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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El camino cuaresmal implica ejercer nuestra inteligencia, buscando lo verdadero, y ejercitar la voluntad, buscando lo bueno.
Homilía k022008a, predicada en 20130226, con 4 min. y 28 seg. 
Transcripción:
De acuerdo con la filosofía más clásica, en el ser humano hay dos grandes facultades, la inteligencia y la voluntad. Con nuestra inteligencia nos abrimos a la verdad y a la realidad del mundo. Puede decirse que la inteligencia tiene como objeto propio la verdad, lo verdadero. Cuando se ejerce bien la inteligencia, avanzamos en el camino de la verdad, de lo que es cierto. Y ese camino, ese peregrinar hacia la verdad, de algún modo, significa salir de nosotros mismos, porque es salir de las simples opiniones, de los gustos, las preferencias o las conveniencias. Lo que es verdad es verdad, sea que me guste o que no me guste lo que es verdad, es verdad, sea que me convenga o que no me convenga. Por otro lado, tenemos la facultad de la voluntad, con la voluntad hacemos primero aprecio del bien, lo amamos. El ámbito de la voluntad es el ámbito del amor, amamos. A través de la voluntad, amamos. Pero la voluntad no es sólo la parte afectiva. El aprecio que hacemos de lo bueno o de lo bello. La voluntad también es efectiva porque con nuestras decisiones y con aquello que finalmente ponemos en práctica, llega a hacerse realidad lo que queremos. El que ama no se queda simplemente amando, si de veras ama, se pone en camino. O sea que también la voluntad, de algún modo significa una peregrinación, significa un camino. Si, la verdad y si la voluntad son ambos como facultades que nos invitan a salir de la comodidad de una opinión y nos ponen en marcha hacia un bien mayor, pues qué importantes van a ser ambas inteligencia y voluntad en este camino que se llama la Cuaresma. Las lecturas de hoy nos ayudan a descubrir esto, por ejemplo, cuando el profeta Isaías dice allá en el Capítulo Primero de su libro; Aprended a obrar bien, dejad de obrar mal, esa es la primera lectura del día de hoy. Y cuando uno dice dejar de obrar el mal, significa que la voluntad tiene que dejar de aplicarse a los objetivos perversos o mediocres, o menores o sucios, y tiene que aprender a aplicarse a aquello que es valioso. Pero por supuesto, para eso necesita, en primer lugar, reconocerlo. Necesita, en primer lugar, llegar a ese bien, al bien mayor. O sea que la Cuaresma verdaderamente es ese gimnasio espiritual del que hemos venido hablando en otras ocasiones. ¿Estás utilizando tu cabeza? No lo tomes como un insulto. ¿Estás utilizando tu cabeza? No digo simplemente para hacer cosas. Por ejemplo, quizás eres un mecánico y sabes aplicar tu cabeza para arreglar un automóvil, o quizás eres médico y sabes cómo hacer una operación, o quizás eres abogado y sabes cómo contestar una querella, para eso te sirve la cabeza. Está bien, pero la aplicas también para el objetivo más importante de todos, es decir, para encontrar cuál es tu bien mayor, para eso usas tu cabeza. Y tu voluntad, esa voluntad que has fortalecido, por ejemplo, yendo al gimnasio, alzar las pesas. Esa voluntad la aplicas a aquello que dura para toda la eternidad. Por ejemplo, para amar a Dios con todo tu ser y para amar al prójimo como a ti mismo. Este es el tiempo, este es el tiempo para hacer ese ejercicio. Que el Señor nos lo conceda y que nosotros abramos amplio espacio a su gracia y su poder en nuestras vidas.

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