Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tres elementos en una verdadera conversión: invocar al Señor, hacer penitencia, dejar de obrar el mal, sobre todo aquel que daña a mi prójimo.

Homilía k013006a, predicada en 20110316, con 4 min. y 24 seg.

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Transcripción:

El libro del profeta Jonás no es ciertamente de los más conocidos, pero quizás debería serlo. Yo suelo decir que, buscamos muchas veces fuera y muy lejos, lo que está cerca y muy adentro. Nada pertenece más a nuestra Santa Iglesia que la Palabra de Dios, pero sigue siendo muy poco conocida para muchos católicos. Hoy te invito a que tomes el libro del profeta Jonás, lo puedes leer en cosa de una hora o menos.

El libro de Jonás nos cuenta la historia de un profeta, es una especie de novela, y este profeta es enviado a una ciudad, Nínive, que viene a ser como el resumen de todo lo que desagrada a Dios. Nínive es la capital del imperio asirio, un imperio idólatra, sanguinario, arrogante, expansivo, agresivo. Nínive es el centro de toda esa corrupción y Jonás es un hombre enviado a predicar conversión allá. El texto de la primera lectura en la misa de hoy está tomado de este libro de Jonás, el capítulo tercero, y lo que encontramos es que, para sorpresa de todo el mundo, Nínive escucha al profeta, y no solo escucha, sino que lo obedece, porque el profeta entra a Nínive con un mensaje que es como un látigo. Entra a decir: «Esta ciudad va a ser arrasada dentro de cuarenta días». Y los habitantes de Nínive, los ninivitas, escuchan y acogen esa palabra de Jonás, y este lugar, que era como el centro de la corrupción en el mundo entero, se convierte en un testimonio y en un ejemplo de lo que significa aceptar la voz de Dios, de lo que significa decirle sí al Señor.

En efecto, los ninivitas entran en un proceso de conversión y entran todos, desde el rey hasta el último labriego, todos entran en ese proceso y por eso, esta lectura se encuentra en Cuaresma. Porque resulta que, en Cuaresma continuamente se nos está hablando de conversión, conversión y conversión. Y a veces uno se pregunta: ¿qué es convertirse? De hecho, en el Evangelio de hoy, encontramos a Cristo quejándose porque los de su tiempo, sus contemporáneos, no terminan de creerle, no terminan de aceptar el mensaje, no se convierten. Entonces Cristo critica esa generación que sigue pidiendo señales y señales y les dice: «No se les va a dar ninguna señal, sino la señal de Jonás», indicando así que su muerte y la victoria de su resurrección es lo único que quedará para ellos.

Pero, ¿qué aprendemos de conversión, en el libro de Jonás? Tres cosas muy concretas, primera: convertirse implica invocar a Dios. Los ninivitas llamaron al Señor, lo invocaron, es que solamente en Dios está la posibilidad de un cambio en nuestras vidas. Entonces, convertirse implica llamar al Señor, llamarlo porque nos hemos extraviado, como el niño que se pierde en un supermercado gigantesco y no tiene otra cosa que hacer, sino llorar y tal vez gritar: - ¿y dónde está mi papá?, ¿dónde está mi mamá? Hay que invocar al Señor.

En segundo lugar, hacer penitencia. Muchas veces llegamos al pecado porque nos dejamos llevar por nuestro gusto y capricho, hacer penitencia es ponerle un límite a eso. Y tercero, dejar de obrar el mal. Examina tus caminos, hermano, mira a ver qué hay que reformar, a quién estás dañando, eso es conversión. Cuaresma, tiempo de conversión.

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