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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Deja de pensar que el servicio es perder tiempo, dinero, tu vida; al contrario, date la oportunidad de servir, de amar, de hacer algo bueno por alguien y tu vida se llenará de gozo.
Homilía k023017a, predicada en 20230308, con 6 min. y 40 seg. 
Transcripción:
Una vez le preguntaron al Papa Francisco, cuál era el documento de su pontificado, que a él personalmente más le gustaba. Creo que no es una pregunta fácil para ningún Papa, porque, ya sabes, les corresponde a los Papas predicar tanto, tienen tantas audiencias, homilías, declaraciones, encíclicas, cartas, hay tantos documentos, que yo creo que no es nada fácil para un Papa responder esa pregunta. Pero, dijo el Papa Francisco que su documento favorito era el «Gozo del Evangelio», que en latín se dice «Evangelii Gaudium». Y creo que, es una característica de la predicación de nuestro Papa, ese enfatizar que la Buena Noticia de verdad es buena, y es noticia. Noticia significa que es para ahora, para hoy, y que es buena, significa que en ella está la reparación de nuestros males y que, por consiguiente, de ahí viene la alegría, de ahí viene el gozo.
Bueno, estoy destacando esto porque Cristo nos invita en el Evangelio de hoy al servicio y a veces uno puede mirar el servicio, el ayudar a otras personas, lo puede mirar como una carga, lo puede mirar como una especie de pérdida, es decir: -Estoy gastando de mi tiempo, estoy gastando de mis fuerzas, estoy gastando de mi vida para ayudar a esta gente. Yo creo que la persona que piense de ese modo, quizás no ha entendido mucho del Evangelio. Mira, hay un gozo en el servicio, es difícil de explicar, pero es real, hay un gozo en el servicio.
Yo he tenido la experiencia de ver ese gozo en el rostro de muchas personas, y quiero recordar aquí una anécdota que conté, ya hace años. En una visita de servicio misionero que presté en Lima, en Perú había en aquella época, espero que siga habiendo todavía un hogar de las Misioneras de la Caridad, las de la Madre Teresa de Calcuta y en ese hogar que cuida niños discapacitados, me encontré con una religiosa que era de nacionalidad inglesa, una mujer que en ese momento estaba prestando ese servicio, por supuesto, servicio a niños discapacitados en un hogar pobre, en un hogar de misericordia, estaba prestando ese servicio. Pero, ¿cómo había nacido la vocación de ella? Este es el caso típico de una de esas personas que lo han tenido todo, ella estaba haciendo su especialización o su maestría allá en Inglaterra, cuando un llamado insistente de parte de Cristo empezó a sacudir su corazón, empezó a sacudir su vida, y esta mujer respondió a ese llamado, y ese llamado la hizo consagrarse a Cristo totalmente como religiosa y en una comunidad que todos sabemos que es bastante exigente, la comunidad de la Madre Teresa de Calcuta.
De manera que, ella dejó su especialización, su maestría, lo que estaba haciendo en una gran universidad de Inglaterra para irse a atender niños discapacitados en las periferias de Lima, Perú. Eso es impresionante, pero te digo qué es más impresionante, la alegría de su rostro, es decir, ella hablaba como si hubiera hecho el mejor negocio del mundo, es decir, esto es fantástico. Esa es la Buena Nueva, estoy haciendo lo que tengo que hacer, esto es maravilloso, esto es increíble. Esas cosas no se pueden fingir, cuando tú estás atendiendo niños que ni siquiera pueden hablar, que jamás te van a decir gracias, muchos de ellos con daños cerebrales irreversibles e irreparables, niños que están en una condición permanente y que reclaman atención y cuidado, entre otras cosas, para que no se hagan daño a sí mismos. Que una persona esté ahí y que una persona pueda sonreír ahí y que una persona te diga con los ojos iluminados: -Cristo visitó mi vida. Eso nos muestra cuál es el verdadero rostro del servicio.
Yo solo te puedo decir una cosa: experiméntalo tú, deja de pensar que el servicio es perder, perder, perder, deja de pensar que el servicio es: -Voy a perder tiempo, voy a perder dinero, voy a perder mi vida, es al contrario. O si lo quieres decir con el Evangelio, en cierto sentido, si estás perdiendo tu vida, como la semilla se pierde para volverse un árbol, deja de ser semilla, en ese sentido pierde, pero se convierte en un hermoso árbol. Experiméntalo, como decía bellamente, en una reunión de dominicos que tuvimos hace unas semanas allá, en mi convento, me gustó mucho la expresión que utilizó un hermano mío y dijo: -Démonos la oportunidad.
Yo te lo digo hoy de todo corazón, date la oportunidad de servir, date la oportunidad de amar, date la oportunidad de hacer algo realmente bueno por alguien, ojalá alguien que nunca te pueda pagar. Y cuando estés lleno de gozo, como aquella mujer de Inglaterra, cuando la sonrisa te visite, cuando la sonrisa no se te pueda caer de la cara, entonces te vas donde Cristo y le dices: -Gracias, Tú realmente has hecho una diferencia en mi vida, esta ha sido la mejor Cuaresma de toda mi vida. Amén.

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