Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No pretendas imponerle a Dios tus prioridades, maneras o gustos; busca la conversión y encuentra en la sencillez, la escucha y la obediencia cuál es tu camino.

Homilía k031021a, predicada en 20250324, con 6 min. y 44 seg.

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Transcripción:

La escena que se presenta en el Evangelio de hoy, tomada del capítulo cuarto de San Lucas, nos deja una tremenda pregunta ¿Cuál fue el motivo de toda esa rabia que tenían los paisanos de Cristo con Él?, es decir, la gente de Nazaret donde Él se había criado. Pues estaban tan furiosos que incluso querían acabar con la vida de Él. ¿Qué es eso? Por favor. ¿Qué fue aquello tan grave que Él dijo o que Él hizo como para que lo trataran de esa manera? La respuesta que encontramos no está.

Sin embargo, en los versículos que se leen en la Misa. Y bueno, yo entiendo que los que han dispuesto estas lecturas de la Misa tratan de que el pasaje tenga cierta coherencia, no sea demasiado extenso. Pero yo particularmente lamento que el versículo inmediatamente anterior a lo que se lee en la Misa es el que nos da la clave. Porque lo que se lee en la Misa empieza diciendo con que Cristo comenta, ningún profeta es bien recibido en su tierra y después sigue toda la explicación que da. Pero ¿qué era lo que estaba pasando? Ahí nos quedamos sin saber.

El versículo anterior nos da la explicación y yo se lo voy a contar aquí. Resulta que Cristo, cuando llegó a Nazaret, vino después de todo el servicio que había prestado, servicio de predicación y de grandes milagros y de grandes exorcismos. Todo lo que Él había hecho en Cafarnaún. Y fue muy grande la obra de Cristo en Cafarnaún, pero muy grande. Entonces los de Nazaret querían que Cristo hiciera en su pueblo. Que hiciera en Nazaret las mismas cosas o incluso cosas más grandes, cosas mejores que las que había hecho en Cafarnaún. No sé si me estoy explicando o estoy complicando las cosas. La idea es que Cristo en Cafarnaún hizo grandes milagros y cuando Él llega a Nazaret, pues de esos grandes milagros no se ve mucho.

Ahí es donde le dicen haz aquí lo mismo que hiciste en Cafarnaún y ahí entra, ahí empieza el disgusto de los paisanos de Cristo. Por qué a nosotros que somos tu pueblo, que somos tu gente, dónde están tus parientes. ¿Por qué a nosotros no nos das lo mismo que le diste a Cafarnaún? ¿Por qué no estamos nosotros de primeros en tus prioridades? Ahí se va entendiendo que era lo que estaba sucediendo. ¿Por qué no estamos de primeros? ¿Por qué no haces aquí las cosas maravillosas que se están contando en otro sitio? Ahí está el disgusto. Y ese disgusto, llegó al punto de que querían eliminarlo.

Me parece que esta explicación es necesaria porque el tipo de disgusto que tuvieron aquellos nazarenos es también un disgusto que nosotros podemos experimentar. Me explico, la gran objeción de ellos, el gran disgusto de ellos, era ¿por qué no haces aquí lo mismo que allá? ¿por qué no estamos nosotros en primer lugar? Esa era la rabia que ellos tenían. Y es verdad que Cristo predica y hace una magnífica homilía. Por supuesto, magnifica. Y explica cual es su misión. Todo eso está muy bello. Pero la pregunta de ellos es ¿por qué no estamos nosotros de primeros? Porque hay otros que están primero.

Y esa pregunta es una pregunta actual y muy viva, porque muchas veces nosotros queremos ese primer lugar. Toma solamente esa pregunta de aquellos nazarenos ¿por qué no estamos nosotros de primero en tu corazón? ¿por qué no somos tu prioridad? Y de fondo, lo que hay aquí es que las prioridades de Dios no necesariamente son las prioridades nuestras y aquellos a quienes Dios da el primer lugar no necesariamente son aquellos a los que nosotros quisiéramos dar el primer lugar o no es necesariamente el primer lugar para nosotros. O sea que todo esto nos conduce a una conclusión inesperada.

Necesitamos reajustar nuestras prioridades, reajustarlas en la escala de Dios, reajustarlas en la manera de Dios. Lo que Dios considera prioritario y la gente que para Dios va en primer lugar, no necesariamente es la misma gente que nosotros quisiéramos que fuera en primer lugar, o ese primer lugar no necesariamente es para nosotros.

¿Por qué Dios le da más inteligencia a unos que a otros? ¿Por qué Dios le da unos talentos más, a unos que otros? ¿Por qué hay personas que brillan tanto y otros tal vez no tanto? ¿Por qué hay gente que tiene tanto éxito y otros no? ¿Por qué parece que hay gente a la que Dios bendijo desde su infancia y con una familia maravillosa y a otros no? Esas preguntas finalmente tienen que ver con el tema de hoy, es decir, ¿Por qué Dios tiene otras prioridades que no son mis prioridades? ¿Por qué Dios tiene otros gustos que no son mis gustos? Nuevamente tenemos que repetir aquella frase. Tú déjale a Dios ser Dios, tú deja que Dios obre como Él sabe y quiere obrar. Esa la enseñanza fundamental en esto.

No le pretendas imponer a Dios tus prioridades, tu manera o tus gustos. Entonces serás más feliz, vivirás en paz y alcanzarás tu fruto propio, el tuyo. Deja de estarte comparando con otros y busca en la conversión, en la sencillez, en la escucha y en la obediencia. ¿Cuál es tu camino? Que Dios te bendiga.

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