Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo no nos quiere fracasados, pero quiere que veamos que el verdadero triunfo y la verdadera gloria cuestan el camino de la cruz.

Homilía k023015a, predicada en 20210303, con 5 min. y 27 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

En el Evangelio de hoy, nos damos cuenta que había una terrible fractura de lenguaje entre lo que decía Cristo y lo que oían o querían entender sus discípulos. Decimos que es una fractura del lenguaje porque Cristo les estaba hablando claramente de lo que iba a suceder en Jerusalén. Es decir, que el Hijo del Hombre iba a ser traicionado, que iba a ser torturado, que iba a ser masacrado, pues como efectivamente sucedió.

Pero, mientras que Cristo estaba dando ese mensaje, lo que bullía, lo que se cocinaba en los corazones de los discípulos, es lo que aparece con la petición de aquella mujer, la madre de los Zebedeos, es decir, de Juan y Santiago. Esa mujer expresa un deseo que, en el fondo, todos tenían, y se sabe que todos tenían los mismos deseos, porque después de que Jesús rechaza la petición que había hecho la mamá de los Zebedeos, los demás discípulos se disgustan con ellos. Y no se hubieran disgustado si no es porque ellos también querían los primeros puestos. De hecho, ese era un tema permanente entre los apóstoles, ¿quién es el primero? ¿Quién es el más importante? ¿Quién tiene o quién va a tener el primer puesto? Eso era absolutamente fundamental para ellos.

Entonces nos damos cuenta que había una ruptura de lenguaje, una ruptura, porque parece que Cristo va por aquí, los discípulos van por acá. Cristo tiene ese lenguaje alto, bello, sublime, ese lenguaje de la donación, ese lenguaje de la perfecta entrega, ese lenguaje de la gracia. Y mientras tanto, los discípulos tienen otro lenguaje, que es el lenguaje de quien es el primero, quien es el más importante, quién va a tener más poder, quién va a salir ganando con esto. Esas son las preocupaciones de los discípulos, ellos tienen sus propias preocupaciones, ellos tienen su propia agenda, sus propios deseos. Entonces, repito, por aquí, bien arriba, bien arriba va Cristo con su lenguaje de donación. Y por acá, por acá, bien abajo, bien abajo van los discípulos con su lenguaje de su ganancia, es decir, ¿cuál es el beneficio, cuál es el lucro, cuál es mi ganancia, la mía? Mientras que Cristo parece estar interesado solo en qué gana el Padre Celestial en gloria y reinado, pues los discípulos parecen interesados en qué gana cada uno de ellos en poder, en fama, en importancia.

Bueno, hay dos cosas que decir ahora. Primera es que ese lenguaje, esa ruptura del lenguaje que he mencionado, no quedó para siempre, después de la Pasión de Cristo, después de la gloria de la resurrección que iluminó tanto los corazones de los discípulos y, sobre todo, después de la donación del Espíritu Santo, los discípulos cambiaron, y tú te darás cuenta que ese lenguaje competitivo desaparece completamente en el libro de los Hechos de los Apóstoles, prueba de que ellos pudieron ser transformados, repito, por la Pasión de Cristo, por la resurrección de Cristo y por la gracia del Espíritu Santo, ellos fueron transformados, eso es así.

Bueno, esa es una primera parte, pero la segunda parte es darnos cuenta que, aunque efectivamente había toda esa diferencia tan grande entre lo que decía Cristo y lo que ellos entendían, si lo examinamos bien, el problema no era tanto de que quisieran cosas distintas. Cristo no es que quisiera el fracaso de su obra, Cristo no es que quisiera el fracaso de la misión de los discípulos, Cristo no los quería a ellos fracasados, ni nos quiere a nosotros fracasados.

De hecho, hay una oración impresionante de Cristo, la que está en el capítulo 17 de San Juan, y en esa oración impresionante, Jesucristo lo que empieza diciéndole al Padre Celestial es: «Glorifica a tu Hijo». O sea, Cristo no dice, dame ahora el fracaso, lo que dice es: «Dame la gloria, la que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese». O sea que Cristo no es, ni un fracasado, ni un líder de fracasados. Lo que sucede es que Cristo es realista y Cristo quiere hacer ver que el verdadero triunfo, la verdadera gloria, pues va a costar, va a costar el camino de la Cruz, va a costar el camino de la Pasión. Pero, no es que Cristo nos quiera fracasados, de ninguna manera.

Así que demos gracias al Señor y pidámosle que los espejismos y el inmediatismo con el que a veces buscamos resultados, que eso no nos haga ciegos, sordos y mudos a las hermosas promesas de Dios que son perfectamente reales, pero que en ese realismo también nos hacen ver que hay que pasar por dificultad, hay que pasar por purificación, hay que pasar por el misterio de la Cruz, no para quedarnos ahí, sino para llegar a la gloria de la Pascua. No, no estaban tan separados esos dos lenguajes, eso es lo que hay que entender los tiempos de Dios, y hay que seguir tras las huellas de Cristo.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM