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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La providencia y el amor eficaz de Dios están cerca de nosotros.
Homilía k031003a, predicada en 19980316, con 5 min. y 5 seg. 
Transcripción:
El texto que nos ha presentado el segundo libro de los Reyes tiene muchas enseñanzas. Cómo Dios utiliza. Cómo Dios llama como instrumentos suyos a personas humildes. Fue, por ejemplo, esta muchacha esclava israelita la que tuvo la clave de la solución y el rey de Siria le escribe al rey de Israel pidiéndole al rey que hiciera el milagro. Y el rey de Israel se exaspera, se pone nervioso. Él no tiene la solución, pero el profeta sí tiene la respuesta. Y luego ese profeta no va en persona, sino que le manda a un mensajero, a un recadero. Ese texto, entre las muchas lecciones que nos trae, nos enseña, nos ofrece una lección de humildad a través de estas personas. La empleada de la mujer de Naamán, el profeta que es siervo del rey de Israel, el mensajero que es siervo del profeta. La humildad de un agua que no es mejor que la de Siria. Nos está mostrando que Dios toma esos instrumentos humildes. Pero nosotros leemos este texto en tiempo de Cuaresma y lo leemos junto con un evangelio donde Cristo alude específicamente a ese milagro de Naamán, el sirio y Cristo en ese texto, en ese pasaje que hemos escuchado, lo que hace ver es que muchas veces la solución está cerca, pero uno como que no cree en las soluciones que están cerca y entonces busca lejos lo que tenía cerca. O sea, Cristo nos ayuda. Cristo nos invita a releer la curación de Naamán el sirio, en una clave muy especial. Y es esta, el rey de Israel, el que recibió la carta se desespera y dice: ¿Soy yo acaso un Dios que pueda dar la vida? Y ya piensa que se le viene encima otra guerra. Pero este rey no sabe o no cree a fondo que Dios esté obrando a través de ese profeta. Si por la palabra de este profeta que está ahí en su reino y por las aguas del Jordán, que está ahí en su reino, pudo ser curado un leproso que ni siquiera pertenecía al pueblo de Dios. ¿Cuánto más puede hacer Dios por su propio pueblo, por su propia tierra, por su propio Rey? Es decir, que la aplicación que hace Jesucristo de esta curación no es en este caso específicamente sobre lo de la humildad, sino sobre esas soluciones, esas respuestas que están ahí a la mano, que están muy cerquita y que tal vez uno las desprecia. Es como una invitación a que nosotros abramos los ojos a las bellezas, a las riquezas, a la potencia del amor de Dios que está ahí cerquita. Tal vez nosotros no hemos aprovechado todo lo que tenemos cerca, tal vez no lo hemos valorado, no lo hemos agradecido. El rey de Israel tenía a un profeta, un gigante entre los profetas, y tenía las aguas del Jordán ahí. Pero esas aguas no le sirvieron para curarlo a él, ni ese profeta fue escuchado por él. Entonces la pregunta para nosotros es ¿Cuáles serán esas, esas dádivas? ¿Cuáles serán esos regalos que el Señor nos ha dado? que quizás están pasando a nuestro lado como el Jordán, que quizás están predicando en nuestra casa, como Eliseo predicaba allá en el reino de Israel y que tal vez nosotros no hemos escuchado. Tal vez la providencia, el amor de Dios, el amor eficaz de Dios, está muy cerca de nosotros. Pero hace falta que alguien nos abra los ojos para que veamos que hay un río de gracia que pasa por nuestra propia casa y que hay una voz de salvación que predica en nuestro propio corazón. Que la gracia del Espíritu Santo complete su obra en nosotros. Que se nos abran los ojos, que podamos ver esas obras de Dios, apreciarlas, amarlas, agradecerlas y entregarlas en ofrenda al Señor para mejor servirle.

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