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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? Entre otras razones, porque el mal genera ídolos, y los ídolos generan ventajas o ganancias.

Homilía k023007a, predicada en 20130227, con 4 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Cuando se piensa en hacer las cosas bien, por ejemplo, porque uno está viviendo un proceso de conversión y uno ya se convenció: -Tengo que dejar mis malas costumbres, tengo que dejar mis pecados, tengo que abandonar mis vicios, mi vida tiene que cambiar. Ese es un momento muy hermoso, cuando se toma esa clase de resolución, eso es precioso, eso vale. Y entonces la persona empieza un camino, un camino nuevo, un camino que quiere ser correcto y que quiere estar lleno de bondad.

Bueno, cuando se vive ese camino, cuando se empieza ese camino, uno tiende a imaginarse: ahora sí las cosas van a salir bien, porque ahora estoy obrando bien, me tiene que ir bien. Pero la Biblia nos advierte que las cosas no son tan sencillas, fíjate que en el capítulo segundo del libro Eclesiástico se dice: «Si vas a servir al Señor, prepárate para la prueba». Y la primera lectura del día de hoy, tomada del profeta Jeremías, en el capítulo 19, nos muestra cómo a un hombre justo se le rodea de calumnias y de ataques. Y entonces uno se queda pensando: ¿por qué sucede eso? ¿por qué le pasan cosas malas a la gente buena?, ¿cómo es eso de que, cuando yo obraba mal me iba bien, y ahora que estoy tratando de obrar bien, todo me resulta al revés y me va mal? O también puede uno preguntar: ¿por qué la gente honrada encuentra tantos obstáculos?, ¿por qué la verdad tiene tantos enemigos?, ¿por qué la pureza parece casi un imposible para muchísimos jóvenes y cada vez más para muchos niños y niñas?, ¿por qué la fidelidad y la perseverancia son como reliquias de un pasado? Tanto que mucha gente dice: -No, ya las familias, ya los matrimonios son desechables, ¿por qué el bien encuentra tantos obstáculos?

El profeta Jeremías experimentó muchas veces esa oposición de la gente. Jeremías, hombre de Dios, conocía muy bien el querer del Señor, pero ahí es donde empezamos a entender, es que para aceptar el querer del Señor muchas veces hay que renunciar a los ídolos, y los ídolos tienen su encanto y los ídolos tienen su atractivo. El pecado reporta algunos beneficios, la gente no peca gratis, la gente recibe beneficios de su pecado y cuando se denuncia el pecado, se le daña el negocio al que recibía esos beneficios. Por ejemplo, cuando la iglesia habla con tanta claridad de los daños que produce la institución matrimonial, el uso de anticonceptivos artificiales, pues está poniéndose en colisión frontal con una industria que es de miles de millones de dólares, porque hay mucha gente a la que le conviene que todo el mundo utilice esos anticonceptivos, eso daña un negocio.

Ponerse de parte de Dios es dañarle los negocios a mucha gente, no sólo los negocios de dinero, sino también las pretensiones de codicia, de ambición. Y por eso, nuestra fe cristiana tiene que tener gran esperanza, pero no puede vivir de la fantasía. Nosotros no podemos imaginarnos que vamos a ir cosechando aplausos por todas partes, lo mismo que les sucede a los Papas, guardadas las proporciones, nos pasa a nosotros también. Nosotros tenemos que vivir oposición, si nos ponemos de parte de Dios, alabemos al Señor que nos ha llamado. Pero recuerda, estamos llenos de esperanza, no llenos de fantasía.

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