Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El profeta denuncia con claridad el pecado pero anuncia con firmeza la esperanza de conversión y salvación.

Homilía k022010a, predicada en 20140318, con 3 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Para los israelitas, los pueblos de Sodoma y Gomorra eran lo peor que podían recordar. Mencionar a Sodoma y a Gomorra era mencionar la peor corrupción posible. Es el pecado llevado a su máxima expresión, el pecado que atrae la ira de Dios. En la primera lectura de hoy, el profeta Isaías da ese nombre a su propio pueblo. Dice esto; Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma. Está hablando a los jefes de su pueblo, y los llama príncipes de Sodoma. Sencillamente, no se puede pensar en un insulto más fuerte. Y luego les dice: Escucha la enseñanza, pueblo de Gomorra. No son solo los jefes, todo el pueblo está corrompido. Cuando uno escucha esta clase de palabras, uno entiende por qué a los profetas los odiaban. El profeta está denunciando el pecado de todo el pueblo y sus jefes.

Pero hay una diferencia con la historia de Sodoma y Gomorra. En la historia de estos dos pueblos corruptos todo acaba en destrucción. En cambio, Isaías dice esta palabra, lavaos, purificaos. Por una parte está denunciando el pecado, por otra parte, está anunciando esperanza. Les está diciendo, ustedes están muy mal, pero pueden cambiar. Por eso tenemos esta lectura en tiempo de Cuaresma. La Iglesia quiere que reconozcamos nuestros pecados, aunque sean pecados graves y vergonzosos, y sobre todo, quiere que tengamos esperanza. La Iglesia quiere que sepamos que se puede salir de lo profundo de la fosa. Esta es la primera enseñanza de hoy.

Hacia el final de la primera lectura tenemos otra enseñanza. El profeta le dice a su pueblo estas palabras; Si sabéis obedecer, comeréis lo sabroso de la tierra. El camino de la conversión es el camino de la obediencia. La rebeldía atrae muerte, la obediencia conduce a la vida. La docilidad del corazón nos pone en el camino de Dios y nuestra conversión tiene que empezar en el corazón. El propósito de cambio tiene que empezar adentro de nosotros con el deseo de ser dóciles al Señor. Lo mismo que el profeta Samuel, nosotros debemos decir, Habla Señor, que tu siervo escucha. Lo mismo que la Virgen María, nosotros debemos decir, Aquí está la esclava del Señor.

Con esa obediencia venceremos nuestras desobediencias y sobre todo, le daremos oportunidad a Dios de obrar en nuestra vida. No perdamos esta esperanza, no dejemos pasar esta oportunidad. El Señor ha ofrecido su misericordia y este es el día para aceptar esa misericordia. Amen.

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