Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sin perdón no subsisten ni las parejas, ni las asociaciones ni los grupos humanos. Pero el perdón es también regalo, porque ante Dios somos finalmente indigentes. Y si la generosidad divina nos perdona, ella no quiere detenerse en nosotros sino seguir perdonando a los que nos rodean.

Homilía k032003a, predicada en 20110329, con 4 min. y 18 seg.

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Transcripción:

Y amigos, seguimos avanzando en nuestro camino cuaresmal. Nunca olvidemos que la Cuaresma es peregrinación. La Cuaresma es, camino y una de las estaciones más importantes en la Cuaresma es el perdón, perdón que recibimos porque lo necesitamos y perdón que damos. Tenemos el derecho de ser perdonados y tenemos también el deber de perdonar. Sé que es una manera un poco extraña de hablar del perdón, porque uno tiende a imaginar el perdón más como una cosa opcional. La realidad es que sin perdón no se puede vivir. Por ejemplo, una pareja que renuncie a perdonarse acabará disolviéndose. Si los papás no perdonarán las faltas de sus hijos, no podrían realmente acompañarlos en su proceso de educación y formación. Pero si los hijos no perdonan las fallas que ven en los papás, jamás reconocerán plenamente su autoridad.

Podemos decir que el perdón es una necesidad vital, una necesidad humana, pero es también un regalo que viene de Dios. Esto lo enfatiza el Capítulo Tercero del libro del profeta Daniel, es la Primera Lectura en la misa de hoy. Lo que encontramos en este Capítulo Tercero de Daniel es a un hombre piadoso llamado Azarías, y Azarías hace una oración suplicando el perdón de Dios. Lo más hermoso en el caso de esta oración es que Azarías es plenamente consciente que no puede apoyarse en nada suyo. Nosotros descubrimos el verdadero tamaño, la verdadera dimensión del perdón, cuando descubrimos precisamente que no somos dignos de ser perdonados. Es decir, el perdón no entra dentro de la lógica de una especie de transacción. Yo hago esto y tú me perdonas.

Azaría se da cuenta que no tiene nada realmente eficaz, nada realmente valioso para ponerlo delante de Dios. Y desde su propia limitación, desde su propia imposibilidad clama el perdón, pero entonces lo súplica como un regalo. Y este regalo del perdón se convierte entonces, como en el comienzo, en un nuevo comienzo. El comienzo en realidad de una nueva existencia. Observemos que si cada uno de nosotros ha recibido la existencia, la ha recibido como un regalo. Nosotros no hicimos nada para existir. Precisamente no existíamos y por eso no podíamos dar nada para empezar a existir. Así pues, si no tenemos cómo adquirir la existencia, sino que la recibimos como un regalo. Lo mismo sucede con el perdón. Y por eso el perdón es el comienzo de una nueva existencia. Si Dios es así, bondadoso con nosotros, esa bondad divina no quiere detenerse en nosotros. Ese torrente de misericordia y de gracia no quiere frenarse en ti una vez que te alcanza.

Por eso el Capítulo Dieciocho de San Mateo, por medio de una parábola supremamente elocuente, nos muestra cómo aquellas personas que son conscientes del perdón que Dios les ha dado, son también generosas y comprensivas a la hora de perdonar a sus hermanos. Cuaresma Tiempo de reconciliación, tiempo para reconocer nuestros fallos, tiempo para abrirnos al inmenso, al infinito amor de Dios y tiempo también para encontrar en el perdón y en la reconciliación una nueva vida, no solo para nosotros, sino para nuestras familias y para la sociedad entera.

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