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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solo el camino de la humildad y de la sabiduría nos hará verdaderos discípulos del Señor.
Homilía k023014a, predicada en 20200311, con 5 min. y 7 seg. 
Transcripción:
Hoy hace apenas dos semanas que iniciamos la Cuaresma y ya aparecen, en las lecturas de la Santa Misa, los anuncios claros de la muerte de Cristo. ¿No te parece impresionante? Es decir, ¿por qué? ¿Por qué una persona que hace tanto bien, puede llegar a ser tan odiada? Penetrar en ese misterio de odio, con humildad, con sabiduría y con la guía de los grandes santos de nuestra Iglesia, no es fácil. No se nos debe olvidar aquella frase que decía San Agustín: «Si el mal tuviera una verdadera explicación, entonces no sería completamente malo». O sea que, hay un elemento de absurdo en todo lo perverso, hay un elemento de absurdo en la maldad. Pero, esa afirmación no nos exime de buscar si acaso tenemos algo que aprender de lo que sucedió con la muerte de Cristo, es decir, ¿por qué fue tratado así? Y yo creo que sí hay respuesta, creo que sí la hay.
Vemos, por ejemplo, en el Evangelio de hoy, tomado del capítulo 20 de San Mateo, vemos que promotores del asesinato de Cristo, deseosos de deshacerse de Cristo, son en primer lugar, los fariseos. Y lo interesante es que los fariseos, se supone que eran la gente más religiosa, la gente más piadosa de aquella época. ¿Cómo pudo suceder esto? Bueno, es que los fariseos tenían su manera particular de interpretar la religión, los fariseos estaban convencidos de que había un camino, y solo un camino, para que pudiera reinar Dios. Y ese camino, según ellos, era la práctica estricta de la ley de Moisés. Solamente practicando de manera estricta la ley de Moisés, podía llegar el Reino de Dios y, por consiguiente, ellos reclutaban gente, buscaban gente, gente que se les uniera, porque ellos creían que todo el pueblo tenía que cumplir la ley de Moisés. Acuérdate que para ellos, la ley era una especie de contrato entre Dios y el hombre y, por consiguiente, solo si el hombre logra cumplir la ley, es decir, la parte que le corresponde del contrato, Dios cumplirá la parte que le corresponde, que son las abundantes bendiciones para todos, esa era la idea que ellos tenían.
Entonces su idea era reclutar, reunir a todo el pueblo en torno a su manera de pensar, su manera de ver las cosas. Y el que no piense de ese modo, se convierte entonces automáticamente en un enemigo de ellos, un enemigo de ellos porque si tú te llamas Jesús y las multitudes están yendo detrás de ti, eso significa que esas multitudes no se están yendo detrás de los fariseos y que, por consiguiente, se aplaza o se impide la victoria de la idea, del pensamiento, del proyecto fariseo. O sea que, en el fondo, los fariseos habían hecho de su proyecto religioso y legalista, habían hecho una especie de ídolo, y Cristo es como una especie de estorbo que, finalmente, debe ser quitado por el medio que sea, para lograr que todo el pueblo siga únicamente el modelo que ellos estaban pensando.
Pregunta: ¿qué crees que puede pasar si nosotros idolatramos nuestras ideas, nuestros proyectos? Por eso es tan necesario que esta Cuaresma sea el tiempo en el que nosotros aprendemos a decir con más amor y con más fe, el Padre Nuestro. El proyecto que debe triunfar, es el proyecto de Dios, y eso significa que, lo que yo alcance a comprender siempre será parcial, el plan que yo tenga siempre será incompleto, lo que yo estoy buscando siempre, siempre es una parte, no es todo, el mapa completo solo lo tiene Dios. O sea que hay un llamado a la humildad, porque el precio de perder esa humildad es pretender imponer mi propio plan. Y en esa pretensión, los fariseos decidieron que había que matar a Cristo, no sigamos ese camino. El camino de la humildad, de la sabiduría es otro y es el que nos hará verdaderos discípulos del Señor.

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