Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús abrió la puerta de la gracia a todos los que no somos de raza judía, por eso lo que hubiera parecido un simple fracaso se convirtió en una gran oportunidad y en una inmensa bendición.

Homilía k031015a, predicada en 20200316, con 5 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Un buen título para esta breve reflexión sería fracasos y nuevas oportunidades. Cuando Cristo fue a su pueblo donde se había criado, fue a Nazaret. La gente no le creyó. No pudo realizar allí casi ningún milagro, porque no tenían fe. Solo curó a unos pocos imponiéndoles las manos en comparación con la abundancia de milagros que Cristo realizó en otras partes. Podemos decir que Él fracasó en Nazaret. Fracasó.

Pero lo más hermoso de este pasaje es cómo Cristo relaciona su fracaso con el fracaso de los Profetas. Hombres santos del Antiguo Testamento. Concretamente con un profeta llamado Elías y otro profeta llamado Eliseo. Elías fue muy atacado, muy, muy atacado, especialmente por el rey Ajab, que era un rey marioneta manejado por la esposa, una bruja fenicia, literalmente bruja fenicia llamada Jezabel. Jezabel detestaba a todo lo que tuviera aspecto de Yahvé o tuviera que ver con Yahvé, el Dios de la Alianza. Y Jezabel, que dominaba completamente a su esposo Ajab, le hizo verdaderamente la guerra a Elías. Y Elías sufrió muchísimo. Ese también fue un fracaso. Eliseo fue el sucesor de Elías y en cierto sentido tuvo que llevar también la vida de un exiliado. Fue rechazado.

En esos dos ejemplos del Antiguo Testamento, Jesús ve cómo el amor de Dios se abre camino de una forma inesperada, llegando a personas que tal vez nunca hubieran tenido esa oportunidad. Así, por ejemplo, en la región de Sarepta. Elías hace un milagro portentoso que salva la vida de una mujer viuda y de su hijo único que hubieran muerto de no aparecer el profeta. Y Eliseo, cura de la lepra a un extranjero, a un hombre llamado Naamán, que era jefe del ejército sirio, un extranjero no pertenecía al pueblo de Dios.

Fíjate cuál es el sentido de esto, que lo que había sido un fracaso, es decir, una puerta que se cierra, se convirtió en una oportunidad, en una nueva oportunidad, una puerta que se abre. Y esta parece ser una especie de ley del obrar de Dios, que Él cierra algunas puertas y abre otras. El error lo comete uno cuando se queda viendo y viendo y viendo la puerta que se cerró y no mira la nueva puerta que se abrió. Hay puertas que se cierran, hay puertas que se abren y Dios parece tener la costumbre, a veces casi con un sentido del humor. Parece tener la costumbre de guiarnos a través de puertas que se cierran y puertas que se abren. Y por eso el mismo Jesús dice que ustedes me están rechazando y ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. Ese mismo Jesús, ese, ese Jesús es el que va a abrir la puerta de la gracia a todos nosotros, los que no somos de raza judía. La manera como se da esa puerta que se abre es bastante, bastante hermosa y misteriosa, pero no deja la menor duda.

Por ejemplo, tanto al final del Evangelio de Mateo como al final del Evangelio de Marcos, tenemos esa gran comisión que Jesús da a sus apóstoles enviándolos a todas las naciones, incluso a toda la creación. Y por eso lo que hubiera parecido un simple fracaso se convirtió en una gran oportunidad y en una inmensa bendición. Y ¿sabes quiénes estamos disfrutando de esa bendición? Tú y yo. Todos nosotros, los que no venimos de raza judía, disfrutamos de una bendición que llegó de lo que parecía un terrible fracaso.

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