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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aunque hubiera originalmente motivaciones razonables y buenas en escribas y fariseos, la incoherencia y la vanidad arruinaron sus proyectos de vida.
Homilía k022009a, predicada en 20140318, con 5 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Cualquiera que haya leído con atención los Evangelios se da cuenta que entre los principales opositores al ministerio de Cristo están los escribas y los fariseos. Los escribas tenían ese nombre por su capacidad de escribir, porque aquello de leer y escribir era una destreza que sólo pocos tenían en aquel tiempo. En nuestra época, donde por supuesto, se ha avanzado mucho en la enseñanza, para las multitudes las cosas son distintas. Pero los escribas no solamente sabían leer y escribir, sino que utilizaban esa destreza fundamentalmente para acercarse a la Palabra de Dios y para estudiar con admirable constancia y esfuerzo esa misma palabra. Y las explicaciones de los grandes maestros eran entonces la clase intelectual, eran los estudiosos, los sabios de la época. Los fariseos pertenecían a un mundo diferente pero relacionado. Lo más importante para el fariseo no era el estudio, sino la obediencia a la Palabra de Dios. Ellos consideraban que la razón por la que, el mundo está como está, o por la que Israel se encontraba en esa condición de humillación, si digo mejor, es por sus muchas infidelidades a la ley de Dios. Ellos creían que el reino de Dios sólo podría llegar si el pueblo de Dios volvía a obedecer a Dios. Pero aquí viene la relación con los escribas. Era necesario entonces estar muy seguros de cuáles son las correctas interpretaciones de la ley para saber qué es lo que hay que obedecer. Puede verse que la intención tanto de los escribas como de los fariseos podía en cierto sentido, ser buena. El escriba que quiere aprender de mente y de corazón la palabra, el fariseo que quiere practicar esa palabra hasta el último detalle de la voluntad de Dios. Ambas intenciones pueden ser muy buenas y por eso la pregunta surge ¿De dónde viene tanta oposición de ellos hacia Cristo? Y ¿De dónde viene también tanta dureza en las palabras de Cristo? Cuando se refiere particularmente a estos dos grupos, a los fariseos y los escribas. Y nos encontramos, yo creo que en el pasaje de hoy nos encontramos una gran explicación. Hay dos cosas que le fastidian enormemente a Cristo de estos dos grupos. En primer lugar, son unos incoherentes, sus palabras van por un lado, sus vidas van por otro lado. Hay una escisión, hay una fractura entre lo que dicen y lo que hacen. Y esta incoherencia significa también hipocresía y significa también un juicio implacable hacia los demás y una cantidad de permisos y una cantidad de privilegios para ellos mismos. Y eso no lo soporta Cristo. En segundo lugar, escribas y fariseos son víctimas de enorme vanidad. La autoridad que da el estudio y la autoridad que da un comportamiento moral supuestamente más elevado, se ha convertido en causa de orgullo, en causa de vanidad para ellos. Por eso Cristo no descarta por completo la intención de estos hombres. Fíjate cómo nos dice, hay que estar atentos. Se les puede hacer caso en lo que dicen, no en lo que hacen. Cristo trata de rescatar la buena intención que puede haber en fariseos o escribas, pero al mismo tiempo nos está advirtiendo sobre esos dos grandes enemigos que han echado a perder la obra de escribas y fariseos, y que pueden echar a perder también nuestra vida cristiana y en particular nuestro trabajo de Cuaresma. Cuidado con la incoherencia, hay que trabajar más en eso. Y cuidado con la vanidad que puede echar por la borda lo mejor de tus esfuerzos e incluso lo mejor de tus buenas intenciones.

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