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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El tamaño descomunal de Nínive es una indicación de que el mundo entero está llamado a conversión profunda.
Homilía k013010a, predicada en 20150225, con 5 min. y 0 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo tercero de la profecía de Jonás. Este libro, el de Jonás, tiene una característica muy particular. Podemos decir que se trata de una especie de parábola, al modo de las parábolas que Cristo utiliza en el Evangelio, es decir, toma elementos de la realidad, de la cotidianidad y los utiliza para crear un relato que nos lleva un mensaje sumamente profundo. Recuerdas, estoy seguro, como Cristo, con la imagen de una semilla que crece o con la imagen de la levadura, nos enseñó tantas cosas.
Todo el libro de Jonás es como una larga parábola que nos va dejando enseñanzas a cada paso. Hoy, por ejemplo, encontramos la labor de predicación de Jonás. Y hay un pequeño detalle que, sin embargo, significa mucho: el tamaño de la ciudad. Jonás es enviado a la ciudad de Nínive, una ciudad inmensa, muy grande era Nínive. Era la capital de uno de los imperios más grandes, pero también más feroces y más crueles de la antigüedad, estamos hablando del Imperio asirio, y Nínive es una capital gigantesca dentro de un imperio muy poderoso. Nos dice el texto de hoy que hacían falta tres días para atravesar Nínive. Típicamente, aquellos caminantes de la antigüedad recorrían amplias distancias en un día de camino. Probablemente alcanzaban a caminar treinta o quizás cuarenta kilómetros en una jornada. O sea que la cifra que nos está contando este libro de Jonás es absolutamente colosal, es completamente desproporcionada. Estaríamos hablando de una ciudad que tiene cien o más kilómetros de diámetro, más de cien kilómetros para atravesar Nínive. Ni siquiera en nuestra época encontramos complejos urbanos que tengan esas dimensiones, o sea que evidentemente estamos ante una exageración. Pero, esa exageración tiene un propósito.
Entrar en Nínive es algo así como entrar en el mundo entero, es asomarse al mundo entero. El mensaje que Jonás tiene que llevar a la ciudad de Nínive, es un mensaje de denuncia que lleva incluido una especie de mensaje también de conversión. Lo que tiene que decirle Jonás a Nínive es que: va a ser destruida dentro de cuarenta días. Evidentemente, si la ciudad está en una condición de tanto pecado, ¿por qué darle esos cuarenta días? Pues para que haya oportunidad de conversión. Fíjate cómo el mensaje de Jonás, al mismo tiempo está anunciando el castigo y está invitando a evitar el castigo. Aunque el mensaje presenta las cosas como hechos irreversibles, dentro de cuarenta días Nínive será destruida, al mismo tiempo, está invitando sutilmente, está invitando a que ese castigo, a que esa realidad espantosa no llegue a suceder.
Así que Jonás es el profeta que tiene que hablarle al mundo entero. Y Jonás, que le habla a todo el mundo, nos habla también a nosotros, y nos está diciendo que la paga del pecado es la muerte, y nos está diciendo que nuestros malos caminos no pueden acabar bien. Y nos está diciendo que el Señor nos da una oportunidad real de cambiar, que es verdad que nuestras acciones tienen consecuencias espantosas, pero también es verdad que tenemos un Dios que nos está llamando a cambiar. Que nos está llamando a renunciar a nuestros malos caminos para encontrar el verdadero camino. El enorme tamaño de Nínive es la clave, Nínive es tan grande que nos está diciendo: así es todo el mundo. Nínive es tan grande que nos está diciendo: nosotros también somos habitantes de Nínive, y por eso también llamados a la conversión.

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