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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El perdón, como otras bendiciones de Dios, sólo puede abundar en nosotros si lo pasamos a otros.
Homilía k032004a, predicada en 20120313, con 4 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Cuando en Cuaresma se habla de perdón, creo que lo primero que viene a nuestra mente es el sacramento de la confesión, porque la Iglesia precisamente nos invita a acercarnos al perdón de Dios a través de la confesión, y eso por lo menos una vez al año. Ojalá por la Cuaresma. Está muy bien que sea así, está muy bien que practiquemos ese sacramento y que vivamos y tengamos la experiencia de la misericordia divina. Pero no debemos olvidar que el perdón es algo que recibimos, pero también es algo que hemos de entregar. La comparación que suelo utilizar es la de un tubo. El tubo no puede recibir más agua, por ejemplo, si no entrega el agua que tiene. Si un tubo se tapa, entonces ya no puede recibir más. Dios tiene muchas bendiciones para nuestra vida, tiene grandes misericordias, tiene gracias abundantes para darnos, pero todas ellas son como torrentes de agua viva que solo encontrarán lugar en nosotros si abrimos paso para que también lleguen a otros hermanos. Una vez dijo San Pablo, que nosotros consolamos y damos ánimo a los demás con el mismo consuelo y con el mismo ánimo que Dios nos da a nosotros. Es decir, esa capacidad para animar a otros, según San Pablo, la recibimos del mismo Dios que nos da fuerzas, que nos da ánimo a nosotros. Pues esto vale no solamente para el consuelo o el ánimo. Esto vale también para la bendición. Nosotros bendecimos a los hermanos, con la misma bendición que nosotros hemos recibido y nosotros perdonamos a los hermanos, con el mismo perdón que esperamos recibir de Dios. La Primera Lectura de hoy es una súplica de perdón, es una petición de misericordia, está tomada del Capítulo Tercero del profeta Daniel. El Evangelio de hoy, en cambio, del Capítulo Dieciocho de San Mateo, nos invita a hacer partícipes a los hermanos del mismo perdón que nosotros recibimos. Y lo que Cristo nos dice es la fuente de esto mismo que he tratado de compartir. Perdonando a los demás, abrimos las llaves del perdón para nosotros mismos. Es muy importante reconocer que sólo con el perdón de Dios pueden subsistir nuestras sociedades humanas. Los seres humanos somos realmente prontos y con gran facilidad podemos lastimar los sentimientos, las preferencias, los gustos o incluso los corazones de otros. Pero en cambio, cuando se trata de reparar, es mucho más largo el camino y es mucho más difícil conseguirlo. Pues bien, el Señor nos está invitando a experimentar la abundancia del perdón para también nosotros descubrir que podemos ser abundantes en nuestro modo de amar a los demás. Y es esa abundancia de misericordia, es esa capacidad de aceptación la que puede hacernos realmente semejantes a Dios. Mira esto yo no puedo parecerme a Dios, en la omnipotencia Él ha creado galaxias, yo no puedo hacer eso. Yo no puedo parecerme a Dios en su infinito conocimiento. Él lo sabe todo, lo mío es tan limitado. Pero hay algo en lo que sí puedo empezar a asemejarme a Dios. Cada acto de misericordia, cada acto de perdón, nos pone en la óptica y en la esfera del Dios que es grande, pero que por nosotros se hizo humilde, pequeño y pobre. A él la gloria y alabanza. Y que este tiempo de Cuaresma sea tiempo de reconciliación.

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