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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Han querido enterrar al cristianismo, pero Cristo vence porque Él es humilde pero no insignificante; es manso pero no débil, sino que su fortaleza trasciende los siglos.

Homilía k013012a, predicada en 20170308, con 5 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Cristo es humilde, pero no insignificante. Cristo es pequeño, pero no despreciable. Cristo es manso, pero no es débil. Este es el tipo de distinciones que podemos aprender del pasaje de hoy, tomado del capítulo 11 del Evangelio según San Lucas. Cristo es humilde, pero no es insignificante. Cristo es pequeño, en el sentido de que no se impone con altivez, o como lo dijo el profeta Isaías: «No alzará la voz, no quebrará la caña cascada, no voceará por las plazas». En ese sentido es pequeño, pero no es despreciable. Y Cristo nuestro Señor es manso, verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado, pero esa mansedumbre de Jesucristo no significa que sea débil. Estas distinciones son importantes porque a veces pareciera que el mundo toma la humildad de Cristo como insignificancia y toma la pequeñez de Cristo, aquel que se abajó, aquel que se humilló, aquel que se anonadó, pues se toma el anonadamiento de Cristo como si se pudiera despreciar la fe cristiana y se toma la mansedumbre de Cristo, que es como fruto de su maravillosa paciencia, como si fuera una especie de debilidad. No debemos caer en esos errores.

Quiero recordar algunos de los que han hablado con enorme arrogancia sobre la fe cristiana y que, por tanto, han pensado que Cristo, puesto que es tan manso, debe ser que es débil, puesto que se ha hecho tan pequeño en el misterio de la encarnación, en el misterio de la cruz, debe ser que es despreciable, y ¿si es tan humilde de verdad, tan humilde, pues de qué sirve ser humilde?, es insignificante. Marx, por ejemplo, Carlos Marx, el del marxismo, por supuesto, Carlos Marx, refiriéndose al tema de la existencia de Dios, decía: -Ya eso está suficientemente resuelto, no hay que perder tiempo en eso.

Otro filósofo, también del siglo XIX, Ludwig Feuerbach, había escrito un libro que se llama: «La esencia del cristianismo», donde presenta algunos argumentos en contra de la existencia de Dios, pues Marx ya daba esos argumentos por definitivos: -Ya esto se acabó, ya no hay que discutirlo, capítulo pasado, cierren eso, pasen la página. Algo parecido, en el mismo siglo XIX hizo otro filósofo llamado Augusto Comte, el fundador de un movimiento llamado el positivismo en filosofía, que luego ha resurgido en el siglo XX como neopositivismo. Pues este Comte decía: -Dentro de pocos años voy a estar predicando el positivismo en la catedral de Notre Dame en París. Es decir, ese cascarón llamado Catedral de Notre Dame, me va a servir a mí de escenario para presentar mis ideas, porque el cristianismo ya no existirá en esa época. O sea, ya le declaró la muerte al cristianismo. Al final del siglo XIX y comienzos del XX, otro filósofo, Federico Nietzsche también dice: -Dios ha muerto. Lo que pasa es que hay gente que no se ha enterado, pero Dios ha muerto. También ese dio por muerto a Dios.

A partir de los años ochentas del siglo XX también hubo muchos que hablaron de que llegaba la Era de Acuario cuando se empezó a hablar de este tema de Nueva Era, lo primero que se hablaba era de que esa Nueva Era, era una nueva era astrológica, ese es un detalle que se olvida mucho hoy, pero lo que ellos predicaban era que venía una nueva era astrológica, es decir, íbamos a entrar en la Era de Acuario porque de todas las distintas constelaciones, los signos del zodiaco, para quienes creen en eso, por supuesto, ahora la Tierra va a entrar en la Era de Acuario y termina la era del pez. Y como el pez se asocia con Jesucristo, porque en griego pez se dice ichthýs, que es como el anagrama de Jesús Cristo, Hijo de Dios Salvador, terminó la era del pez y empieza la Era de Acuario, o sea que ya el cristianismo se acabó, otra vez otros que anunciaron el cristianismo se acabó.

¿Cuántas veces han enterrado al cristianismo, cuántas veces y con cuánta arrogancia? No vas a poder con el cristianismo, óyemelo: no vas a poder con el cristianismo, porque Cristo vence, porque Él es humilde, ciertamente es humilde, pero no es insignificante. Se ha hecho pequeño por nosotros en el pesebre, se ha bajado por nosotros en la cruz, pero, no es por pequeño, despreciable. Es manso, pero su mansedumbre y su paciencia no son prueba de debilidad, sino más bien de una fortaleza que trasciende los siglos.

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