Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Cuaresma abre a la puerta al arrepentimiento y a la confianza: al arrepentimiento, que es la entrada a la verdad de tu vida, y a la misericordia, que es la revelación de la verdad de Dios.

Homilía k021019a, predicada en 20250317, con 5 min. y 25 seg.

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Transcripción:

A mí me gusta decir, hermanos, que la Cuaresma es como una puerta y te voy a decir por qué. Primero, porque la puerta no es un lugar donde uno se quede. Uno pasa a través de la puerta. Por ejemplo, cuando estamos en un año de jubileo, están estas puertas santas. Pero uno no se queda en la puerta. Uno pasa a través de la puerta para entrar, por ejemplo, a la casa de Dios, para entrar a la asamblea de los creyentes.

Entonces la puerta no es un lugar donde uno se queda y la Cuaresma no es un lugar donde uno se queda. Es una puerta, una puerta que conduce al misterio que celebramos en la Semana Santa, especialmente en el Triduo Pascual, y que nos abre hacia esa luz de esperanza y de alegría que es la Pascua.

En segundo lugar, una puerta es como, como una esperanza, como una oportunidad. Fíjate que cuando una persona está muy mal de ánimo y tal vez alguien que escuche estas palabras se siente así. Cuando una persona está muy, muy mal de ánimo, esa persona se siente como atrapada, como encerrada. Y fíjate lo que dice una persona que está muy mal de ánimo, dice es que no veo una salida. Y ¿qué es lo que ofrece una puerta? Una puerta ofrece eso. Ofrece una salida. Es una oportunidad.

La Cuaresma es la oportunidad para que nosotros salgamos. ¿Salgamos de qué? salgamos de nuestras mediocridades. Salgamos de nuestra tibieza, salgamos de nuestros vicios, salgamos de nuestros resentimientos, salgamos de nuestras esclavitudes. Y yo podría seguir la lista, pero mejor la continúas tú. Entonces la Cuaresma es una puerta. Una puerta que tiene que abrirse para nosotros. Y ¿cómo se abre? Se abre con dos palabras que aparecen muy claramente en la primera lectura de hoy, tomada del libro del profeta Daniel en el capítulo nueve. Y esas dos palabras son arrepentimiento y confianza.

Arrepentimiento porque somos pecadores y confianza porque Dios es misericordioso. Arrepentimiento porque nosotros hemos fallado y hemos sido infieles. Confianza porque hay uno que nunca falla y que permanece fiel, que es Dios nuestro Señor. Arrepentimiento que significa la entrada de la verdad en nuestra vida. Fíjate, por ejemplo, esas palabras con las que habla Daniel y dice Nosotros hemos pecado, nosotros hemos fallado la verdad y la realidad es que somos unos pecadores. El arrepentimiento es la entrada de la verdad en tu vida. Ese es el arrepentimiento.

¿Y la misericordia qué es? Es la revelación de la verdad de Dios. Ese Dios que es lento a la ira y rico en clemencia, ese Dios que dijo Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Ese es el Dios bendito. Esa es la verdad del Dios bendito que se muestra en la misericordia. Entonces te pregunto si tú quieres entrar por esa puerta, te pregunto si tú quieres mover, mover ese picaporte, esa manija que se mueve con el arrepentimiento y con la confianza. Dime si estás dispuesto a abrir esa puerta. Dime si estás dispuesto a recibir la bondad de Dios que te está aguardando a la puerta. Recuerdas Apocalipsis, capítulo tres, donde dice Jesús: Estoy a la puerta y llamo. O te acuerdas cuando Él dijo, capítulo décimo de San Juan Yo soy la puerta. ¿Estamos dispuestos a entrar por esa puerta?

La condición es deja que la verdad resida en ti. Deja que la verdad habite en tu corazón. Deja de estarte justificando de todo. Admite tu condición de pecador para admitir que Dios tiene condición de perdonador, capaz de transformarnos. No tiene sentido justificar nuestros pecados. No tiene sentido decir simplemente yo soy así. Dios me hizo así. Dios me acepta así. Yo no puedo cambiar nada. Deja de estar diciendo esas palabras. El Dios que crea de la nada, el Dios que, como dice la carta a los Hebreos, llama lo que no existe para que exista, tiene suficiente poder para transformar lo que ya existe, como tú o como yo.

Así que a entrar por esta puerta Santa a entrar por la puerta del arrepentimiento y la confianza para poder proclamar después me estuvo bien el sufrir, porque así aprendí tus justos mandamientos, o para también proclamar Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Amén.

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