Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Decirle a una persona que no tiene de que arrepentirse es lo mismo que cerrarle la puerta de la auténtica la misericordia.

Homilía k021018a, predicada en 20240227, con 7 min. y 29 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Nuestro mensaje el día de hoy es bien sencillo y directo. La puerta de la misericordia la empuja el don del arrepentimiento. ¿Quién no quiere experimentar esa misericordia? Solo hay un requisito el arrepentimiento. Yo creo que de este pensamiento tan directo y tan claro vamos a sacar tres aplicaciones. Primera del tiempo de Jesús. Segunda, con respecto a los ángeles caídos. Y tercera con respecto a nuestro tiempo.

Hablemos del tiempo de Jesús. Jesús abre ampliamente su corazón. Bendito Corazón de Cristo. Venid a mí los que estáis cansados y agobiados. En ese corazón sagrado del Señor, ahí caben todos, pero no quieren entrar todos. Hay una condición y Él mismo lo dijo. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos. ¿Qué quieren decir esas palabras? Quieren decir que el que se considere demasiado sano no entrará al recinto bendito y amable del Corazón de Jesús. El que se considere bueno y yo no tengo de qué arrepentirme. Y yo no tengo pecado y yo no necesito. Jamás entrará al recinto del Corazón de Jesús.

La puerta de la misericordia la empujas con el arrepentimiento. Está abierta, solo basta que empujes un poquito, pero hay que empujar con el arrepentimiento. Y muchos del tiempo de Cristo no lo hicieron, no lo hicieron. Cuando Él decía, por ejemplo, en la parábola del hijo pródigo que había un hijo mayor que se enorgullecía y se llenaba la boca diciendo nunca he desobedecido una orden tuya. Ese no entró a la fiesta, ese no experimentó la misericordia.

Entonces, fariseos y escribas, y seguramente saduceos, y otras personas, los que estaban muy seguros de sí mismos, los que estaban justificados ante sus propios ojos, esos no conocieron la misericordia. La puerta de la misericordia hay que darle un empujón. Y ese empujón es el arrepentimiento. Y mucha gente sentía que no tenía de qué arrepentirse. Por eso tampoco comprendieron la predicación de Juan Bautista.

Miremos lo que esto tiene que ver con los ángeles caídos. Algunas personas pretenden presentar como un defecto de la misericordia de Dios que el infierno sea eterno. Incluso grandes mentes como la de un presbítero llamado Orígenes por allá a la altura del siglo tercero. O quizás no fue él sino sus discípulos. Allí hay discusión entre los expertos. Pero este Orígenes o sus discípulos decían que al final no podía haber infierno. Pero es que lo que hace eterno el infierno no es una escasez de misericordia, sino un exceso de obstinación en la arrogancia y en la soberbia por parte de los ángeles caídos y de los seres humanos que hayan llegado a ese extremo.

Entonces, no es que le falte misericordia a Dios, es que el arrepentimiento es imposible para estos ángeles caídos. Eso es lo que hace eterno el infierno. Eterno es el amor de Dios, infinita es su bondad. Pero sin la puerta del arrepentimiento que se vuelve cada vez más difícil cuanto más crece la soberbia y que se vuelve imposible cuando la soberbia lo domina todo. Ahí no hay nada, no hay nada que hacer.

Veamos cómo sucede esto en nuestro tiempo. En nuestro tiempo estamos en grave peligro porque hay mucha confusión con la palabra misericordia, y esto lo hemos comentado muchas veces y también muchos otros sacerdotes. Fíjate, por ejemplo, esa idea de bendecir a parejas que están viviendo en pecado. Y el grave problema que tenemos es que el documento oficial del Vaticano dice bendición de parejas. Luego intentan cambiar las palabras y dicen bendición de personas que se aman, pero por Dios, ¿se aman? ¿cómo se aman? ¿cómo? ¿qué tipo de amor es ese? Es que no todo amor es grato a Dios. Existe el amor codicioso al dinero, existe el amor pervertido de la lujuria, en fin, es un desastre. Todo eso qué tiene que ver con las bendiciones de parejas irregulares.

Quiero destacar con respecto a la primera lectura de hoy, que es la que nos habla del arrepentimiento y el perdón. Quiero destacar el daño tan grande que se le está haciendo a las personas que viven en este pecado, porque básicamente lo que se les está diciendo es no tienen que arrepentirse y decirle a una persona que no tiene que arrepentirse es lo mismo que cerrarle la puerta de la misericordia, de la auténtica misericordia, de la verdadera misericordia, no del permiso mental que se le pretende dar a algunos pecadores para que sigan en pecado. Mira lo grave que es esto. Y es como contradictorio, porque a veces cuando un sacerdote predica así de una manera un poco dura, un poco robusta, denunciando el pecado, ¡hay le falta misericordia!. Puede que sea al revés.

Es muy posible que el verdaderamente misericordioso sea aquel que está denunciando el pecado porque quiere llevarte al arrepentimiento, que es el único que empuja la puerta para que entres en la verdadera misericordia. Mientras que el otro, que parece todo sonrisitas, sonrisitas por aquí, sonrisitas por allá, en realidad está siendo terriblemente cruel, porque al no invitarte al arrepentimiento, te está cerrando la puerta de la verdadera misericordia. Qué profundo es todo esto. Aprovechémoslo y vivámoslo en Cuaresma. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM