Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Una mirada al drama de la misión de Jeremías, y su relación con nuestro tiempo.

Homilía k023008a, predicada en 20130227, con 10 min. y 30 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, al profeta Jeremías, que vivió en el siglo VI a. C., le tocó uno de los tiempos más difíciles de la historia del pueblo de Dios. Era la época en que estaba sintiéndose cada vez más la presión de otro pueblo, el pueblo caldeo. Los caldeos, iban presionando cada vez más a los judíos con el deseo que, al fin lograron, de adueñarse de Jerusalén, saquearla y tomar como esclavos a la mayor parte de la población judía. Esa amenaza que venía del norte, del noreste, esa amenaza estaba siempre ahí, en el tiempo de Jeremías y como ya dije, finalmente se cumplió, finalmente cayeron sobre Jerusalén y finalmente, los llevaron al destierro. Esa época, siglo VI a. C., es el punto más bajo y el más triste de todo el Antiguo Testamento.

Fue también una época que cambió para siempre la manera como el pueblo de Israel se miraba a sí mismo. En ese tiempo, Jeremías recibió el encargo de parte de Dios, el encargo de hablarle al pueblo. Pero muy difícil la misión de Jeremías, porque mire lo que le tocaba, le tocaba denunciar la falsa confianza que muchos tenían, porque muchos creían que con el solo hecho de tener el templo de Jerusalén y con el solo hecho de tener el Arca de la Alianza, eso iba a funcionar como una especie de talismán, como una especie de objeto mágico que iba a impedir que nadie les hiciera daño. Y esa es una falsa confianza, porque el pueblo ya se había apartado de Dios, pero seguían teniendo esa confianza que era una confianza mágica. Y la magia no es lo que Dios espera de nosotros, ni es lo que Él nos enseña. Entonces, la primera misión de Jeremías fue la amarga misión de hacerle ver al pueblo que la falsa confianza al final se quiebra. Y el que tenga esa clase de fe, que no es fe, quedará defraudado.

El segundo encargo de Jeremías, más difícil todavía que el anterior, era hacerle ver al pueblo que a veces es necesario recibir castigo saludable, que a veces la mejor manera de reformar la vida es sufrir un poco, que uno tiene que padecer, si uno realmente quiere cambiar en algunas cosas y que hay un padecer que es saludable, un padecer que es penitencial, medicinal y pedagógico. Y ese lenguaje tampoco lo quería oír el pueblo, ellos no querían padecer, es entendible, nadie quiere padecer. Y Jeremías tiene el encargo espantoso, el encargo dificilísimo, de hacerle ver al pueblo que tiene que padecer, que el padecer está dentro de la pedagogía de Dios y que si no aceptan ese castigo les va a suceder lo mismo que la persona que rechaza el tratamiento que le da el médico, entonces no se cura de su enfermedad. Primera parte de la misión de Jeremías, denunciar la falsa confianza. Segunda parte de la misión de Jeremías, mostrar que se necesita un castigo saludable.

Y viene la tercera parte que todavía parece más difícil, y es descubrir que ese Dios, el Dios que nos deja caer en manos de los caldeos, el Dios que nos mete por la escuela durísima del sufrimiento, es el Dios que verdaderamente nos ama, es el Dios que merece toda nuestra confianza, es el Dios al que hay que amar por sobre todas las cosas. ¿Cómo predicar el Dios de la Alianza, cómo predicar al Dios de la Alianza, cuando hay tanto dolor y cuando se está en la escuela del sufrimiento? Esos fueron los encargos que recibió Jeremías, enseñar que la falsa esperanza al fin se rompe, mostrar que hay que hacer penitencia y que hay que saber que uno tiene que cambiar de vida. Y tercero, entender que el Dios que nos ama, es el Dios que también espera nuestro amor, incluso si su manera de amarnos no es la que a nosotros más nos agrada.

Con estos encargos tan difíciles, no tiene nada de extraño que la gente rechazara la enseñanza de Jeremías y rechazando la enseñanza, rechazaban también al profeta, y por eso Jeremías tuvo verdaderamente que experimentar en su propia carne, en su propio corazón, tuvo que experimentar rechazo. Él describe con palabras dramáticas lo que fue buena parte de su vida, terror en torno, terror por doquier. Yo creo que los límites de su capacidad psicológica se vieron prácticamente superados por esa amenaza perpetua, ya no solo del pueblo extranjero, los caldeos, sino amenaza también de la gente de su propia raza, a los que él oía murmurar, como lo hemos oído, como lo hemos escuchado en la primera lectura de hoy: «Tendamos un lazo a Jeremías, tendamos un lazo a Jeremías». Es decir, acabemos con él. El cinismo de la gente no tiene límites, ellos consideran que la religión es simplemente un dato de la vida, que la religión es simplemente un aspecto de la vida humana, un aspecto que, si se acaba Jeremías, alguien lo tendrá que llenar. No se dan cuenta de la unicidad, no se dan cuenta de cómo es único el mensaje que Dios les da. No se dan cuenta de cómo hay una gracia actual, cómo hay una visita de Dios en ese momento y por qué no perciben la visita de Dios, rechazan al profeta.

¿Qué nos dice esta lectura para nuestro tiempo?, pues nos dice muchas cosas. También nosotros podemos tener falsas esperanzas. A veces, en países como el mío, yo soy colombiano o como este querido México, a veces nosotros nos fiamos demasiado de esa historia de catolicismo que tenemos. Pero muchas veces es un catolicismo que se va quedando en las formas, en lo externo, en lo ritual y entonces podemos estar cultivando una falsa confianza y podemos creer que las cosas van a seguir bien simplemente porque tenemos ese pasado y eso sería una falsa esperanza. Y ahí está Jeremías para decirnos que, si no entregamos de verdad el corazón y si no entramos por el camino de la obediencia, nos estamos engañando a nosotros mismos.

Y también Jeremías es muy actual cuando nos enseña que necesitamos poner de nuestra parte, de nuestro esfuerzo y de nuestro padecimiento para que haya un futuro distinto, las cosas no cambian solas. Después de la Primera Guerra Mundial en Gran Bretaña que participó, por supuesto, en ese conflicto se hicieron muchos monumentos a los soldados caídos, y una de las frases que solían poner los británicos en esos monumentos es esta frase que me parece que viene al caso: los principios, refiriéndose a los principios morales, los principios de valor, los principios éticos, los principios no se aplican ellos solos, se necesita que alguien asuma esos principios, se necesita que alguien asuma la pelea. Y hoy nuestra Iglesia Católica necesita de gente que diga: -Pues yo voy a asumir esta batalla, yo me voy a poner esta camiseta, yo voy a asumir esta pelea porque los principios no se aplican solos, no basta con que haya grandes verdades muy bonitas. Se necesita gente que esté dispuesta a trabajar para que esas verdades sucedan en la esfera pública, en la esfera política, en la esfera comercial, en la vida y la educación del pueblo.

Por eso, yo creo que el modelo de Jeremías es importante para nosotros, sin que se nos olvide la última parte de su misión, aunque sea dura la batalla. Nuestra tarea es, sobre todo, que Dios sea amado, que Él pueda ser conocido, que el Dios verdadero pueda ser aceptado. Son tantas las calumnias, tanta la basura que se echa sobre el rostro de Dios para hacerlo detestable. Pues será también parte de nuestro esfuerzo mostrar con gozo, con cariño y con humildad al Dios verdadero, para que pueda ser recibido, pueda ser amado y pueda ser obedecido. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM