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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Vivimos en el tiempo del cinismo, de la impunidad y la soberbia espiritual; por ello debemos ser signo de Dios, predicando para mostrar de forma valiente las consecuencias del pecado.

Homilía k013019a, predicada en 20230301, con 6 min. y 19 seg.

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Transcripción:

Hermanos, dice Cristo en el Evangelio de hoy: «Así como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, el Hijo del Hombre será un signo para esta generación». Esa frase del Señor nos invita a preguntarnos: ¿cómo fue un signo, aquel profeta Jonás?, ¿qué fue lo que él hizo? Bueno, la historia de Jonás la tienes en el libro que lleva su nombre en el Antiguo Testamento, no la vamos a resumir aquí. Es una historia muy bella y que muchas veces nos toca, por lo menos a mí, varias veces me ha hablado directamente al corazón.

Pero, lo que quiero destacar en este caso es: ¿cómo Jonás un signo para los habitantes de Nínive? Y la respuesta más obvia es que Jonás fue un signo porque Jonás estaba predicando en medio de Nínive y un buen predicador es siempre un signo de Dios. Un buen predicador es presencia de Dios que está despertando las conciencias. Y en ese sentido, por supuesto que Cristo fue un signo en aquel tiempo, y Cristo sigue siendo un signo en nuestro tiempo y también son signos de Cristo y son signos de Dios aquellos que predican rectamente la verdad del Evangelio, así como son signos de condenación a aquellos que dirigen a la gente hacia el pecado, o, lo que es peor, los confirman en una vida de pecado. El Señor nos libre de eso, porque eso también existe. También existen aquellos que confirman en el pecado a otras personas. Entonces, primer modo en el que Jonás fue un signo, porque predicaba y predicaba de parte de Dios.

Vayamos más hondo, ¿qué era lo que Cristo, que era lo que Jonás predicaba y que Cristo también predicó? Las consecuencias del pecado. Era un predicador de parte de Dios, pero es que el encargo que Dios le puso a Jonás, fue mostrar las consecuencias. Si tú miras en el libro de Jonás, lo que él tuvo que predicar fue: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida», eso fue lo que tuvo que predicar, no es nada fácil, nada fácil. Eso fue lo que le tocó predicar, es decir, la predicación de Jonás fue: el pecado tiene consecuencias. Y eso, y eso es ser un signo. Porque vivimos en una época en que la impunidad espiritual se ha convertido en norma y llamamos impunidad espiritual a esa actitud cínica y soberbia por medio de la cual simplemente se omite a Dios, se omite a Dios completamente, paladinamente, es decir, yo haré lo que a mí se me dé la gana. Y si no hay ninguna ley que me lo prohíba, lo seguiré haciendo.

Y en ese tiempo vivimos, en el tiempo del cinismo, en el tiempo de la impunidad espiritual, en el tiempo de la soberbia espiritual. Mira, por ejemplo, el tipo de leyes que se están aprobando en distintos sitios, cosas completamente contrarias a la naturaleza, cosas que destruyen el orden natural, que se enfrentan de un modo altanero, como de igual a igual con lo que Dios ha enseñado para decirle: -No me interesa, que tú quisiste que fuéramos hombre y mujer, no me interesa. Tendremos todos los géneros que nosotros queramos y haremos con nuestros cuerpos lo que nosotros queramos y haremos lo que a nosotros nos plazca.

Pues a Jonás le encargó Dios que mostrara las consecuencias del pecado. Y eso es ser signo de Dios. El que no muestra las consecuencias del pecado, ya se trate de pecado sexual o de injusticia social, o pecado de engaño, de mentira o pecado de idolatría o de superstición. El que no revela, el que no muestra las consecuencias del pecado, no puede ser signo de Dios. De hecho, una vez más, es signo de condenación.

Y un tercer aspecto por el que Jonás fue signo, un signo que también se da, y mucho más en Cristo, es por la valentía. Aunque sea poco que conozcas sobre Nínive, hay algo que debes saber, pues que era capital del Imperio asirio y que era la capital de uno de los imperios más crueles que conoció el mundo antiguo. Es decir, que aquello de predicar por las calles de Nínive y de decirle a la gente que el pecado tiene consecuencias, pues era poner la vida en peligro, era exponerse a las peores, a las más horrendas, a las inimaginables torturas propias del imperio asirio. Es decir, Jonás fue un valiente, por eso también se explica que al principio, él rehusara ir a predicar a Nínive, rehusara, entre otras razones, claramente por miedo, había otras, pero una fue el miedo. Entonces Jonás fue signo porque predicó de parte de Dios. Jonás fue signo porque mostró las consecuencias del pecado, y Jonás fue signo porque fue valiente, porque sabía que podía perderlo todo y, sin embargo, cumplió su misión. Bendito sea Dios, y que nosotros, viendo tan luminoso ejemplo, hagamos lo mismo.

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