Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ya la incoherencia es un mal muy grande, pero peor aún es la situación del arrogante, que fácilmente cae en auto-engaño.

Homilía k022007a, predicada en 20120306, con 4 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Las palabras en este tiempo de Cuaresma, palabras que nos envía el amor de Dios a menudo pueden parecernos duras. Puede parecer que son un regaño, pero hay regaños que le salvan la vida a uno. Hay regaños que hacen posible que uno por fin suelte lo que debe soltar o deje lo que debe dejar. Un buen médico, creo que más de una vez tiene que regañar. Mi padre, por ejemplo, mi papá, ha tenido que tomar ciertas restricciones fuertes en su dieta. Debe controlar la presión arterial y tiene ciertas situaciones que reclaman una dieta muy especial. Por supuesto, cambiar los hábitos alimenticios no es fácil. Y entonces mi amado papá estaba haciendo un poco de trampa. Hacía muchas excepciones en su dieta, a excepción de la mañana, la del mediodía y la de la noche, y al otro día lo mismo. Y así no funciona.

En un momento dado, una de las personas que le ve una doctora tuvo que regañarlo, usted no puede seguir así. ¿Qué es lo que usted quiere hacer? ¿A dónde va con esto? Es un regaño, pero ese regaño está salvando la vida de mi padre. Hay regaños que salvan la vida. Ese regaño que proviene del amor, ese regaño que proviene del deseo de nuestro bien, ese regaño es muy valioso y bendito regaño. Pues así también Dios nos regaña a nosotros. Encontramos, por ejemplo, a Cristo regañando a los fariseos y los escribas quitándoles la máscara, quítate eso, eres un falso, eres un mentiroso, quítate eso. Ese es Cristo con los escribas y fariseos, lo que vemos hoy en el Capítulo veintitrés de San Mateo. Cómo les habla Cristo con esa claridad y les dice que no es así. Y le dice a la gente, ustedes no repitan lo que ellos están haciendo.

Es muy importante ver en qué consiste el regaño de Cristo, porque no es simplemente una explosión de mal genio. Cristo se puso, se dedicó, se puso bravo, no, no es simplemente un mal genio de Cristo. No es que Cristo había dormido mal esa noche. El regaño de Cristo apunta a dos cosas primero, la incoherencia. Por un lado van las palabras, por otro lado van los hechos. Y esto, con toda razón, lo critica muchas veces la gente, por ejemplo en nosotros, sacerdotes. De ahí el refrán el cura predica pero no aplica. Pues ese disgusto que tú sientes ante la incoherencia del sacerdote, ese disgusto lo siente Cristo frente a las autoridades, especialmente autoridades religiosas de su tiempo. Pero esa es solo la mitad.

Cristo critica la incoherencia, pero critica también otra cosa, la arrogancia, porque incoherentes tal vez hemos sido todos o somos todos. Yo creo que una persona que no tuviera ninguna incoherencia, pues tendría que ser una persona de una virtud tan perfecta que tendríamos que llamarle un santo acabado, un santo perfecto. Eso no lo tenemos con frecuencia, creo yo. O sea que incoherentes tal vez somos todos, pero el peligro es cuando se junta la incoherencia con la arrogancia, porque la arrogancia se convierte en una coraza de autojustificación. Y eso es lo que hace más dura la tarea de Cristo con este tipo de personas. Y por eso Cristo tiene, por decirlo así, que dispararles mucho más fuerte. Pero es por amor, porque hay que romper esa coraza de autoengaño, esa manera que tenemos de autojustificarnos.

Y resulta que los escribas y fariseos se habían puesto esa coraza a base de títulos, yo soy consejero, yo soy maestro, yo sé mucho. ¡Qué peligro, ese modo de hablar! Más bien hemos de reconocernos discípulos de aquel que verdaderamente puede mostrarnos el camino Cristo Jesús.

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