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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pedir un signo con humildad y razonablemente para un buen discernimiento está bien, pedir un signo porque en el fondo hay incredulidad y porque quiero controlar y comprobar está mal.
Homilía k013018a, predicada en 20220309, con 7 min. y 8 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número 11 de San Lucas y nos plantea una pregunta bien interesante: ¿es malo pedirle signos a Dios? Si nos quedamos solo en el pasaje que se lee hoy, repito, del capítulo 11 de San Lucas, parece que es malo pedir esos signos, porque Cristo deja con un palmo de narices a aquellos que le piden ese signo, Cristo no admite el tema del signo: «Ustedes no me van a pedir a mí un signo. No se les va a dar más signo que el signo de Jonás». Pero, lo del signo de Jonás, yo creo que no le entendió nadie en ese momento a él, ¿es malo pedir un signo?
Sin embargo, encontramos en otros lugares de la Escritura, que hay gente que pidió signos. Un caso bien interesante está en el libro de los Jueces, con un líder carismático llamado Gedeón. Gedeón fue llamado a la lucha en un tiempo muy complicado, el pueblo de Dios estaba siendo oprimido por un pueblo extranjero y entonces un ángel le habla a Gedeón y le dice: «Levántate, valiente guerrero», y bueno, lo llama, lo conduce a que dirija al pueblo contra el pueblo extranjero, al pueblo de Dios, contra el pueblo enemigo. Gedeón no solamente pide un signo, pide dos signos, valiéndose de una piel, una piel de cordero que tenía, eso se llama un vellocino, entonces él pidió un signo milagroso. La primera vez pidió algo así como: -Que haya rocío en todas partes menos en el vellocino. Y después, pidió que haya rocío solamente en el vellocino y no en el resto. Se trataba, claramente, de algo que no podía darse por simples fuerzas naturales. Que haya humedad en todo menos el vellocino, bueno, eso podría ser más o menos una coincidencia, pero que luego haya humedad solo en el vellocino y no en el resto, eso es todavía más extraño, y Gedeón pidió ese signo. Entonces, ¿por qué no estuvo mal que Gedeón pidiera ese signo?
Y en el capítulo séptimo del profeta Isaías encontramos que el profeta, el profeta Isaías, le dice al rey Ajaz, o Acaz: -Pide un signo. Y entonces Acaz dice: -No, no, no, yo no quiero poner a prueba a Dios. Isaías se disgusta, esto está más grave, Isaías se disgusta de que el rey, el rey Ajaz, no haya querido pedir el signo, como quien dice: -No solo podías pedirlo, sino que debías pedirlo. Entonces uno se queda extrañado, uno dice: -Bueno, pero ¿cómo así? Entonces a Gedeón no se le castigó por pedir un signo, a Ajaz se le castigó por no pedir un signo. Y ahora Cristo dice: «Ustedes piden un signo, yo no les voy a dar ningún signo». Entonces, ¿quién entiende la Biblia?, entonces, ¿cuál es, cuál es la verdadera actitud, el correcto comportamiento frente a este tema de los signos? Esa es la pregunta que nos hacemos.
Pero es que hay algo importante, muy importante. Si nos damos cuenta, mirando más de cerca la respuesta de Cristo, nos damos cuenta que Cristo dice: «Aquí hay uno que es más que Jonás. Aquí hay uno que es más que Salomón». Esas palabras de Cristo, por supuesto, no son vanidad, ni pedantería, ni arrogancia, ni ostentación. ¿Para qué dice Cristo esas palabras?, ¿por qué dice Cristo esas palabras?, ¿por qué? Cristo dice esas palabras por una razón, porque ya Él había dado signos, como no los había dado Jonás, y ya él había predicado sabiduría, como no la había predicado Salomón. Es decir, ya los signos estaban dados.
No está mal pedir un signo, un signo razonable y pedirlo humildemente y con fe. No está mal pedir un signo cuando lo necesitamos, cuando auténticamente lo necesitamos para un discernimiento. Ese fue el caso de Gedeón o el caso del rey Ajaz. Pedir un signo ahí, no es señal de incredulidad, sino es, la sana prudencia requerida para un buen discernimiento. Pero es que, ya Cristo había dado muchísimos signos, muchísimos, casi incontables milagros. Abundantísima, casi inconmensurable sabiduría, ya había derramado Cristo, y todavía están pidiendo un signo. Es ahí donde el signo no es una señal de, quiero seguir el camino de Dios, sino es el signo de, quiero comprobar.
Y hay otro pasaje en la Biblia donde se ve que ese tratar uno de tener el control, yo compruebo, yo tengo que asegurarme, ahí sí aparece la incredulidad, y hay otro pasaje que nos lo muestra, está también en Lucas, cuando el ángel Gabriel se le aparece a Zacarías, el papá de Juan el Bautista. Ahí se le aparece y entonces le dice que va a tener un hijo. Y, mira la pregunta que hace Zacarías: «Y yo, ¿cómo voy a estar seguro de eso?» ¿Ves? Es el afán de controlar, ahí no está la entrega confiada que es propia de la fe, ahí está la incredulidad y ahí está el afán de controlar.
En resumen, pedir un signo, con humildad y razonablemente, para un buen discernimiento está bien. Pedir un signo, porque en el fondo hay incredulidad y porque yo quiero controlar y porque soy yo quien quiere comprobar, ahí está mal, lección importante de la Palabra de Dios el día de hoy.

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