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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Convertirse es dejar el mal pero eso no significa que uno esté listo para obrar el bien. El bien hay que aprenderlo, con formación y discernimiento. La conversión, además, debe estar marcada por la esperanza y la coherencia.
Homilía k022005a, predicada en 20110322, con 4 min. y 26 seg. 
Transcripción:
La Cuaresma entera, podemos decir que es una gran catequesis sobre la conversión. Y esto es importante porque la primera palabra que Cristo pronuncia en el Evangelio en la versión de San Marcos es convertíos. De modo que aceptar la Cuaresma, vivir la Cuaresma y entrar en conversión, es entrar en el Evangelio, querer omitir la Cuaresma, rechazar la conversión, es rechazar el Evangelio. Pero necesitamos enseñanza, necesitamos luz, sobre ¿Qué quiere decir esto de convertirse? Isaías, en el Capítulo Primero de su libro, nos da una serie de pautas. Por ejemplo, dejad de obrar mal, aprended a obrar bien. Esta es una estrategia general, es una línea general sobre lo que quiere decir convertirse. Hay que identificar lo que se está haciendo mal y dejar de hacerlo. Pero observa el verbo que sigue. Aprended a obrar bien. El hecho de que se hable de aprender sugiere que uno muchas veces no sabe obrar el bien. Uno muchas veces no sabe cómo hacer las cosas bien. Por eso, convertirse no es tan sencillo como empezar a hacer el bien. Hay que empezar por aprender a hacerlo y aprender a hacer el bien muchas veces implica que nuestros pensamientos, nuestras costumbres, incluso nuestras amistades y los lugares que frecuentamos, tienen que cambiar. Hay un dicho que es frecuente en el mundo de Alcohólicos Anónimos, esa gran institución que ha rescatado a tanta gente del vicio del alcohol. Se dice en Alcohólicos Anónimos, si sigues haciendo lo mismo, seguirás obteniendo lo mismo. Por eso, aprender a hacer el bien es empezar a seleccionar qué partes de mi vida tienen que cambiar. Y es también aprender a conocerse uno, porque el bien que cada uno de nosotros puede hacer no necesariamente es igual al bien de otras personas. Otra cosa que hay que destacar en la conversión es que debe estar marcada por la esperanza. El rojo más intenso que se encuentra en la naturaleza es el escarlata, rojo escarlata. Y nos dice el profeta Isaías, aunque así de escandalosos sean tus pecados, Dios los puede limpiar, y tú puedes quedar reluciente, blanco como la nieve. Es decir, tenemos que partir de la certeza de que el Señor es poderoso y que si nosotros nos ponemos de parte del Señor, él se pone de parte nuestra. Pero hay un último consejo muy necesario: nuestro esfuerzo tiene que estar marcado por la coherencia. No bastan las palabras, necesitamos obras. Jesucristo en el Evangelio según San Mateo, el Evangelio de hoy critica precisamente a los fariseos y a los maestros de la ley, porque ellos dicen pero no hacen. Esto indica que nuestro proceso de conversión no puede tolerar ninguna distancia entre el decir y el hacer, como se dice popularmente en algunas partes. Esto es, diciendo y haciendo, no abundes en palabras, sino que tus palabras vayan acompañando a tus obras, dejando de obrar el mal, empezando a obrar el bien y teniendo una gran confianza. El Señor no te va a dejar en tu empeño y tú vas a tener la victoria.

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