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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La plenitud del Espíritu
Homilía k023001a, predicada en 19960306, con 10 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Jeremías nos presenta en el Antiguo Testamento, tal vez, la imagen más nítida de la Pasión de Cristo. Y por eso, de él podemos aprender a valorar el sacrificio de nuestro Señor y podemos ayudarnos a entender qué significa eso de dar la vida. ¿Cuál es la situación concreta de Jeremías? Yo lo diría con una expresión sencilla, quizá demasiado popular, no se puede ser puente sin ser sándwich. Y uno si quiere ser puente, uno si quiere, seguramente, que Dios pase a través de uno y que las necesidades de los hombres encuentren respuesta, consuelo, auxilio en Dios. Pero esto significa quedar en medio, y cuando uno queda en medio del ímpetu del pecado y del ímpetu del amor, ese doble ímpetu, esta especie de sándwich, lo aplasta a uno.
Por eso, Jeremías se queja tanto, por eso se habla de lamentarse más que Jeremías. Pero esa quejumbre tiene su razón de ser, tiene su explicación en ese sentir, al mismo tiempo, la opresión del pecado y la opresión del amor. ¿Qué se hace para moler? Someter a presión. Si se toman los granitos de trigo y se les dice: -Pobrecitos granitos, ¿por qué no se vuelven harina? No se logra harina. Si uno acaricia los granitos de trigo y les dice: -Granitos, necesito harina. No se hace harina. Si con toda dulzura se les habla: -Granitos, hay muchísima hambre, necesitamos harina. Ahí siguen los granitos y no llega la harina. La única solución es coger el granito y decirle permiso, permiso, pero toca molerte.
Así pasa también en la Eucaristía, para hacer la hostia, hay que hablarle con mucho cariño a los granitos, pero hay que molerla. Y para hacer un santo, para hacer una santa y para hacer una iglesia, y para hacer una comunidad religiosa, y para hacer una consagración, hay que moler a la persona. Pero los que saben de molienda, saben que si se echan unas gotas de agua, si se remoja, si se ablanda el maíz, será la misma molienda, pero es más fácil para el que muele y es menos doloroso para el molido. Lo mismo pasa en nuestras vidas, cuando llega el agua, cuando estamos empapados del Espíritu, Dios nos muele, o sea, molidos vamos a quedar de todos modos, de eso hay que partir. Dios nos muele, pero en ese molernos, la harina sale como sin dolor y sí se destruye el grano de trigo. Pero se destruye sin ruido, sin maldición, sin quejumbre. Si nosotros estamos empapados, cuando llega la molienda, sale la harina. Pero sale sin quejumbre, sin recriminación.
¿Cuál es la diferencia entre Jeremías y Jesús? Que Jeremías no estaba ungido, no estaba empapado suficientemente del Espíritu para la misión a la que Dios lo tenía destinado, es decir, aunque fuera santísimo varón este Jeremías, todavía no se había comunicado la plenitud del Espíritu, y para ser realmente mediador entre Dios y los hombres, para ser realmente Cristo hay que ser absolutamente del Espíritu, y eso es lo que tiene Jesús, y eso es lo que todavía no tenía Jeremías. Entonces, por eso Jeremías se queja tanto.
Humberto de Romans, el famoso predicador, quinto maestro general de nuestra orden, decía refiriéndose a los religiosos decía, cuando les falta, cuando les falta el aceite de la caridad, van chirriando como las ruedas de una carreta desvencijada. Y eso es así, cuando a la religiosa, cuando al religioso le falta aceite, se le mueve un poquito, y ¿qué sale?, una queja, un lamento, una recriminación, un rencor, una suspicacia, inmediatamente entra a juzgar: -Esto me lo han mandado por esto y lo de más allá. Ella creerá que, él estará pensando que, pues bueno, por esta vez le doy gusto, pero ya me va a oír. Y todas esas ¿qué son? las quejumbres, los chillidos de una rueda mal aceitada, la unción, el aceite del espíritu, hace que la rueda se pueda mover sin tanto ruido. Y ese es el tipo de religioso o de religiosa que le da agilidad a una comunidad, porque una comunidad hecha de ruedas sin aceitar se vuelve muy ruidosa y muy escandalosa.
Y si el superior no tiene modo de comunicar ese Espíritu a sus súbditos, utilicemos esa terminología drástica, si el superior no tiene cómo comunicar esa gracia de Espíritu, y si él mismo está ya fastidiado en sus oídos, entonces ¿qué empieza a hacer? -No movamos mucho a la gente. Esta no la movamos mucho porque hoy empieza a armar por allá su escándalo y se queja y llega allá haciendo ruido y escandalizar y hacer problema. No la movamos. Pero, qué le pasa a una comunidad cuando: -A esta no la movamos, a esta no la mandemos, a esta no le digamos, esta no se le puede corregir, a esta ¿qué le pasa a una comunidad religiosa? Le pasa lo mismo que a una persona cuando sus articulaciones no le funcionan. Eso se llama una artritis, probablemente reumatoidea, una artritis. Entonces no se puede mover.
Y entonces la congregación, la comunidad entera se vuelve pesada, con un problema muy grave, que mientras nosotros estamos así pesados y no nos podemos mover, el pecado anda en moto, el pecado vuela, la corrupción cunde. Lo menos que tiene el diablo son buenas bicicletas, eso es lo menos que tiene. De manera que, mientras los pasos del Evangelio van así en cámara lenta, porque a este no se le puede pedir, porque a la otra no se le puede decir, esta no la vamos a cambiar, este es imposible, con él no se puede ir, él déjenlo ahí donde no haga ruido. Mientras nosotros estamos con esa artritis, el demonio hace aeróbicos, está ágil, y con esa agilidad corre y llega primero que nosotros a las vidas.
Entonces, ¿qué es dar la vida? Dar la vida es empaparse de Espíritu para que Dios me muela. De todas maneras, te va a moler, para que Dios me muela, y es ungirme en el Espíritu para que Él me pueda moldear, me pueda llevar, me pueda conducir. Esto no es todo lo que se puede decir sobre este tema, pero quizás sea provechoso para escucharlo en una tarde como hoy.
Que Dios haga caer su Espíritu sobre mí, sobre cada una de ustedes. Que Dios haga caer su Espíritu. Que cada una pueda hacerse planta para Dios. La cera del lacre, por ejemplo, solo recibe el sello cuando está blandita. Puede llegar Cristo, pero si el lacre está frío, frío, seco, inmóvil, llega el sello de Cristo y a lo sumo parte el lacre, parte la cera, pero no le imprime su sello. Es necesario ablandarse, es necesario recibir amor, es necesario arder de amor, es necesario estar blanditos para que cuando llegue la cara de Cristo, esa cara quede en nosotros para gloria del Padre. Así sea.

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