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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El arrepentimiento es parte integral de la cuaresma porque trae liberación y abre espacio al bien.
Homilía k021005a, predicada en 20120305, con 4 min. y 29 seg. 
Transcripción:
Cuando celebrábamos el Miércoles de Ceniza, oímos un llamado del amor de Dios. La frase que suelen decirle a uno cuando le ponen la ceniza es: Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás. O sino conviértete y cree en el evangelio. Esa expresión está indicando un llamado al arrepentimiento. Convertirse y esto debe quedar muy claro, no es solamente aceptar un bien, es también dejar un mal. Lo mismo encontramos en ciertas frases del Evangelio. Por ejemplo, cuando Jesús perdona a aquella mujer adúltera, le dice: Yo tampoco te condeno, vete en paz, no vuelvas a pecar. Es decir, que la nueva vida es un regalo. Pero para que empiece la nueva vida, tiene que parar la vida antigua, la vida de pecado. San Pablo expresa la misma idea cuando habla del hombre viejo y del hombre nuevo. Somos llamados a caminar en la novedad de Jesucristo. Pero para entrar en esa novedad necesitamos suspender. Necesitamos detener lo que han sido nuestras antiguas malas costumbres, nuestros viejos vicios. Este elemento de la conversión es muy importante porque, yo les cuento que estuve una vez en un congreso carismático muy bello, y había un predicador central que era el que dirigía las meditaciones durante ese retiro o ese encuentro de varios días. Un hombre muy elocuente, un hombre muy ungido. Pero hubo algo que no me gustó y tengo que ser sincero este hombre continuamente estaba invitando a la gente a que aceptara el amor de Dios. Les hablaba de ese Dios que es ternura, de ese Dios que quiere lo mejor para nosotros. De ese Dios que es poder de gracia y de salvación. Pero nunca, yo estuve muy atento. En los varios días del retiro nunca pronunció la palabra arrepiéntete, nunca pronunció la palabra deja el pecado. Nunca pronunció la palabra corta con tus malas costumbres. Y ese mensaje hay que darlo porque es liberador. Ciertamente el Evangelio es evangelio de gracia y salvación. Pero no podemos arrancar del mensaje de la gracia el mensaje del arrepentimiento, porque el arrepentimiento es el que hace realidad en nosotros lo que dice ese Salmo ciento tres que es tan bello. Dios aleja de nosotros nuestros delitos. Entonces, la claridad en que hay que alejar el delito, en que hay que separar de nuestras vidas lo que no le gusta a Dios. Eso no lo podemos quitar, eso no se puede quitar y por eso arrepentirse y pedir perdón y hacer una buena confesión son elementos que la Iglesia siempre ha considerado esenciales de este tiempo de Cuaresma. Por eso el Evangelio de hoy, en que, nos invita no solamente a recibir el perdón, sino a dar el perdón. Hacer una sociedad reconciliada. O el texto de la primera lectura de hoy, en el Capítulo Noveno de Daniel, donde se reconoce la culpa, donde el pueblo reconoce su propia culpa. Eso es parte de la Cuaresma. Suena duro, tal vez, pero es liberador y trae profunda alegría y hará que este tiempo sea realmente útil, realmente inolvidable en tu corazón y en tu historia. Amén.

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