Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El propósito principal de la Cuaresma es la conversión: examinarse para dejar de obrar el mal y empezar a hacer el bien.

Homilía k013020a, predicada en 20240219, con 6 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Cuando uno empieza un camino, uno tiene que saber para dónde va. Pues digamos, eso es lo normal. Bueno, pero tiene excepciones, porque acuérdate que cuando Dios le habló a Abrahán no le dijo para dónde iba, sino le dijo: «Yo te lo mostraré». Y cuando Tomás le preguntó a Cristo: «No sabemos a dónde vamos, ¿cómo vamos a saber el camino?» Cristo le dijo: «Yo soy el camino». O sea que no siempre Dios nos responde, porque muchas veces Dios quiere que nosotros vivamos la obediencia del día a día.

Pero, quitando esas excepciones, normalmente uno necesita saber para dónde va. Y yo creo que como nosotros estamos en algo maravilloso que se llama la Cuaresma y estamos haciendo el camino cuaresmal a imagen de Cristo que estuvo en el desierto, que caminó en el desierto, entonces nosotros tenemos que saber para dónde va la Cuaresma, qué es lo que nosotros queremos finalmente con la Cuaresma. Porque nos están hablando de que hay unos ejercicios, que hay que tener abstinencia de carnes los días viernes, que conviene hacer ayuno los viernes, es obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, pero es recomendado para los otros viernes. Bueno, ¿para qué?, ¿para qué hacemos eso?

El Evangelio de hoy nos da la respuesta, el propósito, el para qué de la Cuaresma se llama conversión. Y por eso Cristo, por eso Cristo en el Evangelio les recuerda a sus oyentes lo que hicieron los ninivitas. ¿Ninivitas, eso qué es? Los antiguos habitantes de Nínive. Nínive fue la capital de un gran imperio, el Imperio asirio. Y según nos cuenta el libro de Jonás, pues Nínive era una ciudad inmensa, nos dice el libro de Jonás que se necesitaban tres días para atravesar la ciudad. Era una ciudad descomunalmente grande, esa ciudad tan impresionante, esa ciudad inmensa escuchó la predicación de Jonás y Jonás hablando de parte de Dios, llamó a los ninivitas a que se convirtieran. Y atención a este dato: los ninivitas no pertenecían al pueblo elegido, los ninivitas no eran Reino de Judá ni eran Reino de Israel. Los ninivitas eran básicamente un pueblo pagano, emparentado con la cultura fenicia, esos eran los ninivitas. Pero ellos recibieron la predicación de Jonás y se convirtieron. Y Cristo llama la atención sobre ese hecho, diciendo: «Aquí hay uno que es más que Jonás».

Así que el propósito de la Cuaresma se llama conversión, y la conversión es algo que también nos describió un profeta que se llama Isaías en alguna de las lecturas que tuvimos al comienzo de este tiempo cuaresmal, la semana pasada, cuando dice el profeta Isaías, así nos explica lo que es la conversión: «Dejen de obrar el mal, aprendan a obrar el bien». Esa es la conversión, basta con que usted examine lo que usted está haciendo mal desde la realidad de su vida. Por ejemplo, usted es un comerciante, analice usted como comerciante: ¿qué estoy haciendo que sea correcto?, ¿qué estoy haciendo que sea incorrecto? Y ¿qué nos dice el profeta Isaías, para explicarnos lo que es la conversión? «Dejen de obrar el mal», o sea, lo incorrecto. Hagan lo correcto. Usted es una jovencita, está en la flor de su edad, es una mujer muy bella, usted tiene su novio, lo ama entrañablemente y usted está fornicando con su novio, ¿qué nos dice el tiempo de Cuaresma? «Dejen de obrar el mal, aprendan a obrar el bien». Usted es un médico, como médico, examínese. Usted es un profesor, como profesor, examínese. Usted es un sacerdote, a mí me toca, a todos nos toca, examínese, ¿qué estoy haciendo mal?

Así que el propósito de todos estos ejercicios de la Cuaresma es que se haga realidad en nosotros la palabra de conversión. La conversión es algo tan propio de nuestra fe cristiana que yo te puedo asegurar una cosa, hermano querido, si tú oyes a un predicador y lo sigues oyendo, y lo vuelves a oír, y a medida que vas oyendo te vas dando cuenta: -Oiga, este señor nunca habla de conversión, yo te digo en el nombre de Cristo, apártate de ahí, apártate de ahí. Si tú ves un libro que lo escribió tal sacerdote o que lo escribió no sé quién, un personaje muy espiritual y no te llama a conversión, no te está exhortando para que dejes el pecado y para que busques a tu Dios, y para que te entregues al Señor, apártate de ese libro, por lo menos en cuanto libro de religión o libro para tu fe, no te sirve, no pierdas el tiempo con eso, no te gastes en eso, no es por ahí.

La Cuaresma tiene un propósito, el propósito es conversión, el propósito es: dejar de obrar el mal y aprender a obrar el bien. Y por eso conviene que después de escuchar estas palabras, tú hagas un momento de silencio, entres en ti mismo, entres en ti misma, y digas, la Cuaresma no puede pasar en vano, la Cuaresma no puede pasar en vano, tiene que dar un fruto en mi vida, un fruto que permanezca como nos enseñó Cristo. Amen.

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