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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Por encima de la frustración, las traiciones y de la ingratitud en todo tiempo ha existido personas que no han perdido la fe ni el amor a Nuestro Señor ¿Tu corazón está dispuesto a soportar la traición y la ingratitud?
Homilía k023018a, predicada en 20240228, con 6 min. y 42 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número 18 del profeta Jeremías. Jeremías, lo mismo que la mayor parte de los profetas, conoció el sufrimiento de muchas maneras, incluyendo el sufrimiento de la traición y de la ingratitud. Es lo que aparece precisamente en este capítulo 18 del libro que lleva el nombre de este profeta, efectivamente, nos comenta el mismo Jeremías: «Yo estuve intercediendo por ellos. Yo estuve intercediendo por ellos». Ellos, ¿quiénes son?, las autoridades, los poderosos de aquel tiempo, y Jeremías estuvo intercediendo por ellos. Pero, la paga que recibe es que ellos quieren eliminarlo.
Yo pienso que cuando llega una situación tan aguda, tan dolorosa como es la ingratitud, como es la traición, ahí realmente se pone a prueba el temple de nuestro corazón. Y yo creo que, una de las aplicaciones de esta lectura es preguntarnos si nuestro corazón está dispuesto a soportar y a superar situaciones tan complejas, situaciones tan difíciles, porque a nosotros también nos pueden llegar, a nosotros también nos puede pasar exactamente lo mismo, es decir, a nosotros también nos puede suceder que experimentemos frustración, ingratitud, yo lo he visto, he visto ese sufrimiento, en parte lo he tenido yo.
Pero, quiero destacar aquí ese sufrimiento que me he encontrado en el caso de muchos hermanos sacerdotes, y es algo que realmente lo conmueve a uno, porque estoy pensando sobre todo en un hermano muy querido para mí, un hermano sacerdote, no hermano de sangre, sino hermano en la fe. Un hermano sacerdote que con mucha generosidad quiso acoger a un muchacho, un muchacho de la calle, un muchacho sin techo, y lo recibió y le dio posada, como un acto de caridad muy grande. Y bueno, hay maldad en el mundo, realmente hay maldad en el mundo, alguien le hizo ver a este muchacho que podría buscar una indemnización, calumniando al sacerdote, diciendo que este sacerdote, cuando él era menor de edad, había intentado abusar de él. O sea, tú imagínate los muchos actos de caridad que realizó este buen sacerdote, para que luego le paguen de esa manera tan asquerosa. Es una historia real, sucedió aquí en la ciudad de Bogotá, y esa calumnia prosperó. Porque ustedes saben que con tanta propaganda que se hace en contra de la Iglesia, con tanto subrayar los pecados y los errores y los abusos, sin mencionar tantísimas obras buenas que realiza la Iglesia Católica, pues eso va creando un ambiente de hostilidad, un ambiente de animadversión, un ambiente de auténtica agresividad, incluyendo agresividad jurídica.
Y el caso de este sacerdote quedó en manos de una señora, una juez que tenía clarísimamente, tenía un sesgo en contra de la Iglesia Católica y en todo momento del proceso, le aplicó las máximas restricciones, incluyendo prisión, sin que hubiera terminado el caso, incluyendo prisión. Yo tuve ocasión de visitar a este hermano sacerdote en la cárcel y para mí es uno de los grandes testimonios, porque hablando con él, lo que encontré fue serenidad. Un hombre capaz de sonreír, un hombre que, en su celda, en su prisión, había obtenido permiso para guardar en un frasquito, guardar algo de la reserva eucarística, y ese era el micro-sagrario en el que pasaba horas junto con Cristo. Así como Cristo había sido calumniado, había sido traicionado, había sufrido ingratitud, este sacerdote pasó por ese Getsemaní.
Entonces, lo que más me impacta de todo esto, finalmente la cosa se aclaró y este padre quedó libre, pero quedó libre y quedó destruido, porque después de una acusación de esas, dime ¿quién restaura la fama?, dime ¿quién restaura la fama? Esto es gravísimo, porque hay gente que se especializa en presentar como datos y como evidencias y como hechos, tratar de presentar, lo que simplemente son acusaciones. Es decir, se hace una acusación contra un sacerdote y, aunque no esté condenado, ya hay libros donde sale el nombre de ese sacerdote, simplemente porque fue acusado, pero era una calumnia, como en el caso de este padre. Pero, este padre cuyo nombre me reservo, pero hay muchos que lo identificaran con todas las señales que he dado, este padre me ha dado tantas lecciones, desgastado por el tiempo que pasó en prisión, que no fueron dos semanas, sino muchos meses, desgastado por el dolor de la traición y por las condiciones de su encarcelamiento, no perdió la fe, no perdió la sonrisa, no perdió el amor a Cristo. Es ahí donde se muestra de qué está hecho un corazón, es ahí donde se muestra a quién estamos siguiendo. Si estamos siguiendo nuestro provecho, nuestra ventaja, o si estamos siguiendo a ese Cristo que llegó hasta el extremo del Calvario y hasta el extremo del sepulcro.
Jeremías hace tantos siglos, podríamos decir hace unos 26-27 siglos, Jeremías hace 26 siglos o este amigo sacerdote hace unos pocos años, es un testimonio de que hay gente que de verdad ama a Dios y que, por encima de las traiciones, por encima de la frustración, por encima de la ingratitud, son capaces de levantar su mirada y decir: ¡Viva Cristo Rey! La alabanza sea para nuestro Señor, la alabanza para Cristo, que es el primero que mostró lo que significa amar, amar de verdad.

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