Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Por ambición, inercia o envidia, podemos perder las bendiciones que Dios quiere darnos a través de personas con grandes virtudes e ideas que no valoramos ni desarrollamos.

Homilía k031022a, predicada en 20260309, con 6 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Yo creo que una de las frases que casi todos nosotros o todos nosotros reconoceremos fácilmente es la que aparece en el Evangelio de hoy. Nadie es profeta en su tierra. Jesucristo no nació en Nazaret. El nació en Belén, pero Jesucristo creció en Nazaret y fue allí donde se crió. Fue allí donde lo conocieron de cerca. La gente lo llamaría el hijo del carpintero. El hijo del artesano es ese muchacho que conocemos, que está siempre ahí, que ayuda en muchas cosas. Y ahora ese hijo del carpintero resulta que predica en la sinagoga. Resulta que en Cafarnaún ha realizado unos milagros impresionantes. Resulta que tiene un poder muy grande sobre los demonios.

Entonces la gente queda muy extrañada. ¿Qué está pasando con él? Pero no es solo extrañeza, llega a ser rechazo. Rechazan a Jesucristo, rechazan al profeta. Y tenemos que preguntarnos ¿por qué se rechaza al profeta en su propia tierra?. Bueno, las razones son muchas. La verdad es que nos cuesta reconocer las virtudes de las personas que tenemos tan cerca. ¿Por qué? Porque esa persona que ha estado tan cerca como estuvo Jesús de sus compatriotas, de sus paisanos. La persona que estuvo tan cerca, comía lo mismo que yo comía, iba a la misma escuela o a la misma sinagoga. Seguramente compartimos juegos, compartimos tiempo. O sea, se supone que somos iguales. Y es ahí donde fácilmente aparece esa palabra tan horrorosa. Aparece la envidia.

¿Por qué si somos iguales, ahora Él es tan diferente? ¿Cómo así que es tan diferente? ¿Cómo así que puede lo que yo no puedo? ¿Por qué Él sí tiene esa elocuencia y yo no la tengo? ¿Por qué Él tiene ese poder sobre los demonios y yo no? ¿Por qué Él tiene esos milagros y yo no? Ahí es donde aparece la horrible envidia y la envidia de verdad que nos marca de una manera terrible. Así que una de las causas por las que he rechazado el Profeta en su propia tierra es porque, hay envidia. Tan sencillo como eso. Y Jesús claramente sufrió esa envidia.

Probablemente hay otro motivo, y es que todo profeta pues nos va a hablar de parte de Dios y nos va a recordar que hay cosas que tienen que cambiar en nuestra vida. Y lo cierto es que nosotros no queremos cambiar muchas cosas de nuestra vida. Lo cierto es que muchos de nosotros estamos muy contentos así como estamos y no queremos que cambien muchas cosas en nuestra vida. Entonces sucede lo que ya denunciaba en su momento el Papa Francisco. Sucede que se empieza a utilizar el argumento de que aquí siempre las cosas se han hecho así, como quien dice mira, en este pueblo siempre nos hemos reunido aquí en esta sinagoga. Ahora vienes tú a cambiar todo. Y ¿tú quién eres para cambiar todo? Aquí las cosas se han hecho así. Se han hecho bien.

Nos cuesta trabajo abrirnos a la novedad, aunque sea una novedad positiva. Porque hay algo que se llama la costumbre. Pero en realidad es peor que la costumbre. Es la inercia. Y la inercia es simplemente la fuerza de la repetición. Repito la frase típica aquí siempre se ha hecho así. Pero es que hay cosas que siempre se han hecho así y que se pueden hacer mucho mejor. Hay cosas que siempre se han hecho así y que se estaban haciendo mal.

Además, no se nos olvide que en todas partes, en todas las sociedades y en muchos lugares de la Iglesia, cuando se hacen las cosas siempre del mismo modo, resulta que siempre se excluye a los mismos. Y esa exclusión no la siente el que se siente incluido. Hace poco me comentaba un sacerdote lo que le sucedió a él cuando llegó a una nueva parroquia. Resulta que en esa nueva parroquia había un grupo de personas que ya poco a poco se consideraban como los dueños de la parroquia. Por supuesto que ellos no querían que las cosas cambiarán porque ellos estaban en el círculo del poder, porque ellos estaban bien acomodados.

Pero resulta que hay muchas personas que quedaban por fuera. Y eso es lo que uno no se da cuenta. Quiénes son los que estamos excluyendo, que seguramente pueden llevar una vida muy recta, una vida muy santa, una vida muy correcta y sin embargo nadie los toma en cuenta. ¿Por qué? Porque hay círculos de poder en algunos países como el mío. A eso se le suele llamar roscas. Es decir, hay unos círculos de poder que han estado siempre ahí y que no quieren que los quiten de ahí. Y por supuesto que no son conscientes de a qué personas está excluyendo, porque como ellos están adentro, como ellos están en el círculo, entonces ellos no quieren que los quiten de ahí. Esa es una cosa que sucede en todas partes.

Entonces, fíjate, por ambición del poder, por inercia o por envidia, es muy fácil que nos perdamos de los bienes y de las bendiciones que Dios quiere darnos. También a través de personas que estaban ahí, pero nunca las vimos. Tenían grandes virtudes, pero nunca contamos con ellas. Tenían grandes ideas, pero nunca se desarrollaron. Por esos tres males y seguramente otros más que he mencionado. Porque hay mucha envidia, porque hay mucha inercia y porque hay mucho egoísmo y mucha ambición.

Ya que estamos en Cuaresma, pues esta es la oportunidad magnífica para que nosotros salgamos de esas mentiras, para que nosotros salgamos de ese engaño y para que tengamos un auténtico, un auténtico camino de conversión. Dime cómo son las cosas. Como dicen los influencers, ponme en comentarios ¿qué sucede en tu parroquia, qué sucede en tu grupo de oración? Pero no lo escribas con rabia, no lo escribas con sarcasmo. Escribe para que las cosas mejoren. Escribe porque tu comunidad, lo mismo que la mía, tiene siempre mucho que aprender del Evangelio de Jesús. Amén.

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