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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Desafíos, heridas y traumas existen. Pero también existe algo que se llama PECADO.
Homilía k021006a, predicada en 20130225, con 4 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Dentro del lenguaje de nuestra fe hay una palabra que creo que la estamos evitando demasiado. Es la palabra pecado. Me parece que hoy casi no se habla del pecado. Se habla de los traumas que la gente tiene, las dificultades que ha encontrado, los enormes desafíos que enfrenta, las heridas emocionales que trae, las circunstancias difíciles que atraviesa, los errores que comete, las malas tendencias que le vienen de sus genes o de su herencia. Y todo eso es verdad, todo eso existe. Las circunstancias, la herencia, las heridas, los traumas. Pero también existe otra cosa y esa es la que está en el ámbito de mi libertad. Y esa realidad se llama el pecado. La Cuaresma, entre otras cosas, es una preciosa catequesis sobre el pecado. El pecado existe y el pecado destruye. Tal vez algún especialista de la salud podría preguntarnos pero ¿Qué espacio queda para eso que usted llama pecado? Sabiendo que hay tantos condicionamientos en el ser humano, cosa que repito, es cierta, hay condicionamientos genéticos, condicionamientos culturales, condicionamientos mentales, condicionamientos por la historia personal. Por ejemplo, lo que solemos llamar heridas o traumas. Entonces, tal vez algún psicólogo podría preguntarnos si todo eso es cierto, ¿En dónde queda lo que usted llama pecado? Y lo que tenemos que decir es que todos esos condicionamientos, según su nombre indica, son condiciones que reducen, pero que no anulan el espacio de libertad. Por ejemplo, uno ha conocido personas que han tenido una infancia muy difícil y que en medio de esa agresividad y ese mal ambiente que tuvieron cuando niños llegaron a una conclusión yo no quiero repetir esta historia. Otro niño que haya pasado por lo mismo puede, en cambio, decir como a mí me han maltratado, yo maltrato. Son dos posibilidades, aunque uno haya recibido tantos dolores o decepciones o heridas. Todas esas heridas y decepciones no determinan todo lo que yo puedo decidir. Siempre hay un espacio de decisión para el ser humano y en ese espacio de libertad se configura la virtud o se configura el pecado. Qué importante recordar esto, cuando los textos de la Biblia nos hablan el día de hoy, de la importancia de pedir perdón y de la importancia de perdonar. Qué importante recordarlo cuando ese Capítulo Noveno del profeta Daniel en la primera lectura de hoy, nos presenta como de cuerpo entero lo que es un corazón humilde, un corazón arrepentido. Eso es lo que Dios quiere de nosotros, que en medio de los condicionamientos nos demos cuenta que tenemos un margen de decisión y que si lo estamos utilizando bien. Alabado sea el Señor. Pero si lo estamos utilizando mal, entonces hay que corregirse. Repito, frente a una misma realidad hay personas que dicen yo avanzo y hay otras personas que dicen pues yo no avanzo. ¿Cuál es tu espacio de libertad? El tuyo, El tuyo. Tú tienes también un espacio de libertad. ¿Cómo lo estás utilizando? ¿Para bien o para mal? No todo es culpa de los demás, tú tienes tu espacio. Y hoy el Señor te llama a través de la palabra a ser humilde, a reconocer que tienes que cambiar, que hay cosas que hubieras podido hacer mejor. Eso es ser honesto con Dios y eso es amarse en el mejor sentido de la palabra.

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