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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El primer paso hacia la persecución religiosa del laicismo es hacer creer que cualquier religión se puede intercambiar por cualquier otra.
Homilía k023009a, predicada en 20150304, con 4 min. y 48 seg. 
Transcripción:
De una manera muy pedagógica la Iglesia nos va introduciendo a lo largo de la Cuaresma en el camino de la Cruz. La Cuaresma no es un fin en sí misma, la Cuaresma nos quiere llevar hacia el gran misterio de la Pascua y concretamente hacia la cruz de Cristo, donde Él realiza su perfecta ofrenda de amor, donde nosotros recibimos la libertad del yugo del pecado, donde resulta también derrotada la muerte y donde se abre el camino glorioso hacia la resurrección. Así que la Cuaresma es verdaderamente una peregrinación, y por eso la Iglesia tiene todo un recurso pedagógico por el cual nos va guiando.
Hoy, por ejemplo, en la lectura del profeta Jeremías asoma un tema, un tema que ya no nos va a dejar en la Cuaresma, la persecución del justo. Jeremías viene a ser la imagen de aquella persona que es fiel a Dios, está diciendo la verdad, está denunciando el pecado. Y precisamente, porque no se acomoda a los esquemas de pecado que encontramos tan frecuentemente en la Biblia y en la vida, es decir, gente que vive de la corrupción, gente que saca provecho de traicionar a otros, puesto que Jeremías no se acomoda a eso, es un personaje incómodo, es un personaje del que muchos quieren deshacerse. Ese tema, el tema del justo perseguido que, en cierta manera, se inicia hoy con la figura de Jeremías, va a venir resonando, va a tener varios ecos en la Cuaresma y tendrá su culminación, tendrá su expresión más vigorosa, la más fuerte precisamente en el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo.
Por eso, hay que darle atención a ese tema y por eso es interesante lo que encontramos en el pasaje de hoy, es decir, cuáles son los argumentos de los enemigos de Jeremías. Y quiero destacar, sobre todo un detalle, para ellos, los profetas son intercambiables, dicen: -Mire, no van a faltar profetas, no van a faltar oráculos, no va a faltar sabio, no va a faltar sacerdote, no va a faltar profeta. Siempre podremos conseguir quien haga esos oficios. Esa noción de que se trata simplemente de oficios, esa noción de que se puede intercambiar un profeta por otro, esa noción de que da lo mismo una religión que otra, lo importante es que uno tenga alguna religión y que esa religión le funcione, eso está tan bien en nuestra época, es decir, si estoy subrayando el argumento de los enemigos de Jeremías, es porque es el argumento que muchas veces encontramos también en nuestro tiempo.
Para muchas personas da lo mismo ir a la misa católica que al culto protestante, da lo mismo la meditación que nos puede enseñar una doctora de la Iglesia como Santa Teresa de Jesús, que la meditación que me pueda enseñar un monje budista que está de visita en el país. Da lo mismo el silencio que puedo tener en una abadía benedictina que el silencio que puedo encontrar en un ashram de los hinduistas.
Esa noción de que una cosa se puede intercambiar por otra es el preludio, es el pórtico, es ya la entrada a la persecución del justo, qué bueno darnos cuenta de esto, que en el momento en el que consideramos intercambiable el servicio de un profeta, por el servicio de otro, empezamos a acostumbrar nuestros oídos a los profetas que nos hablen más bonito, es decir, lo que ya se denuncia en el Nuevo Testamento. Aquella gente que solamente quiere que le digan cosas agradables al oído y el que se acostumbra a las cosas agradables, termina por desechar, termina por perseguir a las personas desagradables, como fue Jeremías y como llegó a ser el mismo Cristo. Saludable advertencia que nos trae la liturgia de este día.

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