tiene su más plena y perfecta victoria. Este llamado que nos hace el profeta Daniel tiene una enorme importancia en la Cuaresma. La Cuaresma es el tiempo para, ese ir hacia adentro. Nos lo decía Jesús hace unos días. Cómo es el tiempo de entrar en el corazón, es el tiempo de buscar la sinceridad, es el tiempo de buscar la verdad ante Dios. Que esa sea nuestra Cuaresma y que sea agradable en la presencia del Señor.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM