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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Puedo rectificar mi relación con Papito Dios en la medida en que me reconozco hijo y lo reconozco a Él como Padre.
Homilía k012016a, predicada en 20220308, con 6 min. y 10 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy se dirige nuevamente a aquello de rectificar nuestra vida, algo que ya mencionábamos en nuestra reflexión de ayer, rectificar la vida. Ayer nos referíamos a rectificar la relación con el prójimo. Y permítanme que recuerde aquí el mensaje central, de lo que se trata es de tomar en cuenta la necesidad del otro. Eso va rectificando mi relación con el prójimo. ¿Cómo rectifico mi relación con Dios? Pues la manera está descrita en esa oración preciosa que muestra la relación entre Cristo y el Padre. Es decir, en la medida en que mi relación con Dios se va acercando, se va asemejando a la relación que Cristo tenía con su Padre en esa misma medida mi relación se va rectificando y esa relación es ante todo una relación de hijo que le habla al padre, que le llama y que le ama como padre. Es decir, que puedo rectificar poco a poco mi relación con Dios en la medida en que me reconozco hijo y lo reconozco a Él como Padre.
Y es ahí donde Cristo nos regala su propia oración. Es donde Cristo nos regala ese secreto de su alma, ese pedacito de su propio ser, que es la manera como Él ora. Esto es conmovedor para mí. Nos dio un tesoro que vale más que cualquier cosa que cualquier milagro. Nos dio un pedacito de su alma, y no cualquiera, sino precisamente ese rincón de su corazón donde él mismo se encuentra con el Padre Celestial. Esta es la grandeza del Padre Nuestro y es conveniente que año tras año, y casi diría yo, día tras día, redescubramos la riqueza del Padre Nuestro.
Rezar el Padre Nuestro es como entrar en el santuario del Corazón de Cristo. Rezar el Padre Nuestro es como caminar por el puente que une la tierra con el cielo. Ese puente que es Cristo mismo, Cristo vivo. Rezar el Padre Nuestro es encontrar en un pequeño texto todo lo que puede decirse de nuestro amor, devoción, obediencia, cercanía con Dios. En cierto sentido, toda la teología, toda la liturgia, toda la espiritualidad, todo, todo está en el Padre Nuestro. Rezar el Padre Nuestro es también entrar en comunión con todos aquellos que junto con nosotros le hablan a Papá Dios y así le llaman Padre. Es la oración por excelencia de los hijos. Es la oración por excelencia de los que se reconocen hermanos, pero no con esa fraternidad vacía de la que hablaba la Revolución Francesa. Porque siempre me ha parecido tan tonta esa consigna de la Revolución Francesa, la fraternidad. ¿Cómo somos hermanos si no hay papá? ¿Cómo podemos ser hermanos si no hay hogar? ¿Cómo podemos ser hermanos si no hay mamá? Nosotros, en cambio, tenemos un padre, el Padre del cielo. Y tenemos una madre que es nuestra Madre la Iglesia. Y por supuesto, también la Madre de Jesús, que es nuestra Madre, según las palabras que Cristo dijo al pie de la cruz, que dijo a Juan que estaba al pie de la cruz. Y tenemos una casa, y tenemos una casa que es la Iglesia misma.
Entonces, rezar el Padre Nuestro es entrar en sintonía con todos aquellos que junto con nosotros han hecho el maravilloso descubrimiento, ese encontrar su cimiento, su vida, su apoyo, su destino, su hogar en Dios. Hoy es día para darle gracias. Gracias a Jesús por ese regalo precioso. A veces pienso cuando la gente tiene, por ejemplo, un pedacito de vestido que usó un santo. Hay reliquias que son así. Este es un pedacito del hábito de tal santo. Y por supuesto que las reliquias tienen un gran valor, porque nos recuerdan la realidad del Evangelio encarnado en nuestra historia, en vidas concretas, efectivas como las nuestras. Pero si ese valor le damos a tener un pedacito de hueso o un pedacito de tela, mira lo que Cristo nos ha dado, nos ha dado un pedacito de su alma, nos lo ha dado al entregarnos su misma, su preciosa oración.

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