Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los planes, la creatividad, la misericordia y la bondad de Dios van más lejos de lo que pensamos y deseamos; dejemos pues que Él ensanche nuestro horizonte con su sabiduría.

Homilía k031013a, predicada en 20160229, con 5 min. y 49 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo cuarto de San Lucas. Quizás recordamos que Cristo, según la versión de San Lucas, estuvo predicando en la sinagoga de su propio pueblo, donde se había criado, es decir, Nazaret. Y aunque es verdad que la gente recibió al principio de buena manera la enseñanza de Cristo, después les entró una gran desconfianza. Este es aquel que hemos visto crecer a nuestro lado. Tenemos cerca de nosotros, tenemos entre nosotros a sus parientes y ahora este tipo predicando con gran elocuencia y sabiduría y realizando una gran cantidad de milagros. De manera que a los paisanos de Cristo les fue entrando un gran escepticismo. Y es ahí donde el Señor dice su famosa frase Ningún profeta es bien recibido en su tierra. Rechazo hacia los profetas.

Pero también con ocasión de esto, Cristo recuerda algunos ejemplos del Antiguo Testamento en el que se da una verdad muy profunda que nos afecta también a nosotros. Cristo recuerda el caso del profeta Eliseo. Eliseo fue el que curó a un famoso general llamado Naamán. Naamán era sirio y los sirios o los asirios fueron los que eventualmente invadieron al Reino del norte, al Reino de Israel. Es decir, de ninguna manera se puede hablar de un pueblo amigo o aliado. Y sin embargo, Eliseo realizó una maravillosa curación de la lepra. En este general sirio, Naamán.

Y también nos recuerda Cristo el caso del profeta Elías, que hizo un milagro precioso en la casa de una viuda en la región de Sarepta, fuera de los límites geográficos del pueblo de Dios. Y yo creo que ahí está la lección, el horizonte de Dios es más amplio que nuestro horizonte. La mirada de Dios llega más lejos que la nuestra. Lo que Dios conoce de cada corazón y de cada historia, sin duda nos rebasa. Es ahí donde me parece que tenemos una enseñanza muy importante, de permanente actualidad, porque hay en el ser humano lo mismo que en aquella gente de Nazareth. Hay la tendencia a encerrarnos en nuestro grupo.

Yo, por ejemplo, vengo de una experiencia eclesial muy hermosa que fue definitiva en los orígenes de mi vocación religiosa y sacerdotal. Estoy hablando de la Renovación Carismática Católica. Pero resulta que yo recuerdo bien algunos muy cercanos a la Renovación Carismática que decían bueno, tocará ir a la Misa, oye el verbo, tocará ir a la Misa del Padre tal. No es renovado, pero bueno, es la única Misa a la que puedo ir. Ya con ese lenguaje que yo escuché, lenguaje propio de algunos carismáticos, parecía decirse, no es totalmente bueno, no es lo mejor, pero tocará ir ahí. Ya está la tendencia a cerrarnos únicamente entre nosotros, los que tenemos la experiencia carismática.

Lo mismo les puede pasar a los Neocatecumenales. Pueden encerrarse en su experiencia Neocatecumenal. Y el que no haya hecho las catequesis del Camino Neocatecumenal no sabe nada. Otros dirán, el que no haya hecho el Cursillo de Cristiandad no ve la vida de colores. Y otros dirán, el que no haya hecho el retiro de Emaús no ha tenido un encuentro con el Dios vivo y con su misericordia. Y así fácilmente podemos encerrarnos.

El llamado que nos hace el Evangelio de hoy es a comprender que el Evangelio mismo es mucho más amplio. El horizonte de Dios es más amplio. No significa que se pueda vivir de cualquier manera. No significa que dé lo mismo una cosa que otra. Solamente significa que es bueno que recuerdes que los planes, la creatividad, la misericordia, la bondad de Dios van bastante más lejos de lo que a veces pensamos o incluso deseamos. Fiémonos, pues, de esa misericordia y dejemos que Dios ensanche nuestro horizonte con su sabiduría.

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