Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Señor, quiero que brille tu misericordia.

Homilía k032001a, predicada en 20010320, con 21 min. y 58 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hermanos, el lenguaje que nos trae las lecturas de hoy, es el lenguaje del perdón. La primera lectura está en el libro de Daniel. Es una oración muy humilde, muy profunda, muy real, como decimos a veces muy aterrizada pidiéndole perdón a Dios. La segunda lectura es decir el texto del Evangelio se refiere al perdón entre nosotros. Y ahí se cuenta a través de una historia como, así como nosotros esperamos que Dios nos perdone. Así también Dios espera que nosotros perdonemos, teniendo en cuenta que lo que Dios nos perdona a nosotros es sin comparación mucho mayor que lo que Dios espera de nosotros perdonemos a nuestros hermanos. El mensaje entonces es, Dios te perdona, Dios espera que tú perdones.

Lo que Dios te perdona es muy grande, lo que Dios espera que tu perdones es pequeño. No sí lo miras comparado con tu rabia, con tu ira, con tu honor, si no, si lo miras comparado con aquello que Dios tiene para perdonarte a ti. Ese es el mensaje de hoy. ¿Por qué es que la iglesia nos presenta estas lecturas hoy? Porque la cuaresma es un tiempo de reconciliación. La cuaresma empezó con el miércoles de ceniza y en la segunda lectura del miércoles de ceniza, San Pablo ya nos estaba diciendo en nombre de Cristo os pedimos que os reconcilien con Dios. En la puerta misma de la cuaresma, en el comienzo mismo de la cuaresma. Ya estaba esa palabra, Te pido que te reconcilies con Dios, Dios quiere reconciliarse contigo. Por eso en la cuaresma hacemos más intensa nuestra oración.

Así como hacemos penitencia y ayunos, así como practicamos obras de misericordia, así como nos acercamos más a la palabra de Dios, así también en la cuaresma tenemos que avanzar en el camino de la reconciliación. Reconciliación con Dios y reconciliación con nuestros hermanos. Es uno de los objetivos de la cuaresma. Aparentemente reconciliarse con Dios es una cosa muy sencilla. Yo puedo que pelea puedo tener con Dios, pues que Dios es muy bueno y yo no soy tan bueno, punto. Pero la reconciliación con Dios no consiste en no pelear con Dios. Reconciliarse es mucho más, que no pelear. Reconciliarse es alcanzar un consiglio es volver a un consiglio. Volver a un encuentro que eso significa profundamente consiglio, un encuentro, un abrazo, una comunión con Dios. Volver a la plena amistad con Dios.

Me parece que nosotros tomamos la palabra reconciliación solamente como no pelear, es mucho más que eso. Reconciliarse es restaurar los puentes, reconstruir la amistad, abrazarnos no solo con nuestro pecho, con nuestros brazos, abrazar nuestros corazones, unir nuestras voluntades, sentir lo que Dios siente, entrar en el proyecto de Dios, del cual nos hemos apartado por el pecado. La reconciliación no es simplemente dejar de pelear, porque dejar de pelear puede ser la ocasión para preparar una pelea peor, dejar de golpearse puede ser simplemente la manera de preparar una nueva guerra. Dejar de matarse puede ser simplemente un modo de planear una nueva muerte. Reconciliarse es alcanzar la unión de corazón, la unión de amor, la unión de voluntad con aquel que nos hemos apartado.

Y para eso, precisamente para eso, nos ayuda a la primera lectura. Los pasos de la reconciliación están en esa primera lectura tomada del Libro de Daniel, ahí está en los pasos. Ahí está el camino hacia la reconciliación, entre saquemos algunos elementos para aprender a reconciliación porque si hay algo peligroso en la iglesia, es una persona que cree que es buena y no le debe nada a Dios. La persona que se cree buena y cree que no le debe nada a Dios, comienza a pensar que es Dios quien le debe a ella, y va a pensar que Dios tiene qué hacer esto no otro.

Vamos con los pasos de la reconciliación. ¿Qué dice Azarías? Dice, por el honor de tu nombre, no, nos desampares para siempre. Ojo, por el honor de tu nombre, Azarias estaba pensando en la Gloria de Dios. Él no agrega méritos propios, no se presenta como el bueno de la película, para decirle a Dios yo soy inocente tráteme bien. La primera condición de la reconciliación verdadera es el amor a la Gloria de Dios. Señor yo he obrado mal en mi vida, hay pecado, yo no merezco lo que te estoy pidiendo, pero quiero que brille tu misericordia, que aparezca lo bueno que tú eres. Eso es lo que significa la Gloria de Dios que aparezca lo bueno que Dios es. Yo, yo soy culpable señor, pero quiero que aparezca lo bueno que tú eres. Quiero que la gente se de cuenta del poder que tú tienes, de la misericordia que tú tienes, de la sabiduría que tu tienes.

Fíjate, humildad y amor a la Gloria de Dios. Humildad para reconocer lo hemos hecho mal, amor a la Gloria de Dios para reconocer todo lo que él ha hecho bien. Por el deseo de este bien sea conocido. Esa es la Gloria de Dios. Señor, quiero todo el mundo sepa, como eres de bueno, señor quiero que todos conozcan lo bueno que tú eres, porque me has hecho tantas cosas tan buenas, que ahora aunque he obrado mal, yo deseo que tu me perdones, porque con tu perdón vas a hacer una obra muy buena, vas a mostrar tanto amor, que vas a ser muy conocido y todo el mundo se va a dar cuenta de que tú eres Dios. No se le olvide ¿Que es la Gloria de Dios? La Gloria de Dios es que todo el mundo sepa lo bueno es Dios, que todo el mundo reconozca lo bueno es Dios.

Por eso Azarías empieza por amar la Gloria de Dios y por humillarse ahora somos los más pequeños. Otro elemento, Azarías le dice a Dios, no rompas tu alianza. Azarías no se apega en él mismo, Azarías se apoya en la fidelidad de Dios. Señor tú eres bueno, tu haces el bien, tu eres fiel, tu permanence, tu no te rajas como dicen en México, tu no te rompes, tú eres firme. Yo quiero apegarme en ti, porque tú eres firme, esa es la segunda etapa en la reconciliación. Primera etapa, amor a la Gloria de Dios, quiero todo el mundo se de cuenta de lo bueno que eres, unido a una gran humildad. Segundo paso, señor tu eres fiel, tú permaneces, tu no te rajas señor. Tu estas firme yo quiero apegarme en ti, quiero tener mi cuerpo en ti. No rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.

Y un tercer elemento, un último elemento que quiero destacar en esta ocasión. ¿Qué le dice Azarías a Dios hacia el final de este pasaje que hemos oído? Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde. Que este sea hoy nuestro sacrificio. Dios no quiere cosas, ni tu plata, ni los animales de tus ganados, Dios no quiere cosas, Dios no quiere tus cosas, Dios es el dueño de todo, tiene todas matas, todas las plantas, todos los campos, todos los ganados, Dios no quiere cosas. A Dios no se le compra con cosas, Dios no necesita nada, Dios no necesita cosas. ¿Qué es lo que Dios quiere? Lo que dice Azarias acepta nuestro corazón contrito ¿Contrito qué es? desmoronado, agrietado, roto. Acepta nuestro corazón contrito, y nuestro espíritu humilde. Que este sea hoy nuestro sacrificio. Eso es lo que Dios quiere.

A Dios no lo convencemos pagando, ni siquiera haciendo limosnas, a Dios no se le convence pagando misas o haciendo decir rezos. Esas cosas tienen sentido, si están unida a un corazón sincero, contrito, humilde, un corazón que está deshecho. En ese antiguo testamento ¿Como eran los sacrificios? Se toma un animalito, se degollaba, se le sacaba la sangre al animal y luego normalmente era quemado. El animalito quedaba convertido en cenizas, cuando eran un holocausto se quemaba todo el animal ante Dios, se destrozaba por el fuego ese animal ante Dios. Pero Dios hoy nos dice, ya no me destroces más animales, no me traigas más regalos, no me compres con limosnas. Lo que yo quiero es tu corazón, lo que tiene que deshacerse en el fuego no es un cordero, un cabrito, lo que tiene que deshacerse en el fuego, es tu corazón arrepentido, dolido porque no me has amado, porque me diste la espalda.

Es eso lo que se tiene que quemarse y tienes que sentir dolor, de eso sobre todo. Cuando sientas dolor de eso, cuando tu corazón se deshaga de dolor por eso, ese es el sacrificio que yo quiero recibir. Guárdate tus animales, guarda tu dinero que te va a hacer falta para otras cosas, no necesito eso, necesito tu corazón contrito, humillado, necesito tu corazón deshecho ante mi. El corazón orgulloso, el corazón altivo, es un corazón que antepone a Dios, como aquel fariseo. El de la parábola del fariseo y publicano. Aqui estoy yo señor, qué vida tan buena la mia, gracias señor porque yo no soy como ese desgraciado que está allá atrás. Ese señor, ese fariseo tenía el corazón entero y Dios no le gusto ese corazón de ese fariseo. El publicano estaba atrás, se golpeaba el pecho y le decía a Dios, ten piedad de mí porque yo soy un pobre pecador, se sentía deshecho, desmoronado, agrietado.

Señor mi vida está deshecha, mi vida esta vuelta nada señor, mi vida está desmoronada, mi vida esta agrietada señor, así te presento mi vida y pido misericordia señor, porque tu eres el único que puede hacer algo con estas ruinas de mi vida. Esta es la oración que le gusta a Dios. Lo demás todos los sacrificios que se traigan, todo el dinero que se pague ese puede ser no ser, eso puede ser o no ser. Lo que Dios quiere es un corazón así sincero, humilde, desmoronado. Te presento mis ruinas señor, te presento mi vida de exceso señor, quiero que tu me reconstruyas, esa es la oración que decir para reconciliarnos con Dios.

Y ese es el verdadero espíritu del sacramento de la confesión. En la confesión lo que hay que hacer es eso. Cuando vamos donde el sacerdote, vamos precisamente, a humillarnos, porque eso si es humillante decirle a otros lo malo quien es uno. Digamelo a mi que tantas y tantas y tantas veces he tenido que confesarme. Y yo conozco como son los sacerdotes, como somos, yo sé cómo somos y usted no sabe cómo es para mí ir donde otro sacerdote, a decirle mire soy un miserable y he pecado de esto, esto, esto eso si te humilla hermano. Pero yo sé que eso gusta Dios, porque eso destruye la cabeza de la serpiente que es la soberbia y cuando uno deja la soberbia y se humilla ante Dios, y cuando uno llega donde ese sacerdote, porque Dios quiso porque Dios le dio ese encargo y confiesa sus pecados así, la tierra abierta y está lista para recibir perdon y asi uno se reconcilia con Dios y el que tengas experiencia y el que viva esa experiencia entenderá lo que significa también preservar al hermano.

Sigamos nuestra celebración eucarística, lo que celebramos en el altar es el amor mas grande, el amor de la cruz, el amor de la muerte, el amor que llevo a Cristo en la Cruz, vamos a decirle al señor por el amor que te llevo hasta la muerte te suplico misericordia, Señor. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM