Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Descubrimos cómo ser profetas allí donde Dios nos ha puesto al practicar las virtudes domésticas propias de la convivencia, la coherencia y la oración de intercesión.

Homilía k031016a, predicada en 20210308, con 6 min. y 56 seg.

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Transcripción:

La frase que aparece en el Evangelio de hoy es una de esas que le queda a uno grabada para siempre. Nadie es profeta en su tierra. Hagámonos, sin embargo, esta pregunta ¿Cuál es el propósito de Cristo al darnos esa frase? ¿Quiere Él que nos desanimemos y desesperemos de dar testimonio de nuestra condición cristiana en medio de la gente que tenemos más cerca?. ¿A qué se refiere Cristo cuando dice que no somos profetas en nuestra propia tierra? Para alguna persona, esa tierra, entre comillas, puede significar su propia familia o tal vez su propia parroquia.

Yo soy religioso. Tal vez en mi caso, yo lo podría aplicar con ser un verdadero testigo del Señor. Aquí en mi convento de Santo Domingo, en Bogotá, donde yo estoy viviendo. Para qué dice Cristo, nadie es profeta en su tierra. Será para que nos desanimemos. Como quien dice, para que yo, hablando del caso mío, para que yo dijera no vale la pena ni siquiera intentar convencer a estos frailes de nada. Yo más bien sigo mi camino o me dedico solo a lo de fuera. No parece que sea ese el propósito de las palabras del Señor. De hecho, Él dijo esas palabras cuando se dirigía a predicar en su propia tierra. O sea que Él, a pesar de los obstáculos, no renunció a ser profeta en su tierra. Por lo menos a ofrecer el don de su presencia y de su servicio también en Nazaret.

Entonces, cambiemos la pregunta. Ya sabemos que Cristo no nos habló así para desanimarnos. Cambiamos la pregunta y decimos esto a ver si así son las cosas. ¿Cómo puede uno servir a los de su propia tierra? Es decir, su propia familia, su propia comunidad, su propio grupo, su propia parroquia. Tal vez yo no alcance a ser profeta, pero ¿qué servicio puedo prestar? ¿cómo puedo ser testigo de mi Señor en el lugar donde me encuentro? Debe haber algo que se pueda hacer. Debe haber algo que se pueda aprender.

Cuando ya planteamos la pregunta de esta manera constructiva, entonces encontramos unas cuantas respuestas. Y esas respuestas creo que tienen que ver con tres líneas. La primera línea, y tal vez la más importante, se llama Virtudes domésticas, expresión preciosa que tomo de la predicación de San Pablo sexto, Virtudes domésticas. Segundo, otra palabra muy importante, coherencia. Y tercero, la fuerza de la intercesión. Creo que esas tres claves nos ayudan a descubrir cómo podemos, de alguna manera, ser profetas allí donde Dios nos ha puesto.

Llamaba San Pablo sexto Virtudes domésticas, a aquellas que son propias de la convivencia humana. Virtudes como el silencio, como el servicio, la capacidad de escucha, la estabilidad de ánimo. Podemos averiguar la salud de las Virtudes domésticas en nuestra vida haciéndonos esta pregunta ¿Qué tan fácil o difícil es vivir conmigo? Esa pregunta es la introducción a todo verdadero servicio de parte de Dios. Porque decir que yo estoy sirviendo de parte de Dios y ser una persona agria o negativa o soberbia no va a prestar ningún servicio.

La segunda línea importante es la coherencia. Recuerdas ese refrán que creo que muchos lo hemos oído. Luz de plata y oscuridad de casa. Si nosotros tenemos capacidad de amabilidad y tenemos capacidad de servicio afuera, que eso se note también adentro. Porque casos hay de personas que son de una manera cuando se trata de ser visita y son de otra manera cuando ya están con su gente. Atención a la coherencia.

Y en tercer lugar, no descuidemos la fuerza de la oración, el servicio que prestamos a Dios con la gente de fuera, con la gente que no nos conoce tanto, con la gente con la que estamos en visita. Muchas veces es un servicio que se muestra en cosas muy externas y muy activas, como por ejemplo lo que estoy haciendo ahora predicar. Pero yo no puedo pasarme la vida predicando y predicando a la gente con la que estoy alrededor. Tal vez la manera más importante de tocar esos corazones empieza por donde debe empezar todo auténtico apostolado, por una intensa y amorosa oración de intercesión. Que estas lecciones, que estas palabras nos ayuden a ser mejores testigos con la gente de fuera y también con los que tenemos más cerca. Amén.

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