Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El temor sabiamente utilizado es una herramienta del amor de Dios que nos puede mover a iniciar un camino de conversión.

Homilía k013017a, predicada en 20210224, con 6 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Yo creo que todos estamos de acuerdo en que el gran motor de la vida debería ser el amor. Uno debería hacer todo lo que hace por un amor limpio, verdadero, puro, generoso. Ya estamos todos de acuerdo en eso, pero seguramente estaremos de acuerdo también, en que el mundo ideal no es nuestro mundo real. Y si hay algo que a mí me atrae, yo diría me cautiva, de la Sagrada Escritura, es darme cuenta que es el libro más real que conozco. La manera como se describe al ser humano en los abismos de maldad en que puede caer, en la increíble rebeldía y estupidez a que puede llegar, pero también, la grandeza de transformación que puede sucederle y las cumbres de santidad que con la ayuda de Dios puede alcanzar, todo eso y mucho más nos muestra la Sagrada Escritura.

Esto nos sirve de introducción para las lecturas de la misa de hoy. La primera fue tomada del capítulo tercero del profeta Jonás, y el Evangelio del capítulo número 11 de San Lucas, que hace referencia precisamente a ese pasaje del profeta Jonás. Jonás fue aquel profeta que fue a la ciudad de Nínive predicando un mensaje de destrucción. Básicamente, lo que tenía que decir Jonás era: «Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada». Uno de esos mensajes que uno diría, es de pura catástrofe. Pero ese mensaje tuvo un efecto y el efecto fue la conversión de los habitantes de Nínive. Teniendo en cuenta que Nínive era una ciudad grande, poderosa y arrogante, es francamente sorprendente que algo así pudiera suceder. Es algo tan sorprendente que nuestro Señor Jesucristo lo toma como ejemplo para hablar de lo que Él esperaría de sus oyentes, que teniendo enfrente a alguien mayor que Jonás, es decir, el mismo Cristo, ellos llegaran a la conversión.

Pero volvamos a la historia de Jonás, uno podría decir que la historia de Jonás es la de conversión a fuerza de miedo. Los ninivitas vieron que se les venía encima un desastre y el desastre que les iba a caer encima, les movió a conversión. No parece la manera más bella de convertirse, repito lo que dije al principio, mucho más hermoso sería convertirse uno por un espíritu de amor, de humildad, de agradecimiento con Dios. Tal vez, el tipo de conversión más hermosa sería la de aquella persona que dice: -Dios me ha dado tanto y Dios no se merece que yo sea desagradecido. Esa sería la conversión, tal vez, más humilde y más preciosa. Pero seamos sinceros, aquella persona que está en las garras del pecado, difícilmente dará de un salto, la llegada a esa altura de amor como para decir: -Dios, tú te mereces que yo te ame. La verdad es que cuando estamos en las garras del pecado, nuestros pensamientos, porque esa es la estructura del pecado mismo, nuestros pensamientos se concentran demasiado en nosotros mismos. Y esto lo digo por dos razones, por ese realismo del que antes hablé y también por este otro motivo, porque es bellísimo ver que Dios aprovecha, incluso, ese amor egoísta nuestro, para que demos aunque sea los primeros pasos en la conversión.

Hace años conocí un programa que se realizó, un programa de rehabilitación y prevención que se realizó en algunas cárceles de Estados Unidos. La verdad es que consistía en un programa de relación entre cárceles. Me explico, tomaban prisioneros que tenían condenas por muchísimos años, condenas inconmutables por veinte, por treinta años, incluso de por vida. Algunos de esos prisioneros eran llevados voluntariamente a cárceles de rehabilitación de jóvenes, típicamente cárceles donde estaban adolescentes o jovencitos que obviamente iban a cumplir tiempos de condena mucho más cortos. Y ¿cuál era el propósito? El propósito era que los peces gordos, aquellos que tenían condenas de muchos años les hablarán a los jóvenes y les dijeran: Mira en dónde estoy yo, mira cuántos años de cárcel me esperan, mira lo que es mi vida, mira dónde te estás metiendo, estás a tiempo de detenerte.

Ese programa, hasta donde yo entiendo y recuerdo, fue un éxito. Fue un éxito porque muchos jóvenes, al darse cuenta de hacia dónde iban, por temor a ese futuro, empezaban un camino de reforma o lo afianzaban. Por eso, no debemos excluir completamente el temor en el proceso de conversión. También el temor, sabiamente utilizado, es una herramienta del amor de Dios que así nos mueve para que, por lo menos, iniciemos un camino de conversión. Bendito sea su Nombre.

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