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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos da las palabras para que le hablemos a Él. La palabra que brotó de Nuestro Señor Jesucristo en el Padrenuestro da fruto en nosotros como oración.
Homilía k012019a, predicada en 20250311, con 6 min. y 52 seg. 
Transcripción:
De los ejercicios más interesantes siempre que vamos a la Santa Misa es ver la relación entre las lecturas. Es un ejercicio que te va a fortalecer la memoria, que te va a fortalecer la atención, la inteligencia espiritual, pero sobre todo va a ser que esa palabra te alimente mucho más. Intentemos ese ejercicio con las lecturas de hoy. La primera estuvo tomada del capítulo cincuenta y cinco de Isaías. Dice básicamente que la palabra que Dios envía no retornará a él en vano, sino que hará su obra, cumplirá su cometido. Atención a eso. Una palabra que Él envía a la tierra y que vuelve de la tierra, vuelve hacia Él, pero produciendo fruto. Esa es la primera lectura, Isaías cincuenta y cinco. Mientras tanto, el Evangelio está tomado de San Mateo en el capítulo sexto y se refiere a uno de los principales ejercicios que tenemos en la Cuaresma, que es el ejercicio de la oración.
Concretamente, nos presenta el texto precioso, el texto inmortal. El texto que a todos nos inspira cuando se habla de oración, es decir, el Padre Nuestro. Bueno, esas son las dos lecturas y tú puedes preguntarte ¿cómo se relaciona esa primera lectura que más parece conectada como con la predicación, por ejemplo, cómo se relaciona con el Padre Nuestro y con la oración? Pues volvamos a lo que ya dijimos. Observa cómo en esa primera lectura se nos está diciendo que hay una palabra que sale de Dios, que llega a nuestra tierra, por consiguiente, llega a nosotros y que luego sale de nosotros hacia Dios. Ya lo captaste. Ya captaste lo que estamos diciendo. Conéctalo con la oración. Repito, la primera lectura nos dice que hay una palabra que sale de Dios y que viene a esta tierra. Es decir, viene a nosotros y luego sale de esta tierra produciendo fruto, sale de esta tierra y vuelve hacia Dios. Sabes ¿qué es esa palabra que sale de esta tierra y que se eleva y vuelve hacia Dios? Esa es la oración. O sea que la auténtica oración es exactamente eso. Es una palabra que brotó de Dios, que transformó nuestro corazón y que le dio palabras a nuestro corazón, con las cuales nosotros ahora le hablamos al Señor.
Te apuesto a que no habíamos pensado la oración de esa manera. O quizás algunos sí. Dios los bendiga. Pero para muchos de nosotros, esta puede ser prácticamente una gran novedad. Mira lo que estamos diciendo. Estamos diciendo que hay una palabra que sale de Dios, que llega a nosotros y que después, saliendo de nosotros, vuelve hacia Dios. Entonces la auténtica oración ¿quién la hace? Pues te va a sorprender la respuesta según el esquema de Isaías cincuenta y cinco. La auténtica oración la hace Dios. ¿Cómo así? Claro. Mira, hay dos textos que nos ayudan a entender esto. Dice, por ejemplo, el apóstol San Pablo, nosotros no sabemos orar ni como conviene, pero el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad y es el Espíritu el que nos da esa palabra fundamental, esa palabra que define nuestra relación con el Altísimo. Y esa palabra es la palabra Abba, es la palabra Padre. Esa es la palabra que nos da Dios a nosotros. Dios nos da esa palabra y con esa palabra que Él nos dio, nosotros nos dirigimos a Él. Viste el esquema de Isaías cincuenta y cinco, Él nos dio esa palabra y nosotros nos la da a través del Espíritu, y nosotros se la damos a Él. Y eso es exactamente lo mismo que tiene el Evangelio. ¿Quién es nuestro Señor Jesucristo? Pues es, decimos en el Credo verdadero Dios y verdadero hombre. Pues Cristo verdadero Dios, nos da las palabras para hablarle a Dios. Isaías cincuenta y cinco. Es decir, Cristo verdadero. Dios nos está enseñando cómo hablarle a Dios. Él es el que nos da esa Palabra para que nosotros se la demos a Él. Pero esa palabra que nosotros le damos a Él, esa es la Palabra que da fruto en nosotros.
Y por eso cada vez que tomamos las palabras de Jesús, cada vez que tomamos el Padre Nuestro y lo hacemos nuestro. Cada vez que tomamos la oración de Jesús y la hacemos nuestra. Esa palabra que brotó de Dios, de Cristo Dios, esa Palabra en nosotros, da un fruto, un fruto de fe, un fruto de esperanza, un fruto de amor. Y ese fruto de fe, de esperanza y de amor es la oración que sale de ti. Y esa es la oración que no puede fallar. Esa es la oración que tiene la victoria, porque es la oración que Dios mismo hizo. Por eso decía un predicador Dios solo oye las oraciones que Él mismo hizo. Suena como irónico, Suena como extraño, pero qué me quieres decir con eso, pues lo que queremos decir es que es Él el que nos da la palabra, porque nosotros no sabemos realmente. Dice Santo Tomás de Aquino. De Dios sabemos más lo que no es que lo que sí es. Entonces, en este ejercicio de oración. En este ejercicio cuaresmal de oración, tenemos que, sobre todo, invocar, invocar al Espíritu Santo, mirar el ejemplo de Cristo, tomar el texto del Padre Nuestro, gozarnos, solazarnos, habitar en el Padre Nuestro, llenarnos de esa gracia del Padre Nuestro. ¿Para qué? Para que nuestra palabra así, con todo el fruto que quiere Cristo llegue al Padre.
Por eso decía San Cipriano el que pretendiera orar de otra manera le estaría haciendo injuria a Dios, porque en el fondo le estaría despreciando la palabra que él dio. Esa palabra de Isaías cincuenta y cinco. ¡Qué bello, qué bello es el camino de la oración! ¡Qué bello es el universo de la oración! Cuando empezamos a entender que Dios nos da las palabras para que le hablemos a Él, la gloria para su Santo Nombre. Amén.

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