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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No todo lo que hacemos son errores, defectos o equivocaciones; hay desobediencia, pecado, rebeldía en nuestra voluntad; por eso es necesario educarla, para obrar rectamente y corregir lo que hemos hecho mal.
Homilía k021020a, predicada en 20260302, con 6 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Es muy importante, amigos, que no dejemos pasar esta Cuaresma sin aprender lo grave que es la desobediencia. Y las bendiciones que trae la obediencia es el tema principal de las lecturas de hoy. La desobediencia. Desobediencia a Dios fundamentalmente tiene graves consecuencias y la obediencia trae grandes bendiciones. Ese es el resumen.
Fíjate cómo la primera lectura tomada del profeta Daniel es fundamentalmente una confesión de pecados. Pero hay que distinguir muy bien lo que es, por ejemplo, un error, porque uno puede tener errores, lo que es un defecto, porque uno puede tener defectos, lo que es una equivocación es algo muy parecido a un error y lo que es un pecado, no son cosas iguales. Atención, no son cosas iguales.
Cuando nosotros hablamos de un error, puede ser simplemente falta de conocimiento. Por ejemplo, una persona está en un país extraño y no sabe que está prohibido, cuando está el semáforo en rojo, está prohibido girar a la derecha, porque resulta que en unos países y en algunos lugares, cuando el semáforo está en rojo se puede girar hacia la derecha y en otros países no, pero la persona no sabe esto y entonces la persona hace ese giro y por supuesto ha hecho algo que es inadecuado. Pero ese es un error. Simplemente no lo sabía, no tenía conciencia de eso. Fíjate que cuando hay un error propiamente no hay culpa, porque la persona simplemente desconocía.
Ahora miremos el caso del defecto. Una persona puede tener un defecto, ya que estamos hablando de asuntos de tráfico y de movimiento a través de vehículos, pues piensa lo que le puede suceder a una persona daltónica. Sabemos que el daltonismo, que no es una sola condición, sino que incluye distintas condiciones, básicamente se caracteriza por una confusión en los receptores de color en la retina, de tal manera que la persona daltónica no ve los colores como lo vemos la mayoría de las personas. Tiene esa situación en cuanto a sus ojos. Ese es un defecto visual que tiene la persona y por consiguiente esa persona porque tiene ese defecto, pues habrá cosas que se le dificulten más. O tal vez hay cosas que las hace de una manera equivocada. Pues precisamente porque tiene ese defecto. Observa que cuando hay un defecto no hay culpa. Cuando hay un error, no hay culpa.
En cambio, cuando nosotros hablamos de pecado, sí hay responsabilidad y por lo tanto también hay culpa. Y es bien interesante ver en el texto del profeta Daniel cómo en esta confesión de pecados, la palabra que se repite es la palabra desobediencia. Porque la desobediencia supone que yo conocía lo que había que hacer. Yo sabía que era lo que había que hacer, pero no lo hice. Es decir, hay una rebelión de parte de mi voluntad. Y esa rebeldía de mi voluntad, pues es precisamente lo que luego trae una responsabilidad y trae una culpa que puede ser menor o que puede ser mayor.
No se supone, por ejemplo, que una persona adulta desconozca, pues que yo no debo robar si estoy en un mercado, en un supermercado, si la persona por hacer un juego o por cualquier otra causa no justificada sustrae algo, pues hay una responsabilidad y hay una culpa. Puede que sea una culpa menor o una culpa mayor, pero hay una culpa. Y si hay una culpa, hay algo que tiene que ser reparado. Esto es realmente muy importante porque este es el principio de la justicia. Es decir, así es como se pone la vida en orden. Para poner la vida en orden, necesitamos asumir las responsabilidades y necesitamos corregir lo que hemos torcido.
¿Has pensado de dónde viene la palabra corregir? Corregir es volver a la regula, volver a la regla. Lo que es recto no tiene que ser corregido, mientras que lo que está torcido tiene que ser corregido, es decir, volver a lo recto.
En nuestro mundo, si hay algo que desalienta es que el mal acontece impunemente. ¿Qué es la corrupción?, esa corrupción de la que todos nos quejamos. Corrupción en el gobierno, corrupción en la economía, corrupción en los jueces, corrupción en la Iglesia. ¿Qué es lo que nos duele? ¿Qué es lo que nos indigna tanto? Que las cosas no se corrigen. Pero la única manera de que las cosas se corrijan es asumiendo responsabilidades. La única manera de que las cosas se corrijan es darse cuenta. Mira, había un camino que era el que yo tenía que seguir. Y seguir un camino se llama obedecer. Eso es obedecer. Yo tenía que seguir ese camino. Yo tenía unas responsabilidades como juez, como empresario, como presidente de la República, como sacerdote, como escritor.
Yo tengo unas responsabilidades, yo tengo un camino y no he seguido ese camino. Por consiguiente, he obrado en desobediencia y como he obrado en desobediencia, pues he producido mucho daño y como he producido mucho daño, tengo que reconocer. Eso es lo que nos enseña la primera lectura. Reconocer mi responsabilidad y después de reconocer que soy responsable, pues es necesario corregir, es decir, volver a lo recto. Ese es el camino que propone la Cuaresma.
No digas que todos fueron errores y que todos fueron defectos y que todos fueron equivocaciones. No, hay desobediencia, hay rebeldía en nuestra voluntad y hay que educar la voluntad y hay que trabajar en nuestra voluntad para hacer las cosas de una manera recta y para corregir lo que hemos hecho mal. Fíjate cómo la Cuaresma tiene una fuerza transformante, una fuerza bellísima, una fuerza de cambio. No la pierdas, no pierdas esta Cuaresma. Estás a tiempo todavía para dar los pasos y para no perder tu Cuaresma. Que Dios te bendiga.

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