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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Qué nos propone la Biblia para que nuestras obras sean coherentes con nuestras palabras?

Homilía k022011a, predicada en 20150303, con 4 min. y 9 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy, tomada del Capítulo Primero del profeta Isaías, nos recuerda algo que es sencillamente fundamental, prácticamente obvio para todo cristiano, y es que la fe no puede quedarse simplemente en palabras. En la misma línea va el Evangelio que hemos escuchado. Lo que fustiga, lo que critica el Señor en los fariseos es que no hacen lo que dicen y por eso la principal conversión, la conversión fundamental que necesitamos, es hacer concordes nuestras obras con nuestras palabras, entendiendo que nuestras palabras provienen de lo que nosotros mismos encontramos como bueno, deseable, razonable.

Descubrir con el pensamiento cómo podría ser mejor el mundo. Decirlo con palabras es relativamente es sencillo , pasar a las obras es lo que realmente cuesta más. Pero esto que acabo de decir yo diría que es bien admitido y es bien recordado por todos. Tal vez lo que se nos olvida es que si hay una palabra, una palabra que sirve de puente entre el decir y el hacer, no es la palabra más popular del mundo, pero sí es una palabra bien necesaria si queremos de verdad llegar al Evangelio y hacerlo parte de nuestra vida, es la palabra obediencia. La palabra obediencia para nosotros tiene que ver fundamentalmente con las cosas que hay que hacer, y eso es correcto. Pero en su origen, como hemos comentado otras veces, la palabra obediencia viene de audire, viene de oír con atención y con propósito. La escucha profunda, la escucha profunda es la que transforma nuestro corazón y la que transforma nuestro pensamiento.

Es muy interesante ver por ejemplo, en el Capítulo sexto del Deuteronomio, cómo lo primero que se le manda al pueblo de Israel es escucha. De hecho, lo que podríamos llamar el Credo de Israel va en ese sentido. Escucha Israel, porque cuando nosotros escuchamos estamos precisamente rindiéndonos ante la Palabra. Fíjate la diferencia entre el escuchar y el hablar. Cuando uno está hablando muy a menudo pretende imponer su palabra. Uno quiere ganar una discusión, uno quiere hacer que su palabra, la de uno, triunfe. Pero resulta que escuchar ya es un acto que le da la victoria a la palabra que recibo. Y por eso aquella persona que sabe escuchar, aquella persona que recibe la palabra, aquella persona que la acoge en su profundidad, ya le ha dado una primera victoria y a esa primera victoria le siguen otras.

Si hablo menos y escucho más, hay mayor victoria de la palabra en mi vida. Y la palabra que va venciendo en mi corazón y la palabra que va venciendo en mi mente, es la palabra que desde el centro mismo de mi propio ser, luego se convierte en acción. Y ese es el otro sentido, el más común del verbo obedecer. Ahí es cuando la palabra recibida se convierte en palabra que obra palabra eficaz. Pero es eficaz porque ha tenido primero poder en mí. Es eficaz porque primero la he escuchado en profundidad. Esa es la fórmula que nos da la Sagrada Escritura para no quedarnos simplemente en palabritas, sino pasar de las palabras a las obras.

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