Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Cuaresma es el tiempo para lavar el corazón y la mente cortando toda fuente de impureza, leyendo la Palabra de Dios que con su poder nos renueva y acercándonos al sacramento de la Confesión.

Homilía k022021a, predicada en 20250318, con 7 min. y 14 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hermanos amados, la invitación que nos hace el profeta Isaías es generosa, es generosa porque busca nuestro mayor bien. Dice al comienzo del libro del profeta Isaías ese texto que hemos escuchado, lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones, cesad de obrar el mal, aprended a obrar el bien. Yo quiero destacar esa parte de lavarse, esa parte, de purificarse. La Cuaresma es precisamente el tiempo para eso, el tiempo para lavarse, para lavar el alma.

Hay una viñeta de Mafalda, el personaje tan conocido que se ha repetido muchas veces. Aparece esta niña, Mafalda. Aparece con una bendita, como una curita que llamamos en algunos países, esas bandas que tienen un pequeño pegante, un poquito de gasa y que si uno tiene una herida se la pone ahí, en algunos países llamamos eso una curita, una banda. Bueno, eso. Entonces esta Mafalda con esta curita en la mano y dice ¿cómo se pone uno esto en el alma? es una pregunta muy profunda, ¿no? ¿cómo se repara el alma? ¿cómo se sana el alma?, esas heridas que llevamos dentro.

Algo parecido es lo que nos presenta la lectura de hoy de Isaías, lava, pero lava tu alma, lava tu alma. Hoy muchas personas buscan la limpieza corporal, lo cual en sí mismo no está mal. Por supuesto que no. Vivimos en una época casi obsesionada con el tema del aseo, con el tema de la limpieza, incluyendo la limpieza corporal. En nuestra cultura, casi cualquier olor que salga de un cuerpo humano se considera inadecuado, si no ofensivo. Una persona que huele mucho, eso nunca es un elogio. Si le huele mucho el aliento o el sudor o lo que sea, eso nos produce distancia y por eso estamos obsesionados con la limpieza corporal, no solo en ese plano, llamémoslo externo, sino que también la gente quiere hacerse una limpieza corporal profunda. Hay tratamientos para limpiar profundamente el cutis, tratamientos para limpiar profundamente la piel de células muertas, entonces eso llaman exfoliar, para quitar las células muertas, que se vaya, que se vaya todo eso, que se vaya de mí, que desaparezca todas esas impurezas que tengo en el rostro, que se vayan, obsesionados con la limpieza corporal y también por dentro. Quiero hacerme un detox, quiero limpiar, limpiar mi hígado, quiero limpiar mis intestinos, quiero limpiarme. ¿Cuánto? por favor, y no está mal, repito, aunque hay algunos niveles que creo que rayan con la obsesión. Pero cuánto interés tenemos en eso, en limpiar nuestro cuerpo. Y la gran pregunta es como en la historia de Mafalda, aquella curita ¿cómo te la pones en el alma, cómo puedes limpiar tu corazón, cómo puedes limpiar tu alma, cómo puedes limpiar tu memoria?

Recuerdo alguna vez un joven que se confesaba, yo no sé, tal vez tenía un poco más de veinte años en ese momento y me decía, desde los nueve años estoy viendo pornografía, mi cabeza está repleta, mi cabeza está a reventar de todas esas imágenes y fotos y películas y todo lo que he visto. Tenía la cabeza llena de todo eso y se preguntaba ¿qué puedo hacer para sacar eso? porque claro, todas esas imágenes se habían convertido en cadenas. Cadenas que le mantenían en pecados de impureza.

Este es el tiempo para buscar esa pureza. Y voy a dar tres recomendaciones breves. La primera recomendación proviene del mismo Cristo. Cristo dijo a sus apóstoles en la Última Cena, ustedes están limpios. Fíjate, los limpió. Ustedes están limpios. Y cómo están limpios por la palabra que yo les he dado. Escuchar la Palabra de Dios. Leer la Palabra de Dios. Memorizar la Palabra de Dios te purifica, te limpia, te va lavando por dentro. La fuerza de los buenos pensamientos expulsa los malos pensamientos. La fuerza de las buenas palabras expulsa las malas palabras. Ese es el primer recurso para lavarse, para limpiarse.

El segundo recurso que tal vez he debido decirlo primero es que, por supuesto, hay que cerrar cualquier entrada de más basura, de más porquería. Por ejemplo, en el caso de aquel muchacho que les conté que era adicto a aquellas imágenes y películas, la primera recomendación que cualquier sacerdote le hubiera dado, yo también le dije lo mismo, es lo primero, es arroje lejos de usted, bote lejos de usted toda revista, libro, sitio web, salga de todo eso, corte la fuente de la impureza. Si usted sigue abriendo esa fuente, pues sigue entrando esa agua pútrida que le tiene envenenado el corazón. O sea que realmente ese es el primer consejo. Cierre la llave del agua puerca, del agua negra, cierre esa llave. Segundo, ahora sí, el poder de la Palabra de Dios.

Y tercero, no se nos olvide que muchos santos han llamado al sacramento de la confesión el segundo bautismo, es decir, tu pureza está también en la confesión. La confesión no es solamente la expresión de lo que yo hice, es la promesa de lo que Dios quiere y puede hacer en mi vida. Así que, que sea la Cuaresma el tiempo en que lavamos el corazón, en que limpiamos la mente y en que llegamos renovados a celebrar la Pascua victoriosa de Cristo nuestro Señor. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM