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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solamente al tener experiencia de mi propia indigencia, necesidad, incoherencia, fractura, herida, pecado; puedo empezar a descubrir a Jesucristo y su origen, a mi Padre Dios.
Homilía k013014a, predicada en 20180221, con 6 min. y 7 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy nos presenta una de tantas discusiones de Cristo con sus adversarios, escribas y fariseos. Para tratar de zanjar la discusión y aclarar de una vez por todas si Jesús verdaderamente viene de parte de Dios o no, le piden un signo, un signo que sea irrefutable: -Haga en este momento, aquí delante de nosotros, que tenemos ojos críticos, que tenemos corazones escépticos y que estamos dispuestos a no dejarnos engañar ni manipular, haga en este momento un signo, haga en este momento un milagro. Eso es lo que ellos le exigen a Jesucristo.
Y sabemos que Cristo no cede a esa presión, no cede por varias razones, porque el primer propósito de Cristo no es demostrar su origen. No, el principal propósito de Cristo no es demostrar, sino mostrar. No estoy jugando con las palabras. Demostrar su origen es como presentar una especie de carta para decir: -Mire, esto es lo que yo soy, aquí están mis credenciales. Como cuando un embajador llega a un nuevo país y tiene que presentar sus credenciales para decir: -Yo sí soy lo que soy. Eso es demostrar, presentar sus credenciales. Pero observemos que, presentar las credenciales en el fondo ¿qué significa? Hagámonos esta pregunta profunda, ¿qué parte de nosotros queda vencida frente a unas credenciales? Evidentemente, nuestra parte racional. Si el embajador que viene no me gusta como persona, no me convence su formación, su preparación, pero trae las credenciales, hay que aceptarlo. Eso es lo que significa una demostración. Una demostración significa que mi parte racional, finalmente tiene que doblegarse.
Pero hay una parte de mí que seguramente tiene otro criterio y tiene otra dirección. Por ejemplo, repito, si esa persona me cae mal, si no me convence, aunque yo lo acepte como embajador, eso no significa que yo tenga una buena disposición ni hacia ese embajador ni hacia ese país. Mi razón ha tenido que doblegarse porque ha sido recibida una demostración, pero mi corazón no ha quedado convencido. Mi corazón sigue distante y frío, y mi corazón seguramente seguirá buscando una oportunidad para descartar a esa persona, eso es lo que pasa con las demostraciones. También las demostraciones del tiempo presente.
Entonces Cristo no viene a demostrar su origen, Cristo viene a mostrar su origen. Y ¿qué quiero decir con esto? Quiero decir, Cristo viene a mostrar al Padre porque dice Él: «Salí del Padre y vine al mundo». Lo dice en el Evangelio de Juan, capítulo 12: «Ahora dejo el mundo y voy al Padre». De manera que Cristo lo que quiere, no es demostrar para darle gusto a nuestra parte racional, dejando nuestros corazones seguramente fríos. Lo que quiere Cristo es mostrar, mostrar el origen, mostrar al Padre para que cese en nosotros la estúpida rebeldía que nos aparta de Dios, para que cese en nosotros el poder de la gran mentira. Porque ya sabemos que el demonio ha inoculado en la historia humana la gran mentira y la gran mentira es que tienes que escoger entre ser obediente o ser feliz. Es decir, si sigues a Dios, no vas a ser feliz. Si quieres ser feliz, despídete de Dios. La gran mentira del demonio es, sobre todo, la gran calumnia contra el ser divino.
Entonces Cristo no viene a demostrar su origen, Cristo viene a mostrar, a mostrar el rostro del Padre y mostrar el rostro del Padre, no es simplemente doblegar tu razón, lo más importante no es doblegar tu razón. Lo más importante, ¿sabes qué es lo más importante? Es conquistar tu corazón, y es la bondad de Cristo la que puede lograr eso. Y ¿cómo puedo yo experimentar la bondad de Cristo? Yo experimentaré la bondad de Cristo solamente, si experimento primero mi necesidad. Desde la experiencia de mi propia indigencia, necesidad, incoherencia, fractura, herida, pecado. Desde ahí, solamente desde ahí, puedo empezar a descubrir a Jesucristo y puedo empezar a descubrir al origen. Puedo descubrir a mi Padre Dios. Entonces no me interesa hacer una demostración fantástica de poder, no. Me interesa que puedas reconocer tu necesidad y que al encuentro con tu necesidad puedas reconocer al Dios de amor.

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