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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dejar de pecar cuesta porque el mal trae su gusto y ventajas; hacer el bien cuesta porque somos cobardes y cómodos, porque está rodeado de sufrimiento y porque tenemos necesidad de retribución.
Homilía k022017a, predicada en 20210302, con 5 min. y 59 seg. 
Transcripción:
Hoy tenemos en la primera lectura uno de los textos más representativos de la espiritualidad de la Cuaresma. Porque si queremos resumir la espiritualidad de la Cuaresma en una sola palabra, es esa palabra que seguramente nos dijeron el Miércoles de Ceniza y que debe quedar como una especie de puerta que da entrada a todo el camino cuaresmal. ¿cuál es esa palabra? conviértete y cree en el Evangelio.
Conversión. Pues bien, ¿qué es convertirse? nos lo explica el profeta Isaías en la primera lectura de la misa de hoy ¿qué es convertirse? pues convertirse es dejar de obrar el mal y aprender a obrar el bien. Las dos cosas son difíciles. Dejar de obrar el mal es difícil. No porque nos guste mucho reconocer que estábamos haciendo las cosas mal. No por eso, sino que dejar de obrar el mal es algo que nos gusta por otra razón, es algo que nos cuesta, por otra razón, porque el mal trae su gusto. Si el mal no trajera algún tipo de ventaja, algún tipo de gusto, uno no pecaría. Pero nosotros pecamos porque el mal trae ventajas. Cada pecado trae alguna clase de ventaja. Y esas ventajas son las que de alguna manera nos amarran. Porque nos sentimos importantes, porque sentimos placer, porque creemos que hemos encontrado una ganancia, porque creemos que nos hemos liberado de un esfuerzo, fácilmente, muy, muy fácilmente. Nosotros caemos en esa trampa, en el gusto, que es lo que nos lleva a obrar el mal. Así que no es fácil dejar de obrar mal, pero a mí se me está ocurriendo y es una idea que traigo hace tiempo que tal vez es más difícil aprender a obrar el bien, que es lo otro que nos dice el profeta Isaías. Y por supuesto, es pieza clave en la espiritualidad de la Cuaresma. Aprender a obrar el bien.
Y quiero contarte tres razones por las que es difícil aprender a obrar el bien. La primera, porque muchos de nosotros somos cobardes y somos cómodos. Y por eso, cuando uno intenta hacer una cosa buena y no le sale a la primera vez, lo más sencillo es decir ves, yo no sirvo para esto, mejor no me complico la vida, dejo así. Y esa comodidad y esa cobardía luchan en contra nuestra para que de verdad aprendamos a obrar el bien. Pero si tú piensas en las cosas que realmente te han interesado en la vida, descubrirás que al principio no las sabías hacer muy bien, pero después fuiste aprendiendo y cada vez las hacías mejor. Pregúntale a un comerciante si desde el principio tuvo éxito. Seguro que tuvo errores. Seguro que cometió errores terribles. Y sin embargo, siguió intentando. Y sin embargo, siguió avanzando y siguió aprendiendo. Y se capacitó. Y quizás hoy es un gran comerciante y tiene unas cifras de ventas impresionantes. Pero él no empezó así. O sea que él tuvo la valentía de aprender. Por qué nosotros, por ejemplo, a veces queremos hacer algo bueno como hombre, yo voy a ayudar a tal persona con una corrección, pero llegamos quizás con el lenguaje que no es, o en el momento que no es, o no sabemos hablar o simplemente la otra persona se ofende, porque acuérdate que hoy todo el mundo nace ofendido y vive ofendido, entonces la otra persona se ofende y cuando la otra persona se ofende y nos lo hace saber, entonces, no, yo mejor no me meto con nadie, ya yo dejo de corregir y resulta que corregir a la otra persona con amor, por supuesto, es un acto de caridad, es un acto de misericordia, es una obra de misericordia. Entonces, primera razón por la que nos cuesta aprender a obrar el bien es porque somos cobardes y somos cómodos.
La segunda razón por la que nos cuesta es porque muchas veces el bien está rodeado de sufrimiento. Cristo dijo el que no tome su cruz cada día y me siga, no puede ser discípulo mío. Y hay verdadero sufrimiento. Hace poco estaba leyendo el relato de un misionero. Este es un hombre admirable. Es un misionero que quiere prestar su servicio en África. Pero sabemos que en muchos países de África no hay una mayoría, ni siquiera cristiana, mucho menos católica. Entonces les ponen todo tipo de trabas y esas trabas y esas dificultades, y esas persecuciones, y esas calumnias y esas ingratitudes, son como espinas que se vuelven contra nosotros y entonces nos cuesta trabajo aprender a hacer el bien. Y tercero, nos cuesta también trabajo aprender a hacer el bien. Creo que por otra razón, nos cuesta trabajo, porque cuando nosotros hacemos el bien y cuando nos damos cuenta que hemos hecho algo bueno, nuestro impulso natural es arruinarlo todo con la vanidad o con el orgullo. Mira la soberbia, la vanidad, la egolatría, el afán de ser importantes, Es decir, esa necesidad de caricia y retribución nos hacen muchísimo daño, porque el que esté buscando esas cosas nunca será verdadero discípulo de Cristo. Entonces, aprender a hacer el bien es difícil, porque hacer de verdad el bien implica una generosidad, un desprendimiento, una donación que no nos resulta nada sencillo. Pero no estamos solos en esa lucha. Tenemos a Cristo, nuestro Maestro, tenemos el ejemplo de tantos santos y santas y tenemos sobre todo el auxilio del Espíritu Santo. Así que ánimo.

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