Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Llénate de verdad y de bondad para que lo que des y lo que recibas sea bueno.

Homilía k021011a, predicada en 20180226, con 6 min. y 37 seg.

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Transcripción:

Evangelio de hoy está tomado de San Lucas en el capítulo sexto. Contiene una serie de recomendaciones, de exhortaciones y mandatos de Cristo. Nos invita a ser compasivos, nos invita a perdonar, nos invita a no juzgar, a no condenar. Pero lo interesante es que en cada una de estas frases, casi en cada una de estas recomendaciones, Cristo lo que viene a decirnos es lo que tú hagas, después te lo van a hacer a ti. Lo que tú hagas después te va a suceder. Es como una combinación entre la voz activa y la voz pasiva. Tú amas y vas a ser amado. Tú perdonas, vas a ser perdonado. Tú no juzgas, no vas a ser juzgado.

Cada vez que aparece este verbo juzgar, hay que hacer una pequeña aclaración, porque lamentablemente en nuestra época muchas personas se quedan con la aplicación de este verbo a las situaciones afectivas y sexuales. ¡No juzgue, no juzgues! Es un malentendido que nunca debió darse en la Iglesia. Pero bueno, aprovechemos para aclarar cosas.

En la Biblia, el que puede definir el destino de una persona es Dios, y el acto de definir, qué va a suceder con alguien, es lo que la Biblia llama juzgar. En la Biblia no hay muchos jueces. El juez por excelencia es Dios, que es el Señor y que es el Rey. La Biblia no conoce esa separación de poderes entre ejecutivo, legislativo y judicial. En la Biblia el único que es grande y poderoso es Dios y solamente Él es el Señor. Por eso todo juicio finalmente se remite a Dios y por eso juzgar significa definir el destino de una persona.

O sea que cuando Cristo dice No juzgues, lo que está diciendo es no pretendas conocer, ni mucho menos definir el destino final de nadie. Eso le corresponde a Dios. Eso no te corresponde a ti. No debemos entender las palabras de Cristo en el sentido de que uno no puede opinar del comportamiento de otros, porque de hecho la Biblia misma, empezando por el ejemplo de Cristo, tiene una gran cantidad de opiniones sobre comportamientos. Cuando Cristo dice, por ejemplo, a los fariseos que son hipócritas, cuando dice a los escribas que han retenido el saber, cuando nos invita a que no seamos egoístas, cuando nos dice ustedes son malos, aunque saben dar cosas buenas a sus hijos. Todos esos serían entre comillas, juicios.

O sea que para que nos entendamos y para no seguir con estos malos entendidos. Lo de no juzgar quiere decir tú no sabes qué va a pasar al fin con esa persona. Pero no debemos entender lo de no juzgar en el sentido de que uno no puede opinar sobre comportamientos. De hecho, las mismas personas que dicen estás juzgando al decir estás juzgando, nos están juzgando. Y además las acciones que no queremos que sean juzgadas, esas acciones que no queremos que sean juzgadas, pertenecen a una cierta actividad. Lo que tiene que ver con afecto y con sexo.

Todo el mundo estará de acuerdo en que, por ejemplo, robar dineros públicos, secuestrar, asesinar, abusar de niños, defraudar el fisco, estafar personas, ser envidioso, introducir intrigas, decir mentiras. Todo eso está mal. Entonces, si pillamos a un político, por ejemplo, diciendo mentiras, si pillamos a un médico cobrando más de lo que es justo, no diremos ¡cállate, cállate!, no puedes opinar porque si opinas, estarás juzgándolo. Parece que le hemos puesto corona a ciertos pecados y los hemos vuelto intocables. Lo que tiene que ver con el sexo. Así que espero que se pueda terminar ese terrible malentendido en la Iglesia, porque repito, no es entender bien las palabras de la Escritura y sobre todo, es un recurso retórico que se utiliza solo con las cuestiones de afecto y de sexo.

Pero volvamos al tema principal. Y el tema principal es que lo que yo haga después me va a suceder a mí. ¿Cómo debemos entender esto? Cuando Cristo dice Sean compasivos y ustedes van a encontrar compasión, cuando dice no condenen y ustedes no van a ser condenados. ¿Qué quiere decir eso? Lo que quiere decir es que cada uno de nosotros en el fondo es un canal. Y lo que dejes pasar por ti, eso es lo que te va a suceder a ti. Tú no eres la fuente del amor.

De manera que si tú puedes dar verdadero amor a otra persona, a otras personas, ese amor que tú estás dando es también el amor que estás recibiendo, porque tú no eres el manantial. Lo que tienes lo recibes. Pero si por el contrario, te dejas llenar de odio, el odio que tú das a otros, es odio que ya te está entrando a ti. Tú no eres la fuente, tú eres un canal y por eso puedes entender muy bien que lo que estés dando corresponde también a lo que estás recibiendo. Llénate entonces de verdad y de bondad, y entonces lo que tú des será bueno, y lo que llegue a ti será bueno.

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