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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Debemos valorar la fe que Dios nos ha dado y al mismo tiempo aprender a tener estima por esos valores que el Espíritu Santo da más allá de las fronteras de la Iglesia.
Homilía k031020a, predicada en 20240304, con 6 min. y 27 seg. 
Transcripción:
Una de las tentaciones más absurdas, pero también más frecuentes que tiene el corazón humano es creer que puede atrapar a Dios. Es decir, en el fondo, de lo que se trata es algo así como que en vez de estar yo al servicio de Dios, que Dios esté al servicio mío. Y por supuesto, cuando uno lo dice con estas palabras, eso suena totalmente absurdo. ¿Cómo es eso de atrapar a Dios? Y Dios es inconmensurable. Dios es infinito en todo sentido. Entonces, cómo vamos a decir que vamos a atrapar a Dios. Es absurdo decir que vamos a atrapar a Dios.
Pues mira, no es tan absurdo. No es tan absurdo. Por ejemplo, piensa lo que sucede cuando uno cree que el grupo al que uno pertenece, el movimiento al que uno pertenece, la comunidad a la que uno pertenece es la que sí vive el Evangelio. De tal manera que los que no pertenecen a mi comunidad, los que no pertenecen a mi grupo, los que no pertenecen a mi movimiento, eso realmente no conocen a Dios. Eso es algo como pretender que Dios está encerrado dentro de los límites de mi grupo, mi comunidad o mi movimiento. ¿Te das cuenta?
O sea que aunque es algo absurdo, es algo que sucede. Es algo que hacemos. Es algo que muchas veces tenemos que combatir porque como hierba mala vuelve a renacer en nuestro corazón. Se puede manifestar de muchas maneras, por ejemplo, con movimientos eclesiales.
Yo personalmente le debo muchísimo a la Renovación Carismática, pero muchísimo. Y sin embargo, yo recuerdo haber escuchado a algunas personas dentro de la Renovación Carismática usando este lenguaje. A ver, vengo de Misa. Y ¿qué tal te fue? Bueno, no es un sacerdote renovado, pero estuvo bien. Cuando empezamos a clasificar los sacerdotes entre sacerdotes renovados y no renovados, o entre sacerdotes que sostienen la tradición y los que no la sostienen, o por el contrario, sacerdotes progresistas y anticuados. La mayor parte de esas etiquetas que nos encanta poner son etiquetas para situarnos nosotros del lado bueno y creer que los demás están totalmente equivocados. No tienen nada que aportar y simplemente Dios tiene una gran paciencia con ellos, no más.
Entonces date cuenta que si queremos ponerle fronteras al Reino de Dios, si queremos ponerle fronteras a la acción de Dios, que es algo muy parecido a pretender que tenemos atrapado encerradito, tenemos encerradito a Dios dentro de nuestra comunidad, dentro de nuestro movimiento. Es algo que si pasa no me lo estoy inventando. Supongo que alguna persona me va a preguntar y ¿no pasa también eso con la Iglesia católica? Pues aquí hay dos extremos que hay que tener mucho cuidado y hay que distinguir a qué me refiero.
En un extremo está la postura de los que no ven nada bueno fuera de la Iglesia católica, nada bueno. Es decir, si son protestantes, todo lo que ellos hagan, todo es perverso. Son paganos, no hay nada que aprender de ellos. Son musulmanes sólo sirven para violencia. Ese es un extremo que pretende precisamente encerrar a Dios en los límites de la Iglesia Católica.
Pero el otro extremo, que también es perverso, es el extremo de los que piensan que da lo mismo cualquier cosa y a veces se consuelan con una frase que se han inventado. Y esa frase es al fin y al cabo, todos los caminos llevan hacia Dios. Los unos lo llaman Alá. Los otros lo llaman Krisna. Los otros lo llaman Dios. Lo llaman Cristo. Pero finalmente todo va lo mismo.
La auténtica postura católica no es ninguna de las dos cosas. La auténtica postura católica reconoce que hay elementos positivos, que muchas veces son enseñanza para nosotros. Sí, hay elementos positivos en otras creencias, en otros sistemas de pensamiento y muchas veces esos elementos positivos, pues son repito, cosas que debemos aprender. Pero eso no significa que todo dé lo mismo. No es lo mismo conocer a Cristo que no conocerlo. No es lo mismo conocer el Evangelio que no conocerlo. No es lo mismo conocer el valor del sacrificio redentor del Señor que no conocerlo. No es lo mismo decirle sí a Cristo que ignorarlo o incluso negarlo.
Entonces, la auténtica postura a la que estamos llamados es valorar lo que tenemos, sabiendo que ha sido un regalo que Dios nos ha dado, tener esa fe y al mismo tiempo aprender a tener estima por aquellos valores que el Espíritu Santo da más allá de las fronteras, más allá de las fronteras de la Iglesia y por consiguiente y mucho más, más allá de las fronteras del movimiento que yo conocí, más allá de las fronteras del grupo que fue tan importante en mi conversión, o que el apostolado que yo puedo realizar. Ahí parece que está la auténtica sabiduría y parece que es ahí donde tenemos que enfocar nuestras fuerzas. Así nos lo conceda el Señor. Amén.

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