
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si se te entra el odio del enemigo, tu corazón fue vencido por tu enemigo.
Homilía k031009a, predicada en 20130304, con 4 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Cuando se habla de milagros, uno espontáneamente piensa en tantas obras maravillosas que realizó nuestro Señor Jesucristo. Pero la verdad es que la Biblia cuenta milagros también de otros personajes. Por ejemplo, Moisés cuando sacó agua de la roca. Pero si no me falla la memoria, creo que en el Antiguo Testamento nadie sobresale tanto en esto de los milagros como el profeta Eliseo.
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo quinto, dentro del segundo libro de los Reyes. Ahí está Eliseo, que realiza una hermosa curación llena de varias enseñanzas para nosotros. Resulta que hay una potencia enemiga del pueblo de Israel. Esa es Siria en este caso. Y resulta que uno de los grandes generales de ese país o de esa nación, está enfermo de lepra y busca curación y recibe curación. Recibe curación gracias a una indicación del profeta Eliseo. Báñate siete veces en el río Jordán.
Repito, hay tanto que aprender de esta sencilla escena. En primer lugar, hermanos, no es un gran acto de caridad que Eliseo le dé la curación a Naamán, siendo así que se trataba de naciones hostiles. A mí este gesto de Eliseo me hace acordar de lo que sucede cuando van a aprender a Jesús en el huerto de Getsemaní. Uno de los soldados que viene a agarrar a Cristo recibe una herida. El apóstol Pedro le corta una oreja y Jesús le cura la oreja a este soldado que se llamaba Malco. Está curando al enemigo. Cualquiera diría que es una estrategia pésima, porque curar al enemigo es darle fuerzas al que me quiere destruir.
Más adelante, Cristo también hace una intercesión conmovedora por aquellos que le están crucificando. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. También eso parece tonto. También eso parece contrario a las expectativas de la lucha y de la guerra. Pero si uno lo piensa mejor, el hecho de que Eliseo pueda curar a Naamán, el hecho de que Jesús pueda curar a Malco está indicando una grandeza de alma.
¿Es que la verdadera victoria del mal es volvernos malos?
Cuando una persona perversa me hace daño y yo respondo también haciendo daño. Quiere decir que el daño se adueñó de mi alma. Quiere decir que triunfó el mal. Óyeme esto. Si el mal te vuelve malo, triunfó el mal. Pero si se responde al mal con el bien. Es como decirle al malvado tu maldad no va a ser más grande que mi bondad. Tu orgullo no va a tener más poder que la humildad que Dios me ha regalado. Tu codicia no ha contaminado mi alma. Tu impureza queda solo para ti. Esa es la verdadera victoria.
Responder al mal con el bien. Esa es la verdadera victoria. Y eso es lo que muestra Eliseo. Y eso es lo que tantas veces y de tantas maneras nos mostró Jesús. Más que el portento del milagro de haber curado de una lepra, tiene que asombrarnos el portento de vencer al mal a fuerza de bien.

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