Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Deja que Dios sea Dios, que Él haga su obra. Deja que el Señor se glorifique a su manera, no a la tuya y así encontrarás que Él siempre hace cosas mejores que superan nuestro entendimiento.

Homilía k013021a, predicada en 20250312, con 7 min. y 28 seg.

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Transcripción:

Hoy, mis hermanos, vamos a hablar de la mala costumbre de querer controlar a Dios. ¿Qué es querer controlar a Dios? Querer que Dios me hable de la manera que a mí me gusta, de la manera que yo entiendo, de la manera que finalmente yo puedo controlar. Es decir, que Dios esté en su ser y en su obrar, esté en el tamaño de mis razonamientos. Claro, cuando lo digo de esta manera parece como absurdo y alguien podría pensar: ¿a quién se le ocurre eso? ¿A quién se le ocurre pretender controlar a Dios de esa manera? Pues, lamentablemente se nos ha ocurrido a muchos de nosotros. ¿En qué forma?, ¿de qué manera? Cuando nosotros pretendemos pedirle pruebas a Dios, cuando nosotros pretendemos pedirle signos a Dios para estar seguros. Es decir, cuando ponemos la solidez de nuestra confianza en que las cosas se han hecho a nuestra manera.

Eso era lo que pretendían hacer con Cristo cuando le decían: -A ver, a ver, si tú eres así, tan Mesías, entonces a ver un signo, danos un signo, por ejemplo, un signo en el cielo. No sé qué era lo que querían ellos con un signo en el cielo, probablemente estaban pensando algo, como lo que se cuenta en el libro de Josué, cuando se detuvo el sol, ¿no? Entonces: -A ver un signo, haz algo espectacular. O como lo que sucedió en tiempos de Isaías, donde, según el relato, el tiempo retrocedió porque Isaías le quería mostrar al rey de aquel tiempo, que Dios es tan Señor de la historia que puede incluso hacer retroceder el tiempo y por lo menos en el reloj de sol que había en el palacio real, pues resulta que la sombra en un reloj de sol va avanzando inexorablemente. Pero ese día, por la palabra del profeta, la sombra retrocedió. O sea, esas son como señales en el cielo. Entonces, seguramente estos fariseos estaban pensando en que Cristo hiciera una señal de esas. Es decir: -A ver, retrocede el tiempo, ya que sabes tanto, entonces retrocede el tiempo, o paraliza el sol en el cielo que veamos algo así.

Dios puede dar señales espectaculares, pero Dios no tiene que someterse a nuestras condiciones. Y hay dos razones principales por las que Dios no se somete a nuestras condiciones. La primera razón es porque las supuestas pruebas que nosotros le pedimos a Dios, pruebas de que Él sí es Dios, de que sí está con nosotros, de que sí nos ayuda y que sí nos ama, esas supuestas pruebas son siempre menores que el plan que Él tiene para con nosotros. Él tiene un plan de amor, Él tiene un plan bello, Él tiene un plan perfecto para con nosotros, y ese plan precioso que Él tiene con nosotros es infinitamente más grande, o como lo hemos dicho muchas veces en otras predicaciones, Él tiene mejores ideas que mis ideas. Lo que sucede es que uno muchas veces tarda tiempo, tarda tiempo en descubrir ese plan de Dios.

Voy a dar un ejemplo, supongamos una persona que anhela un determinado trabajo por todo, por el lugar, por el crecimiento profesional, por el sueldo que va a recibir, por las deudas que va a pagar, por las conexiones que eso le va a traer en su futuro profesional. Entonces, esta persona cree que ese es el trabajo de sus sueños, cree que es ahí donde tiene que llegar y entonces hace mucha oración y prácticamente le pone a Dios la condición: -Mira, si tú quieres que yo siga creyendo en ti, ese es el trabajo que me tienes que dar. Es decir, yo espero que tú me des ese trabajo. O sea, Dios, te conviene darme ese trabajo para que yo siga creyendo en ti. Te conviene, le decimos a Dios. Y la prueba de que tenemos esa clase de lenguaje es que resulta que a este personaje no le salió ese trabajo, no salió. Entonces esta persona empieza a decir: -Pero ¿dónde está Dios?, pero ¿por qué Dios?, pero ¿cómo así? Dios no me escucha, Dios no está, Dios no obra. ¿Cuál es ese Dios compasivo? Dios no me entiende. Todas esas tonterías que decimos que muchas veces rayan en la blasfemia, y esta persona suelta todo ese discurso.

Vamos a suponer que esta persona no perdió la fe a pesar de ese desengaño, a pesar de esa decepción, porque su oración, pues él siente que no fue escuchada, sigue creyendo en Dios y luego, le sucede otra cosa. Quería ese determinado trabajo y resulta que le sale otra oportunidad, una oportunidad mejor o quería muchísimo ese trabajo porque se supone que esa era una gran empresa, año y medio después, la empresa está quebrada, están liquidando. Y él nada más piensa: -Si yo hubiera estado ahí, lo mínimo que me pasaba es que quedaba sin empleo y quedaba una mancha terrible en mi hoja de vida, en mi currículum vitae. O sea que, después se dio cuenta que había una razón por la que Dios no le daba lo que Él quería como Él quería. Por eso te digo, Dios tiene mejores ideas. Entonces, Dios no siempre va a conceder lo que nosotros queremos, pero siempre nos va a dar lo que más nos conviene y lo que en realidad necesitamos, eso es lo que Dios nos va a dar. Ahí está la primera prueba de que Dios no tiene que obrar a mi manera.

El segundo punto tiene que ver con nuestra capacidad de entender. Por ejemplo, muchas personas tienen una mentalidad completamente de transacción y de negocio, y abrirse a un Dios que es generoso, por ejemplo, la gente del tiempo de Cristo, no entendía esto. Que Dios sea tan generoso como decía Cristo, que Dios nuestro Padre, hace caer la lluvia sobre malos y buenos, hace salir el sol sobre justos e injustos, eso no lo entiende mucha gente. Y no me preguntes si yo ya lo entiendo completamente, porque de una vez te respondo que no. La generosidad de Dios nos abruma, la misericordia de Dios desafía todo pensamiento. Entonces, si tú pretendes que Dios quepa en tus categorías, que Dios quepa en los estrechos límites de tu cráneo, ese no es Dios.

Resumen, como lo han dicho tantos, hay que dejar a Dios ser Dios, deja que Dios sea Dios, deja que Dios haga su obra, deja que Dios se glorifique a su manera, no a la tuya. Y entonces encontrarás que Él siempre, siempre estaba haciendo lo mejor, aunque nosotros no lo entendíamos.

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