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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La conversión es posible, viene de la predicación, debe notarse en un cambio de vida y se facilita y profundiza cuando entramos por los caminos de la verdadera penitencia.
Homilía k013016a, predicada en 20200304, con 6 min. y 29 seg. 
Transcripción:
Una de las palabras más importantes de la Cuaresma es la conversión, incluso el Miércoles de Ceniza en algunos lugares, la frase que se utiliza al imponernos la ceniza es: «Conviértete y cree en el Evangelio». Además, la primera palabra de Jesucristo en el Evangelio según San Marcos es, precisamente esa: «El reino de Dios está cerca. Convertíos y creed la Buena Noticia». Así que aprender a convertirse, por lo menos reconocer los pasos fundamentales de la conversión, es algo que no podemos evitar, que no debemos evitar en el tiempo de la Cuaresma.
Guiándonos por las lecturas, especialmente el Evangelio, tomado del capítulo 11, de San Lucas, observemos unos cuatro rasgos propios de la conversión. El primero es el que más me gusta, la conversión es posible. La primera lectura de hoy nos habla de una ciudad que estaba llena de corrupción, la ciudad de Nínive, la gran capital del Imperio asirio. Las grandes ciudades suelen tener sus propios problemas de corrupción y propios problemas de perversión, una de las razones es la acumulación de poder que se da en una ciudad, pero ese es tema para otro día. Lo cierto es que Nínive era una ciudad inmensa y una ciudad corrupta y una ciudad cruel. Durante un tiempo fue la imagen misma de la crueldad, especialmente crueldad contra el pueblo de Dios, porque los asirios, repito, la capital era Nínive, los asirios fueron los que llevaron al destierro y a un destierro de muerte a diez de las doce tribus de Israel, las tribus del norte. O sea que estamos hablando de un caso serio, un caso de gente que está acostumbrada a pecar, metida en el pecado, pero hasta aquí, hasta el cuello y más. Y la conversión es posible.
Aún a esas personas, las personas que han vivido del pecado, que han disfrutado del pecado, que han organizado su vida alrededor del pecado, aún esas personas pueden experimentar y, más de una vez, experimentan profundas conversiones. Un ejemplo que a mí me impacta mucho es el de aquellas personas que han practicado el aborto, como el famoso doctor Nathanson, que murió hace unos años, fue conocido como el rey del aborto. Él ayudó a eliminar a más de cinco mil seres humanos y, sin embargo, tuvo una conversión y se volvió un gran defensor de la causa provida. En tiempos recientes, hay una señora que se llama Patricia Sandoval, ella también ha dado el testimonio. Ella vivía de eso, en cierto sentido, practicaba abortos a otras personas y entiendo yo que también se hizo abortos ella misma. Pero la conversión es posible, esto es lo primero que hay que recordar.
Segundo elemento, absolutamente clave, la predicación, Jonás predica en Nínive, la Palabra de Dios es indispensable. Por algo somos invitados, durante el tiempo de Cuaresma somos invitados a escuchar con mayor abundancia la Palabra de Dios. Y la verdad es que los textos son absolutamente preciosos para que personas como tú o como yo reflexionemos, caigamos en cuenta. Pero no es solo un proceso racional ni un proceso emocional. Mira, es una flecha de amor que viene de Dios y que hace su obra en nosotros. La predicación, escuchar la Palabra de Dios, escuchar con más abundancia la predicación, eso es clave.
Bueno, tercer elemento, observemos que cuando hablamos de conversión, hablamos de cambiar lo que uno hace, cambiar las acciones. Lo dice expresamente el profeta Isaías: «Dejen de obrar mal, aprendan a obrar bien». Es decir, la conversión no se queda en deseos, emociones, sentimientos: -Me conmueve mucho, me hace llorar, no sé, no sé qué me pasa, estoy muy impactado. No, no es solo un proceso emocional, eso tiene que producir resultados en acciones comprobables. Y aquí hay algo muy bello, las acciones afianzan el proceso de conversión y la conversión se muestra en acciones. O sea, hay una relación mutua, una especie de simbiosis entre conversión y nueva vida, actuar de una manera diferente. Si no cambiamos nuestras acciones, nos estamos engañando cuando hablamos de conversión, entonces la conversión tiene que ver con nuestras acciones, esto es fundamental, y este es el tercer punto.
Y hay un cuarto punto que debemos recordar sobre nuestra conversión, porque cada uno de nosotros ciertamente está llamado a convertirse, es el valor que tiene la penitencia. Se predica poco, se predica poco de la penitencia, pero la penitencia nos hace mucho bien. Ese, no darse gusto uno en todo, es tan importante porque nos educa en la sobriedad, nos educa en el dominio de nosotros mismos, nos invita, nos impele, nos mueve a compartir con los hermanos y además hace que nuestro ego, muchas veces entronizado en el centro del corazón, salga de ahí para que ese lugar lo ocupe el único que se lo merece, Cristo Jesús, nuestro Señor. Así que, la conversión es posible, la conversión viene de la predicación, la conversión debe notarse en acciones y la conversión se facilita grandemente y se profundiza cuando entramos por los caminos de la verdadera penitencia. Así lo conceda el Señor y así se lo reciba, nuestro corazón agradecido.

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