Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El verdadero misterio de la cruz no se mide por el tamaño del dolor que tengo sino por el tamaño del bien de amor que ofrezco.

Homilía k023013a, predicada en 20190320, con 4 min. y 5 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo número 20 de San Mateo. En la edición que tengo, este evangelio tiene tres párrafos. El primer párrafo es Cristo, presentando por adelantado el misterio de la Cruz, a sus apóstoles, ahí es donde dice: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los sumos sacerdotes», y todas las barbaridades que se siguen de ahí. Es decir, la dolorosísima pasión, que ciertamente contemplaremos juntos, si Dios nos permite, en los días de Semana Santa, ese es el primer párrafo.

Segundo párrafo, nos presenta un acto de vanidad y de absoluta desconexión teológica y emocional por parte de los apóstoles, no solo de los dos Zebedeos, Juan y Santiago, que fueron a buscar los mejores puestos para cuando llegue la gloria del Reino, no solamente ellos, como bien anota San Juan Crisóstomo, los otros diez también se indignaron contra estos, prueba, lo dice este santo, prueba de que ellos también tenían la misma clase de aspiraciones, porque al codicioso solo lo envidia otro codicioso, y al vanidoso solo lo envidia otro vanidoso. De modo tal, que eran muy imperfectos, muy, muy imperfectos ellos. Segundo párrafo, vanidad. Acuérdate, primer párrafo, la cruz, segundo párrafo, la vanidad.

El tercer párrafo habla del servicio, ese es como el sándwich del día de hoy. La Cruz, la vanidad, que indica la realidad de los apóstoles, con su mentalidad demasiado humana, y luego el servicio. Es decir que Cristo tiene un mensaje, el mensaje de la Cruz, ese mensaje no se lo entienden los discípulos, ellos se van por el lado de la vanidad y de los primeros puestos y de ver quién es el más importante. Y luego, luego que tenemos, el servicio. También lo puedo escribir de esta manera, Cristo estaba hablando de la Cruz, hay un paréntesis que es el paréntesis de la vanidad, y Cristo vuelve a su tema, el tema del servicio.

Lo que quiero destacar es que la Cruz y el servicio están profundamente unidos, y que la vanidad y la soberbia son enemigas de ambos. Vanidad y soberbia hacen que nosotros rechacemos cualquier tipo de sufrimiento, porque lo único que queremos es honores, comodidades y placeres. Así que la vanidad y la soberbia son enemigas de la Cruz, pero por la misma razón son también enemigas del servicio. Porque el que se llena de vanidad o de soberbia, por supuesto que ya no quiere ser servido, quiere que lo sirvan, y por eso están tan cerca la Cruz y el servicio. Y por eso, el verdadero misterio de la Cruz no se mide simplemente por el tamaño del dolor que yo tengo, sino, sobre todo, por el tamaño del bien de amor que yo ofrezco. Así nos lo conceda el Señor, el que no vino a ser servido, sino sobre todo a servir y a dar su rescate, a dar su vida en rescate por todos nosotros.

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