Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios, Administrador de todo, de las alegrías y de las humillaciones.

Homilía k022002a, predicada en 20000321, con 8 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Conocemos, desde luego, la frase de Cristo, esa que cierra el Evangelio de hoy; el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Pero como uno no, se humilla mucho, entonces Dios ayuda un poco humillándolo. Ese es un acto de caridad que Dios hace, pero que uno tarda mucho tiempo en descubrir. Claro, el ideal sería que fuera uno mismo, el que se pusiera en el sitio que le corresponde, pero como uno no hace eso fácilmente, entonces Dios le mueve el butaco, de manera que la persona llegue a su sitio. Ya, una vez que la persona llegó a su sitio y descubrió su realidad, entonces puede cumplirse este evangelio.

Es un acto de amor, un acto de amor que Dios tiene, y por eso esa Primera lectura dice Isaías; Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma. Y Sodoma ya había desaparecido hacía mucho tiempo. A quién le está hablando, a los jefes de Judá. Son los jefes de Judá, a ellos les está hablando. Y cómo los llama príncipes de Sodoma, teniendo en cuenta todas las aberraciones y pecados de estos dos pueblos. Pues qué terrible es el lenguaje de Isaías llamar príncipes de Sodoma a los jefes y llamar pueblo de Gomorra a sus hermanos. Son palabras humillantes, se trata de una humillación, evidentemente. Pero esa humillación en este caso, se inscribe en la caridad, esa caridad que hace que Dios, de vez en cuando a uno lo lleve hasta el suelo, lo lleve hasta el piso. ¿Por qué? Porque como uno no se lleva, por allá, entonces Dios lo lleva para que uno pueda recibir la bendición propia del Evangelio.

Una vez que está humillado, entonces puede descubrir, puede descubrir él la obra de Dios que lo enaltece, que lo levanta. Es difícil descubrir a Dios como fuerza que lo levanta a uno. Cuando uno se levanta, uno solo para descubrir que Dios lo levanta, uno tiene que descubrir su caída. Pero como no la descubre, entonces Dios también pone trabas a nuestros planes y eso lo hace por amor. Dios le complica a uno la vida, le soba la paciencia, le entraba a las cosas de manera que uno sienta que no puede. Cuando ya uno vio que no podía, entonces de pronto levanta la cabeza y ya se da cuenta de que la lógica es otra, de que el plan de Dios es otro. Lo que él hizo con los carros de los egipcios, eso también lo hace con uno. Cuando uno va en el camino, que no es, por ejemplo, persiguiendo a los inocentes, hablando mal de los que son, de los que carecen de culpa, o en cualquier otra de esas tonterías donde uno pierde el tiempo, pues Dios lo entorpece a uno las ruedas de los carros y uno se estanca y patina y no le salen las cosas.

Una persona inteligente lo que tiene que hacer en estos casos es decir bueno, Dios me está tratando como si yo fuera un príncipe de Sodoma, me está tratando como si yo fuera pueblo de Gomorra. ¿A qué se deberá? Como decía un predicador, si tú y Dios están lejos. ¿Quién se alejó? Te das cuenta, las tiene que hacer uno. A ver ¿Quién se alejó de quién? ¿Quién será el que perdió el camino? ¿Será que Dios anda descaminado por ahí? Anda perdido y tengo yo que orientarlo, o tal vez será como al revés, el que está perdido soy yo. Y si las cosas no salen por ningún lado, y si todo se entorpece y todo centrada. Pues probablemente, como decía mi papá con sabiduría. Tal vez la respuesta es no, es que la respuesta no tiene que ser sí todo el tiempo.

Si uno le dice a Dios dame tal cosa, y ¿Por qué será que Dios no me lo concede? Dame, pero no me lo concede, señor. La respuesta es no, es que la respuesta no tenía que ser todas las veces que sí. Si nuestra voluntad es concorde con la de Dios, en ese caso, la respuesta será sí. Y se aplica el texto del Evangelio; Pedid y se os dará. Se lo explica muy bien el Salmo aquel, sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Pero hay que ver si el Señor es tu delicia, porque si tu delicia es otra cosa, seguramente tu pides y pides y no, y no se puede. Y la respuesta es que no, entonces uno hace como el Señor.

El señor que fue a un aeropuerto y se encontró con una máquina que adivinaba, daba el peso y adivinaba quién era la persona. Y se pesa la persona y le dice bueno, usted está pesando, por ejemplo, setenta y cinco kilos y usted se llama Juan Pérez y usted es antioqueño y trabaja en no sé qué, le dio la hoja de vida. Y dice el hombre esto sí es imposible. Volvió al rato, se cambió de ropa, se puso un sombrero y una barba falsa y la máquina vuelve y le dice usted, Juan Pérez, usted es antioqueño, usted trabaja en no sé qué. Y así hizo dos o tres cambios, hasta que finalmente le dice la máquina, usted es Juan Pérez, es antioqueño, trabaja en no se donde y ya lo dejó el avión por estar jugando.

La respuesta es no. A veces uno intenta, como por un lado y por otro, como dice, lanzándose a la máquina, ¿No? A ver si será que si hago la novena Invencible de San José, ya que dicen tantas cosas de San José, si hago la novena invencible, será que si hago este ayuno, será que si hago esta oración, Será que si hago. Y uno está como disfrazándose de Dios y le sale por la izquierda, le sale por la derecha.

Dios nos conoce, Dios nos conoce, a Dios no se le arrancan los milagros a fuerza de a fuerza de dorarle la píldora y de planteárselo de mil maneras. De modo que, de modo que, mis queridos hermanos, necesitamos pedirle a Dios nuestro Señor que siga administrando nuestra vida. Él es el que administra, los administra no solamente las cosas, Dios administra las alegrías, Dios administra las humillaciones. Él sabe, por ejemplo, bueno, de aquí a tres meses a esta hermana toca darle su buena retacada, ya Dios lo sabe, necesita y ese mismo Dios administra a todos nosotros.

No creamos que Dios va nada más lo que a uno le parece bueno o bien no nada más lo que le llegue directamente no, Dios sabe todo lo que uno necesita. A ver cómo va a ser el final para el final de la vida de esta hermana lo mejor es una enfermedad dolorosa y prolongada. Ya eso es él quien está ese determinado, ese determinado plan está disponiendo el administrador de pedirle a Dios que siga administrando nuestra vida. Él es el que sabe qué es lo que necesita. Esta otra persona necesita ser consolada. Hay que consolar. Vamos a enviar un tiempo de consuelo, de alegría, de fortaleza, vamos a enviar dones, vamos a darle. Dios va otorgando en cada momento lo que hace falta en cada momento. Y uno le dice bueno, Señor, y para el año entrante ¿Qué has pensado? Pues es que ya no hay año entrante para usted. Yo le tengo noticias, usted no piense mucho en años entrantes, sino organícese, procure dejar las cositas en orden, porque ya lo que fue, fue.

Pidámosle a Dios nuestro Señor, pues que organice nuestra vida, que tengamos nosotros sabiduría para apreciar los bienes y para sacar el fruto bueno incluso de los males.

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